Lucha por el control de Nagoro Karabaj, causas e injerencias externas.

El panorama internacional se ha visto alterado durante estos meses por el recrudecimiento de la situación en Nagoro Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán. El 27 de septiembre, el despliegue de blindados y bombardeos de artillería azerbaiyana sobre la frontera de Nagoro Karabaj (territorio controlado por Armenia) hicieron estallar de nuevo el histórico conflicto. El mayor desde el alto al fuego en 1994.

 

Punto de partida

Los orígenes datan de 1931 cuando una vez caído el Imperio Ruso (1919), tras la toma de poder de los bolcheviques y paralización de las luchas fronterizas, se integró el territorio de Alto Karabaj a Azerbaiyán como región autónoma.

Según los censos la población del territorio azerí se componía de un 76,4% de armenios cristianos caucásicos y 22,4% azeríes musulmanes túrquicos. Ante esta mayoría étnica se respaldó la asamblea local de Stepanakert (capital del territorio) en 1988 para realizar un referéndum y pedir la adhesión a Armenia. Surgieron entonces movimientos, milicias y revueltas de corte nacionalistas independentistas.

En 1991, la Unión Soviética se disolvió. Armenia y Azerbaiyán pasaron a ser estados independientes. El año siguiente Nagoro Karabaj se declaró una república independiente, sin ser reconocida por el resto de países. Azerbaiyán mandó a sus tropas para una invasión, no sin la respuesta de Armenia que respaldó a Nagoro Karabaj. Los armenios acabaron dominando la zona en disputa, además de la denominada “franja de seguridad”, compuesta por 7 distritos azeríes para unificar (sin anexionar, por el impedimento del derecho internacional público) y permitir el tránsito.

El conflicto finalizó en 1994, con un alto el fuego bajo la intermediación de Rusia. Dejando un balance de 30.000 muertos y más de un millón de desplazados.

Pero el estatus quo establecido entre ambos países ha pendido siempre de un hilo. Las escaramuzas en la frontera estaban a la orden del día, dejando decenas de bajas en ambos bandos. Este hecho quedó constatado en 2016 con la “guerra de los cuatro días” cuando Azerbaiyán ejecutó una ofensiva para recuperar enclaves estratégicos, arrastrando a 200 muertos en el conflicto y otros centenares de heridos.

Actualmente la posición de Azerbaiyán es la exigencia de liberación de los territorios ocupados ilegalmente, basándose en resoluciones de la ONU (en concreto la 822, 853, 874 y 884). En contraposición se encuentra Armenia, apoyando el derecho de autodeterminación (denegado en su día por derecho interno al ser una “oblast” o provincia autónoma integrada a la República Soviética de Azerbaiyán) y la participación de representantes internos del territorio para la solución del conflicto basándose en la Declaración Internacional de Derechos Humanos.

 

Una serie de catastróficas desdichas. Hechos y causas.

Los movimientos migratorios forzados durante el Imperio ruso, y sobre todo en la época soviética, generaron una maraña étnica con choques culturales y religiosos de complejo tratamiento. Cuando falla la capacidad de reunir apoyos en base a una ideología –Los países occidentales, en su caso, promoviendo la democracia y liberalismo– los gobiernos tienden a apelar a la religión e identidad de civilización. (Samuel P. Huntington, 2001). Este hecho quedó demostrado en la desintegración de Yugoslavia, que requirió de un gran despliegue diplomático y militar por parte de Occidente.

Siguiendo lo anterior, la situación política de ambos países tampoco ha sido la propicia. Ninguno de los dos se ha visto cercano a integrarse en la UE, y menos predispuestos a incorporar cambios promovidos por ésta. Tendiendo a una evolución de deterioro de su comportamiento democrático.

Por parte de Armenia, dirigida por el Primer Ministro Nikol Pashinyan. Pashinyan subió al poder por medio de un levantamiento popular en 2018 (sin contar con la simpatía rusa). Siendo tildado de «centrista agresivo» por la defensa de sus programas sociales y políticas económicas basadas en la austeridad.

Nikol Pashinián y Vladímir Putin

En las relaciones exteriores lo caracteriza su rechazo a las injerencias extranjeras, denominándose como ni “pro-occidente”, ni “pro-ruso”. Rechaza una dependencia del país a un tercero, recelando de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO). Pero es consciente de la necesidad de seguir manteniendo el velo de seguridad de Rusia, debido su situación desfavorable y malas relaciones con sus vecinos Azerbaiyán y Turquía.

En el otro lado, Azerbaiyán, dirigida desde 2003 por el mandato autoritario de Ilham Aliyev. En el país existen presiones internas mediante protestas, para exigir una movilización para actuar contra Armenia. Mientras tanto Aliyev, respaldado por Turquía y confiando en su mejor situación económica (gracias a los yacimientos de gas) para mantener un pulso a largo plazo, exige condiciones difíciles de cumplir para el cese de hostilidades.

La región en disputa no es rica en recursos, pero si un punto estratégico al discurrir por él oleoductos y gaseoductos procedentes del Mar Caspio.

 

Injerencias Extranjeras

 

Rusia

Tradicionalmente es cercana a Armenia a niveles tanto histórico como, étnico, religioso y político al ser una de las ex-repúblicas soviéticas leales. Siempre ha actuado como mediador en el conflicto por medio del OSCE. Pero su posición resulta tibia, ya que, a pesar de ser la influencia externa más poderosa, su capacidad actual de gestión y de control se han visto limitadas.

Las últimas rondas de negociación que ha dirigido se han tornado en fracaso. El alto al fuego con la excusa de enviar a sus diplomáticos exteriores a Moscú y por razones humanitarias tuvo una duración de 2 días. Este domingo, las fuerzas armenias separatistas de Nagorno Karabaj y el ejército azerbaiyano se acusaron mutuamente de bombardear zonas civiles.

En territorio armenio todavía mantiene varias bases militares y hasta 5.000 efectivos, pero Rusia es reacia a un conflicto abierto. No le conviene tener que traspasar recursos, debilitando otros frentes, más y cunado Moscú había entablado relaciones con Azerbaiyán al ser su principal proveedor de armamento junto a Turquía. Este papel tan ambivalente de Moscú sobre el conflicto crea desconfianza en Ereván.

Una de la razones de la no-intervención activa de Rusia es el miedo a las represalias de Azerbaiyán −país musulmán con quien comparte frontera− que puede avivar los conflictos independentistas islámicos de Chechenia y Daguestán.

A parte de los intereses sobre las relaciones comerciales, Rusia debe proteger su influencia sobre la zona y el suministro de gas y petróleo proveniente del mar Caspio para limitar la expansión e influencia de Irán y Turquía sobre la zona. El control energético y de los “estado tapón” mediante poderes políticos y económicos más sutiles, se ha convertido en una estrategia indispensable para Moscú.

Mientras que el control del crudo da el poder a Rusia para ejercer presión sobre Europa y Asia −el Corredor sur está destinado a abastecer un 20 por ciento de la demanda de gas europea, un producto más fungible y que no requiere de contratos a largo plazo como el petróleo−, los “estados tapón” forman una marca secular para separar a Rusia de sus enemigos históricos turcos y persas.

 

Turquía 

Aunque la zona del Cáucaso del Sur no representa una alta importancia para las relaciones exteriores turcas más allá de los acercamiento bilaterales. Pero desde la guerra por el control de Nagoro Karabaj en los 90, Turquía se ha posicionado del lado de Azerbaiyán debido a su conexión étnico-religiosa y lingüística (“Una nación, dos Estados”). El presidente turco Recep Tayyip Erdogan declaró que permanecería al lado de su “amigo y hermano Azerbaiyán” y exigió a Armenia la devolución inmediata del territorio ocupado.

La peligrosidad de una participación más profunda de Turquía en el conflicto se traduce en dos cuestiones:

Primero, en el caso de Turquía estamos tratando con un desencuentro aún más histórico. Remontándonos al siglo XX con el Imperio Otomano, el cual 50 años antes de la Primera Guerra Mundial, había perdido bastante territorio por parte de occidente en la zona del Cáucaso, Balcanes y Crimea. Esto generó un éxodo de población musulmana generaron a su vez un rechazo hacia la población cristiana.

En 1915 el Gobierno otomano ordenó la “deportación” de los armenios, comunidad cristiana, a los desiertos de Siria. De acuerdo con las autoridades occidentales en el genocidio perecieron ente 700 mil y 1,5 millones de armenios. Hace 5 años, durante la celebración del centenario, el presidente Erdogan tuvo la oportunidad de reconocer el genocidio y normalizar las relaciones con Ereván, pero esto no sucedió.

El Gobierno turco se ha pronunciado abiertamente favorable a la causa azerí y se difunde publicidad en favor al conflicto e intervención directa. (Enlace)

En los recientes acontecimientos Armenia acusó a Turquía de derribar una aeronave con un F-16, además de enviar mercenarios sirios a combatir a la frontera. Esto hace que su intervención pueda ser tomada como un conflicto personal por Armenia.

Segundo, con Rusia. Tras el intento de Golpe de Estado en 2016, Erdogan aprovechó para cambiar la constitución para ampliar su poder y aplicar políticas nacionalistas expansionistas (neo-otomanismo); además de realizar una purga en el ejército y poder judicial. Las políticas expansionistas se traducen en la doctrina de Mavi Vatan (Patria Azul), basada en el control de todos los mares de su entorno a saber: el Mar Mediterráneo, Mar Egeo y el Mar Negro, golfo Pérsico y Mar Caspio.

Sin ignorar la histórica competencia en tiempos de imperio, las relaciones con Moscú han prosperado a pesar del pulso constante de Turquía sobre zonas de influencia rusa y actuar desde una posición contraria en otros frentes. Como demuestran los enfrentamientos por parte de sus respectivos representantes en los conflictos de Siria y Libia.

A lo anterior se añade sus ambiciones incompatibles en las disputas de los Balcanes y Crimea, dónde a lo largo de los años ha invertido grandes cantidades de dinero para obtener el favor de repúblicas con mayoría musulmana y los tártaros en Crimea. Sin olvidar su interés pragmático de la región, basado en la ambición sobre el control de la entrada de crudo a Europa e independencia energética de Irán y Rusia.

Irán

En el caso iraní, país limítrofe, ha generado una influencia poderosa en ambos estados pero sin conseguir asentarse como identidad dominante. Y aunque la tradición y cultura persa forman parte de ambos países, por un lado los armenios se desmarcan con su conversión al cristianismo y los azerbaiyanos con la reivindicación de su herencia turca (a pesar de que un 25 por ciento de la población iraní sea de origen azerí).

En la guerra de Alto Karabaj, Irán optó por la neutralidad, lo que significó un balón de oxígeno para la causa armenia. Aunque oficialmente reconocía a Nagorno Karabaj como territorio musulmán, en la práctica actuó activamente como mediador y moderador, proporcionando a armenia un corredor seguro para burlar los bloqueos impuestos por Azerbaiyán y Turquía.

Que un país musulmán apoye en la práctica a un estado cristiano contra otro musulmán de mayoría chií, es cuanto menos insólito y representa muy bien la política que mantiene Irán en el Cáucaso. Ve a Armenia como una útil herramienta para el comercio con los demás estados y minorías cristianas de su entorno.

En Irán también se percibe negativamente el desarrollo de las relaciones de Azerbaiyán con Estados Unidos e Israel. Pero en Azerbaiyán, a su vez, son críticos respecto a la colaboración y los contactos de Irán con Armenia y continuas intromisiones de sus servicios de inteligencia. Y con Turquía, incluso habiendo conseguido un alto al fuego en Siria, no ve con buenos ojos el aumento de su influencia por el miedo a un levantamiento en el norte del país persa.

Podemos concluir que, ante acuerdos de paz inexistentes, altos al fuego inestables, acusaciones de ambos bandos de iniciación del conflicto, bombardeos a población civil y tensiones constantes… La llave para la solución del conflicto está en las manos de países, como Rusia, con la suficiente influencia y poder para mediar sin llevar el conflicto a gran escala. Pero sin la predisposición tanto de Armenia como de Azerbaiyán por llegar a un acuerdo pacífico, solo nos espera más derramamiento de sangre en el Cáucaso.

 

R. LÁZARO 

4 Comentarios
  1. Adrián V 10 meses

    Maravilloso artículo, genial para resumir y entender este conflicto.

    ¡Gracias!

  2. Pablo Moral Pérez 9 meses

    Bienvenido de vuelta por aquí, Rodrigo. Este artículo ha sido simplemente genial, muy detallado y preciso, pero directo al grano.

    Entre este artículo y el que yo publiqué hace tiempo sobre el conflicto entre USA e Irán, aquí me huele a nuevo formato para El Efecto Medici, poniendo al día sobre conflictos de actualidad, ¿no te parece?

    PD: No dejo de pensar que un artículo del estilo sobre la situación actual de China en sus fronteras y área de influencia (el mar del sur de China y la frontera con India, en concreto) sería un gran aporte también. El tema está trayendo mucha cola en este 2020, y hay «major players» involucrados en este asunto. A ver si hacemos algo a este respecto.

    Nada más, un saludo, y gracias por el aporte. No tenía ni idea de lo que estaba pasando y me has puesto al día bien rápido.

    • Autor
      Rodrigo Lázaro 9 meses

      Hola Pablo,

      Muchas gracias gracias por tu valoración!

      Tienes toda la razón, veo una gran oportunidad abrir un formato de artículos de actualidad, sobre todo para informar más allá de lo que nos venden los medios de comunicación convencionales.

      Gracias de nuevo por el comentario! Un saludo!

  3. Allernjert 3 meses

    I confirm. And I have faced it. We can communicate on this theme.

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