Gorgias enseñaba oratoria, pero ¿qué es eso?

Releyendo a Platón. Diálogos. El Gorgias I

INTRODUCCIÓN

Antes de comenzar quiero felicitar las fiestas a todos nuestros lectores y desearles un feliz año 2020. Desearles mucha suerte a aquellos universitarios que, al menos en España, están en periodo de exámenes.

   Ahora sí. Volvemos a retomar el camino de una relectura platónica, en este caso lo haremos del gran diálogo del Gorgias. Debido a su extensión -dado que el objetivo aquí era intentar hacer un resumen lo más específico posible- vamos a dividirlo en tres partes. La primera parte, que es la que publicamos en este artículo, es el diálogo que hace Sócrates con Gorgias. Posteriormente publicaremos la que prosigue, esto es, el diálogo con Polo y, finalmente, la que hace Sócrates con Calicles.

   Como acostumbro a hacer, les recomiendo que lean directamente el diálogo de Platón, El Gorgias, aquí se lo dejo, dado que es una obra de referencia sin duda alguna de la época antigua y así, podrán deleitarse de forma más directa con las argucias socráticas.

   Para aquellos que no tengan tiempo o, simplemente no quieran leer El Gorgias ni esperar a que elefectomedici.es publique todos los artículos que haremos sobre dicho diálogo, aquí les dejo un resumen, muy resumido, valga la redundancia, sobre dicho diálogo. Este resumen lo realiza la editorial Gredos, en su “Biblioteca clásica”. Resumen el Gorgias, ed. Gredos

   El Gorgias es el cuarto diálogo más largo en extensión dentro de toda la obra platónica. Es curioso señalar que la estructura interna de la obra es diferente a la de otros diálogos, excepto en La República I. Me refiero al hecho de que no sea un interlocutor principal el que conversa con Sócrates desde el inicio hasta el fin. La sucesión de interlocutores en este diálogo, Gorgias, Polo y Calicles, se funda en que quien toma la palabra admite que el anterior ha cometido un error. Y, la diferente personalidad de los interlocutores presta nuevos matices a la conversación.

   Este diálogo, entre otras muchas cosas, es muy importante y conocido por la pasión que se le pone al escribirlo. Platón, en los diálogos inmediatamente posteriores escritos tras la muerte de su maestro, deja entrever su tristeza y su indignación. En este, sin embargo, ya está algo pasado en el tiempo y, esta pasión mencionada no está del todo descubierta de porqué haya podido ser. Se dijo, idea bastante descartable a día de hoy, que era por enfado ante un escrito de Polícrates que iba contra Sócrates. Hay muchas teorías sobre esto, a saber; crisis personal seguramente causada por la dura experiencia del viaje a Sicilia, pero ninguna con consenso filosófico.

   Este diálogo tiene otra cosa maravillosa y es que, desde la Antigüedad, se ha debatido si es un diálogo sobre retórica o sobre moral. Por ejemplo, Olimpiodoro escribe:

Algunos dicen que su objeto es tratar sobre la retórica, otros que es una conversación sobre lo justo y lo injusto.

Por ello, y bajo mi punto de vista, afirmaremos que es un diálogo retórico-moral.

   Como hemos dicho, el Gorgias, habla, entre otros caracteres, sobre dos temas muy importantes en la Antigüedad. La retórica, como sabemos, era la única vía para la práctica política de los atenienses. Nadie que no estuviera capacitado para hablar en púbico podía dedicarse a la política. Además, recordemos que, no era posible en una Pólis griega apartarse de la vida política en la medida en que le es posible hacerlo a un hombre en nuestros días.

   Por ejemplo, ante un juicio (como el caso del juicio de Sócrates, diálogo de la Apología que hablo aquí), tanto el acusado como el acusador debían de hablar directamente ellos con los jueces, sin ningún tipo de intermediario (sí que es cierto que, en diversas ocasiones, los escritos para la acusación o para la defensa eran escritos por profesionales que contrataban). En palabras de J. Calonge, dice así sobre la retórica, a saber:

El conocimiento y dominio de la retórica no era simplemente el adiestramiento en un bello ejercicio, sino una aspiración muy viva y generalizada, y una necesidad para todos los que tuvieran el proyecto de ejercer la política. El pueblo decidía, pero decidía lo que el orador más persuasivo había propuesto. Un orador hábil era, en consecuencia, un político poderoso; o, dicho de otro modo, el único medio de llegar a ser un ciudadano influyente lo proporcionaba, casi con exclusividad, la retórica. No era difícil confundir oratoria y política. En efecto, el término griego rhētōr sirve lo mismo para indicar orador que político. No debe, pues, extrañarnos que Platón haya atacado conjuntamente a la retórica y a la política ateniense; con más precisión, que haya atacado a la política a través de la retórica. (página 12).

Cabría señalar que este diálogo, tiene un especial interés porque los temas en él tratados, en mayor o menor medida, son los mismos que preocupan al hombre de hoy. Esto es lo que decía Dodds sobre el Gorgias:

El Gorgias es el diálogo más moderno de los diálogos de Platón.

Además, el Gorgias, es un diálogo que pude seguirse sin una preparación filosófica previa.

   Los años en los que pueden situarse este diálogo son entre el 427 y el 405 a.C. Esta incertidumbre es debida a diversos hechos que surgen a lo largo del diálogo y que suceden en ese espectro, como la muerte de Pericles en el 429, se habla de Arquelao ya como tirano de Macedonia en el 413 o, entre otras cosas, la alusión del combate naval de las Arguinusas en el 406.

   Debemos explicar que los diálogos platónicos son, una representación de la realidad, pero una representación mezclada con la imaginación del autor, Platón, y que por ello no debemos tomar todo al pie de la letra, simplemente, sin dejar de explicar las cosas que surgieron, quiere, además, exponer su pensamiento filosófico entre otras cosas.

   ¿Cuántas veces hemos oído que la política no es más que “palabrería”, retórica y oratoria? Creo que todos hemos oído alguna vez esto, ahora bien, ¿qué es oratoria? ¿Cuál es el objeto de estudio de la retórica? En este diálogo en general y en la parte de Gorgias en particular, el tema a tratar es ese. ¿Qué arte es la retórica y la oratoria?

GORGIAS: PRIMERA PARTE

DIÁLOGO CON GORGIAS

El diálogo comienza con una intervención de Calicles espetando a Sócrates lo siguiente: “Así dicen que conviene llegar a la guerra y al combate, Sócrates” . Es una frase sin más pero que nos da información necesaria para saber diversas cosas, a saber: Esta frase se usaba para aquél que hubiese llegado tarde a un espectáculo interesante y agradable. Por tanto, podemos concluir que el diálogo comienza con Sócrates llegando con su amigo Querefonte y llegando tarde a un monólogo de Gorgias -parece ser que fue Querefonte el que se empeñó en parar en al Ágora y, por tanto, fue su culpa el llegar tarde-. Querefonte se quita los problemas de encima diciendo que Gorgias es amigo suyo y que repetirá el discurso hecho para que Sócrates pueda escucharle. Con ello, Calicles les dice que le acompañen a su casa que es donde se encuentra Gorgias.

   Sócrates pregunta a Calicles si Gorgias estaría dispuesto a dialogar con él y responder a las preguntas que le haga. Calicles dice que por supuesto que sí, que ha sido él mismo quien ha dicho que le preguntasen cualquier cosa y que iba a saber responderlo -parece que fue Gorgias el primer sofista en pedir a sus oyentes que le preguntase cualquier tipo de cuestión. Hábito que se fue incorporando por todos los sofistas-. Por tanto, empiezan las preguntas. Y, lo que parecía que iba a ser un diálogo entre Sócrates y Gorgias acaba siendolo entre Querefonte y Polo primeramente y, como iremos viendo, entre Sócrates y Gorgias, Polo y, por último, Calicles.

   En esta parte Polo se entromete diciendo que Gorgias estará cansado dado que ha hablado de cosas varias antes, y que él estará más ‘despierto’ para contestar ahora.

POL. –– Por Zeus, Querefonte, si quieres haz la prueba conmigo. Me parece que Gorgias está fatigado porque, hace poco, ha tratado sobre muchas cosas.

QUER. –– ¿Qué dices, Polo? ¿Crees que tú contestas mejor que Gorgias?

POL. –– ¿Qué importa, si respondo suficientemente a tus preguntas?

QUER. –– No importa nada, pero, ya que es tu deseo, contesta.

POL. –– Pregunta. (448a-448b)

Tras esto Querefonte empieza a preguntar a Polo, a saber:

QUER. –– Ésta es mi pregunta. Si Gorgias fuera conocedor del mismo arte que su hermano Heródico, ¿qué nombre apropiado le daríamos? ¿No le daríamos el mismo que a aquél?

POL. –– Sin duda.

QUER. –– Así pues, nos expresaríamos con propiedad llamándole médico.

POL. –– Sí.

QUER. –– Y si fuera experto en el mismo arte en que lo es Aristofonte, hijo de Aglaofonte, o que el hermano de Aristofonte, ¿qué nombre le daríamos para llamarle con propiedad?

POL. –– Es evidente que pintor.

QUER. –– Pues, en este caso, ¿de qué arte es conocedor y qué le llamaríamos para expresarnos rectamente?

POL. –– Existen entre los hombres, Querefonte, muchas artes elaboradas hábilmente partiendo de la experiencia. En efecto, la experiencia hace que nuestra vida avance con arreglo a una norma; en cambio, la inexperiencia la conduce al azar. De entre estas artes unos ejercen unas y otros otras de modo distinto, y los mejores practican las más elevadas. Entre estos últimos se encuentra Gorgias, que cultiva la más bella de las artes. (448b-448c)

Sin saber muy bien porqué, empiezan a dialogar Sócrates y Gorgias, continuando con el tema hablado por Querefonte y Polo, los cuales intervendrán de manera muy sucinta. Sócrates dice que no se le ha preguntado a Polo cómo es el arte de Gorgias, sino cuál es ese arte y, por tanto, qué se debe llamar a Gorgias. Tras esto, Gorgias dice que él es hábil en el arte de la retórica, que es, además, capaz de enseñar a otros este arte y que habría que llamarle buen orador “como me ufano de ser” -como decía Homero en la Odisea-.

   Sócrates le propone seguir dialogando sobre el arte que Gorgias tiene y le pide que sea lo más breve posible en sus respuestas. Gorgias acepta pero dice que habrá preguntas las cuales necesitará un espacio más amplio para contestar pero que, aún así, promete ser el más rápido en contestar a dichas preguntas [esta parte del diálogo, junto con otras, es algo complejo de resumir dado que los interlocutores intercambian muchas afirmaciones y dejan entrever muchas otras. Por tanto, debo exponer ciertas partes del diálogo directamente para entenderlo bien y, las otras, de la mejor manera posible, intentaré resumirlas].

SÓC. –– Veamos. Puesto que dices que conoces el arte de la retórica y que podrías hacer oradores a otros, dime de qué se ocupa la retórica. Por ejemplo, el arte de tejer se ocupa de la fabricación de los vestidos; ¿no es así?

GOR. –– Sí.

SÓC. ––¿Y la música de la composición de melodías?

GOR. –– Sí.

SÓC. –– Por Hera, Gorgias, que me admiran tus respuestas, pues contestas con increíble brevedad.

GOR. –– Creo, en efecto, Sócrates, que lo hago muy acertadamente.

SÓC. –– Tienes razón. Veamos; contéstame también así respecto a la retórica; ¿cuál es el objeto de su conocimiento?

GOR. –– Los discursos.

SÓC. –– ¿Qué discursos, Gorgias? ¿Acaso los que indican a los enfermos con qué régimen podrían sanar?

GOR. –– No.

SÓC. –– Entonces la retórica no se refiere a todos los discursos.

GOR. –– Desde luego que no.

SÓC. –– Pero, sin embargo, capacita a los hombres para hablar.

GOR. –– Sí.

SÓC. –– ¿Les capacita también para pensar sobre las cuestiones de las que hablan?

GOR. –– Pues ¿cómo no?

SÓC. ––¿No es verdad que la medicina, que acabamos de nombrar, hace a los hombres capaces de pensar y hablar sobre la curación de los enfermos?

GOR. –– Necesariamente.

SÓC. –– Luego también la medicina, según parece, se ocupa de los discursos.

Como hemos podido observar, Sócrates tenía una capacidad innata para que el interlocutor dijese que sí a X y, en nada de tiempo, también dijese que no. Esto lo he puesto para que podáis deleitaros y comprender hasta qué punto era Sócrates minucioso en sus preguntas y calculador con las respuestas recibidas.

   Gorgias continúa diciendo que lo que hace a la retórica diferente de las otras artes es que ésta no es manual, como sí lo eran las demás artes expuestas por Sócrates -no podemos menospreciar, ni mucho menos, a Gorgias. Sabemos que Sócrates era un auténtico maestro de la oratoria, pero debemos saber que Gorgias llega a Atenas y es capaz de hacerse con todo el monopolio sofístico, quitándoselo a Protágoras, con unas argucias que ya comentaremos en algún artículo que hablemos sobre él-.

   Después de todo esto Sócrates busca cambiar un poco el rumbo a la conversación, sin perder el tema del que se habla. Por ello continua preguntando a Gorgias si, para él, existen las artes. Éste, cómo no, afirma. Sócrates, a través de diversas preguntas, acepta la idea de Gorgias en la que hay artes que son manuales y otras que no lo son. Además, añade Sócrates, que hay artes que necesitan la retórica y la oratoria más que otros.

   Para finalizar, Sócrates pregunta cuál es el objeto de estudio de la retórica. A esta pregunta, Gorgias responde que el objeto de su arte es ocuparse de los más importantes y excelentes asuntos humanos. Sócrates, ante esta respuesta, queda bastante entristecido y, como vemos, no está de acuerdo. Le contesta Sócrates que, en realidad, si hubiese hecho la misma pregunta a diferentes artesanos -entendamos aquí artesano como aquél que se dedica a un arte-, ellos nos hubiesen contestado lo mismo, diciendo que su arte es el más importante de todos -pone el ejemplo del banquero, el profesor de educación física y del médico. El banquero dirá que no encontraremos un bien mayor que la riqueza. El médico dirá que no hay mayor bien para un hombre que la salud y, el profesor de educación física dirá que no hay mayor bien que dar a los cuerpos fuerza y belleza-.

   Ante esto Gorgias dice que su arte sirve para persuadir por medio de la palabra. Sócrates vuelve a verle un fallo, algo así como que no solo el arte de la retórica tiene la capacidad de persuadir. Además de que no ve con claridad cuál es esa persuasión ni sobre qué objeto lo produce. Por ello, y con una sutileza digna de admirar, Sócrates vuelve a hacerle ver a Gorgias que, según lo que él ha dicho, según sus parámetros, también la aritmética sería persuasiva y sería convincente -de manera clara y distinta diría Cartesio-. Por tanto, Gorgias debe matizar, una vez más, sus palabras y decir que la persuasión a la que se refiere es a la que se produce en los tribunales, es decir, lo que vale sobre lo que es justo e injusto.

   Sócrates continúa sus preguntas a Gorgias. En esta ocasión, le pregunta si cree que saber y creer son lo mismo. A lo que Gorgias contesta que no, no son lo mismo para él. Tras ciertas preguntas, Sócrates vuelve a embelesar a Gorgias y éste afirma que, en la realidad, el orador no sería capaz de ser instructor sobre lo justo y lo injusto, sino que, únicamente, es aquél capaz de persuadir. Veámoslo:

SÓC. –– Pero ¿existe una ciencia falsa y otra verdadera?

GOR. –– En modo alguno.

SÓC. ––Luego es evidente que no son lo mismo.

GOR. –– Es cierto.

SÓC. –– Sin embargo, los que han adquirido un conocimiento y los que tienen una creencia están igualmente persuadidos.

GOR. ––Así es.

SÓC. –– Si te parece, establezcamos, pues, dos clases de persuasión: una que produce la creencia sin el saber; otra que origina la ciencia.

GOR. –– De acuerdo.

SÓC. –– ¿Cuál es, entonces, la persuasión a que da lugar la retórica en los tribunales y en las otras asambleas respecto a lo justo y lo injusto? ¿Aquella de la que nace la creencia sin el saber o la que produce el saber?

GOR. –– Es evidente, Sócrates, que aquella de la que nace la creencia.

SÓC. ––Luego la retórica, según parece, es artífice de la persuasión que da lugar a la creencia, pero no a la enseñanza sobre lo justo y lo injusto.

GOR. –– Sí.

SÓC. –– Luego tampoco el orador es instructor de los tribunales y de las demás asambleas sobre lo justo y lo injusto, sino que únicamente les persuade. En efecto, no podría instruir en poco tiempo a tanta multitud sobre cuestiones de tan gran importancia.

GOR. –– Claro que no. (454d-455a)

Tras esto, Sócrates, cómo no, perdónenme por tanto piropeo, vuelve a hacer una de las suyas, en la que le dice a Gorgias que, cómo va querer la gente saber de su arte si, cuando hay que elegir nuevos médicos o nuevos constructores de naves, se elegirá al más hábil en su oficio y no al orador. Del mismo modo que ante la construcción de murallas solo dará consejo los arquitectos y no los oradores. Puesto que esto es verdad Sócrates le pregunta: ¿entonces si tú eres capaz de enseñar tu arte a otros, díganos, a qué se dedica su arte? -Conjuntamente a esto Sócrates le dice a Gorgias que tome la pregunta para aquellos que quieren de sus servicios pero no entienden del todo qué es eso que oferta Gorgias, dirá así Sócrates, a saber:

SÓC. –– (…) ¿Qué provecho obtendremos, Gorgias, si seguimos tus lecciones? ¿Sobre qué asuntos seremos capaces de aconsejar a la ciudad? ¿Sólo sobre lo justo y lo injusto o también sobre lo que ahora decía Sócrates? Así pues, procura darles una contestación. (455d)

En este punto creo poder decir que Sócrates comete un pequeño error y que Gorgias, cómo no, sabe ver rápidamente y es que, aquéllos que habían dedicádose a la construcción de la muralla de Atenas, de los arsenales y, en parte, de la construcción de los puertos, procedían, según parece, de los consejos del gran Temístocles -una vez finalizada las Guerras Médicas, los atenienses, fortificaron su ciudad por consejo de Temístocles, un político y general ateniense, y no, como decía y defendió Sócrates, un arquitecto. Gracias a él, fortificaron la ciudad y el Pireo-.

Cualquier lector que haya ido a Atenas será capaz de recordar la distancia entre el centro de la ciudad, como los americanos les gusta decir “Downtown”, y el Pireo, que, a la par con el muro al Falero (es otro puerto famoso en la ciudad), según parece, era una de la mejores maneras para poder defender la ciudad.

   Con todo esto, Sócrates digamos que, si se me permite, se hace un poco ‘el loco’ y le dice que, por eso tiene admiración a los oradores y que, por ello, quiere saber cuál es el poder de la retórica. Ante esto Gorgias contesta a Sócrates, primeramente diciendo que su arte abraza y tiene bajo su dominio la potencia de todas las artes. Es un arte de las artes -algo parecido a lo que vemos en Aristóteles cuando dice que la Lógica es doblemente arte. Porque, en cuanto arte, es, como todas las otras, un conocimiento conforme a la razón y, en cuanto versa sobre los actos de la razón misma, es de nuevo racional por el objeto que trata o la acción que dirige-.

   Gorgias le comenta a Sócrates que hasta él mismo ha podido convencer a su hermano de que se tomase una medicina que el doctor decía que era necesaria que la tomase y que el propio doctor no fue capaz de convencerle de hacerlo;

GOR. ––Yo lo conseguí sin otro auxilio que la retórica (456b)

Dado que Gorgias sostenía que no hay nadie con mayor convicción y persuasión que el orador, incluso ante la elección de médicos en la ciudad, no se le haría ningún caso al médico y sí al orador. Al igual que frente cualquier otro artesano sería el orador el persuasivo y al que elegirían aún sin saber sobre el arte del que se habla. Después, continúa Gorgias con su largo discurso, y mete un tema que no es otro que el de la moral.

   Gorgias expone continuamente que, por mucho que alguien haya frecuentado la palestra y haya conseguido robustez y habilidad, si en el pugilato golpea a su padre, no se puede por ello desterrar u odiar a los profesores de educación física ni de esgrima -ya que era un arte enseñado para que lo utilizase justamente contra los malhechores, en defensa propia- (Gorgias expone aquí la moral de su época, que consiste en hacer bien al amigo y mal al enemigo. Platón se opone a ella afirmando que en ningún caso se debe hacer mal a nadie). Lo mismo pasa, dice él, con la retórica dado que, por mucho que él tenga más persuasión que un médico o que cualquier otro artesano, eso no deslegitima, no priva de la reputación de la que éstos poseen en sus áreas, porque la retórica, como los demás medios de lucha, deben usarse también con justicia. Por ello, si alguien usa la potencia de la oratoria injustamente, no se debe odiar ni desterrar a quien le enseñó. Dirá Gorgias, para terminar su argumento, que sí será de justicia odiar y desterrar a aquél que haya usado injustamente de la oratoria.

   Sócrates, le contesta que hay cierto tipo de gente la cual se toma mal el hecho de que le corrijan, creyendo que la corrección es por rivalidad directa contra él.

SÓC. –– (…) ¿Qué clase de hombre soy yo? Soy de aquellos que aceptan gustosamente que se les refute, si no dicen la verdad, y de los que refutan con gusto a su interlocutor, si yerra; pero que prefieren ser refutados a refutar a otro, pues pienso que lo primero es un bien mayor, por cuanto vale más librarse del peor de los males que librar a otro; porque creo que no existe mal tan grave como una opinión errónea sobre el tema que ahora discutimos. Por lo tanto, si dices que también tú eres así, continuemos; pero si crees que conviene dejar la conversación, dejémosla ya y pongámosle fin. (458a-458b)

Gorgias dice que se considera de los hombres que él ha expuesto; los cuales prefieren ser refutados. Y que, no será él quien decida si acabar o no la conversación, sino los allí presentes, dado que son los que escuchan y, como ya llevan un tiempo, quizá estén cansados. Por ello, se les pregunta. Y, tanto Querefonte como Calicles se manifestaron reacios a que concluyese la interlocución. Mejor será verlo cómo lo expone Platón, a saber;

QUER. –– Ya oís, Gorgias y Sócrates, el clamor de todos éstos, que desean oíros si continuáis; en cuanto a mí, ojalá no se me presente una ocupación tan imperiosa que me obligue a abandonar conversaciones de tanta importancia y llevadas de tal modo para dar preferencia a otro asunto.

CAL. ––Por los dioses, Querefonte, también yo me he encontrado en muchas discusiones y no sé si alguna vez he sentido tanto placer como ahora; por consiguiente, me daréis gran satisfacción, aunque estéis dispuestos a conversar durante todo el día. (458c)

Por tanto, continúan. Sócrates, casi sin dejar suspiro ni descanso a Gorgias, le dice que no sabe si realmente le ha entendido bien y que, por ello, le preguntará de nuevo si él es capaz de enseñar su arte, la retórica, a sus discípulos. En esta parte Sócrates empieza una nueva línea de cuestiones, las cuales será mejor que leamos directamente, ya que, podemos seguir el argumento socrático y cómo hace ver a Gorgias sus equivocaciones de lo que ha defendido primeramente. Dice así:

SÓC. –– ¿De manera que sobre todos los objetos produzca convicción en la multitud, persuadiéndola sin instruirla?

GOR. ––Exactamente.

SÓC. –– Decías hace un momento que incluso sobre la salud el orador será más persuasivo que el médico.

GOR. –– Sí que lo decía, pero sólo ante la multitud.

SÓC. –– Decir ante la multitud, ¿no es decir ante los ignorantes? Pues, sin duda, ante los que saben no puede ser el orador más persuasivo que el médico.

GOR. –– Es verdad.

SÓC. –– Y si es más persuasivo que el médico resulta más persuasivo que el que sabe.

GOR. ––Así es.

SÓC. ––Sin ser médico, ¿no es cierto?

GOR. –– Sí.

SÓC. –– El que no es médico es ignorante, y el médico sabe.

GOR. –– Es evidente.

SÓC. –– Luego ante ignorantes el que no sabe será más persuasivo que el que sabe, puesto que el orador aventaja al médico. ¿Resulta esto o no?

GOR. ––En este caso, al menos, sí resulta. (458e-459b)

Tras esto, Sócrates le echa en cara que ese arte que él utiliza, se use en todo tipo de arte para que, sin saber de lo que se habla, uno parezca más sabio de lo que es. A lo que Gorgias le contesta que, en realidad, eso que comenta, es lo mejor que puede existir, (sabiendo un solo arte, poder no ser peor que los propios artesanos en dichas artes). Sócrates por tanto le dice que entonces la oratoria no se dedica a buscar la verdad, simplemente busca el poder quedar por encima cueste lo que cueste. El orador hablando sobre lo bueno o lo malo, lo bello o lo feo, hablará para quedar como sabio sin serlo, esto es, sin saber qué es bueno o malo, sin saber qué es bello o feo.

   En esta parte vemos un matiz claro de la filosofía de Platón. Gorgias ante la insistencia de Sócrates le contesta que la verdad en la oratoria, o bien se ha aprendido anteriormente al aprendizaje de dicho arte, o bien se aprenderá ulteriormente en el proceso de aprendizaje de la oratoria. Por ello, y aquí es donde está el matiz, Sócrates empieza a preguntar tras la respuesta de Gorgias;

SÓC. –– ¿Pero qué? El que ha aprendido la construcción es constructor, ¿no es así?

GOR. –– Sí.

SÓC. ––¿El que ha aprendido la música es músico?

GOR. –– Sí, lo es.

SÓC. ––¿Y el que ha aprendido medicina es médico? ¿Y en la misma relación, las demás artes, de modo que el que aprende una de éstas adquiere la cualidad que le proporciona su conocimiento?

GOR. –– Sin duda.

SÓC. –– Siguiendo el mismo razonamiento, el que conoce lo justo, ¿no es justo?

GOR. –– Indudablemente.

SÓC. –– Y el justo obra justamente.

GOR. –– Sí.

SÓC. –– Por consiguiente, ¿no es preciso que el orador sea justo y que el justo desee obrar con justicia?

GOR. ––Así parece.

SÓC. –– Luego jamás querrá el orador obrar injustamente.

GOR. –– Parece que no.

SÓC. –– ¿Te acuerdas de que hace poco decías que no se debe acusar ni desterrar a los maestros de gimnasia en el caso de que un púgil se sirva injustamente de su arte, y que, del mismo modo, si un orador se sirve de la retórica para un fin injusto, tampoco se debe acusar ni expulsar de la ciudad a su maestro, sino al que obra injustamente y hace un uso indebido de este arte? ¿Dijiste esto o no?

Sócrates le espeta a Gorgias que antes le dijo que la oratoria se basa en lo justo y lo injusto, además de que, tras ciertas preguntas le contestó Gorgias que la oratoria también podría emplearse injustamente. Por ello Sócrates ve una gran contradicción y se la hace ver a Gorgias.

   Tras esta acusación, Gorgias no responderá más y será, en esta ocasión, Polo quién continúe el argumento de Gorgias (recordamos que un interlocutor retoma el diálogo con Sócrates cuando éste le hace ver que ha caído en contradicción y, por ello, será este nuevo interlocutor quien diga en qué ha fallado el primero y continuará su línea argumental desde dicho punto -en este diálogo nuevo con Polo, Gorgias hablará muy poco para matizar ciertas cosas, pero es Polo quien, en esta ocasión, toma las riendas principales del diálogo, de una manera muy impetuosa con diversos anacolutos-).

Les dejo para finalizar un vídeo donde se explica los temas principales tratados en esta parte del diálogo. Espero que les haya gustado este pequeño resumen sobre lo que personalmente he llamado “la primera parte del diálogo del Gorgias”. La siguiente parte -diálogo con Polo- la subiremos la semana que viene. Reciban un cordial saludo y aquí les espero.

 

 

3 Comentarios
  1. Carlos Martínez García 6 meses

    Guillermo, ¿qué se me puede ocurrir decir sobre tu publicación de esta primera parte de «Gorgias»? ¿Qué diría, aparte de que, como siempre, el artículo se encuentra bien redactado y guía al lector correctamente a través de la Filosofía y de la propia trama del diálogo? ¿Qué más, además de lo bien referenciadas que están las páginas y, en especial, lo correctamente seleccionadas que se encuentran los fragmentos del diálogo? ¿Podría acabar diciendo que, gracias a todo ello, el autor se asegura que el interés del lector por la materia aumente y esté deseoso de leer el propio diálogo, tras conocer los buenos resúmenes y vídeos que indexas en tu texto?

    Después de la lectura de tu «artículo» —si es que así lo calificas tú mismo; para eso es tuyo—, me quedan dos dudas: en primer lugar, me gustaría saber si, finalmente, te agrada o no el propio Sócrates, en cuanto que un día me comentaste algo así como «¿Qué hizo Sócrates? Pues nada; era un loco…» (paráfrasis). ¿Has cambiado de opinión o sigues igual, pero en varios niveles de pensamiento? En segundo y último lugar, querría saber tu opinión sobre el siguiente hecho: Gorgias, ante las constantes preguntas de Sócrates, siempre responde con oraciones afirmativas o negativas muy sucintas (cf. «Sí», «no», «de acuerdo», entre otras). ¿Por qué crees que es esto? ¿Podría ser un intento de ridiculizar a los sofistas, por parte del mismo Platón? ¿Acaso los sofistas hablaban, realmente, así? Si no es así (ya comentas, muy acertadamente, las diferencias entre historia real y ficción en Platón), entonces, ¿cómo hablarían? ¿Tienes alguna idea sobre ello?

    Y creo que, con tanta pregunta, ya he terminado. Podrías responderme como Gorgias; ¿sería un acto de justicia?

    ¡Nos vemos!

  2. Autor
    Guillermo Colina Morales 6 meses

    Muy buenas noches, amigo Carlos: pedirte perdón por la tardanza en contestarte. Además quería darte las gracias por el interés mostrado hacia mi artículo y, prueba de ello, son las preguntas que aquí haces.

    La primera pregunta de si pienso que Sócrates es un loco que no hizo nada, debo de matizar. Por supuesto, no puedo negar que su oratoria y su dialéctica eran de un nivel superior. Además de que, desmontaba argumentos sofistas como si de pelar una nuez se tratara. Los desmontaba y en qué época… Una época gobernada por sofistas, donde lo importante era saber hablar sin importar si estaba o no bien lo dicho. Por ello, no quiero quitarle importancia a Sócrates, ni mucho menos. Pero, a lo que yo me referí en su momento es a que, de cierto modo, ha resurgido una parte de él en la sociedad actual, lo cual bien podría llamarse como «relativismo moral»; y allá donde hay un mundo sin valores, sin moral, donde el sujeto es el centro de todo y nada puede parar su pensamiento, pues llegamos a contradicciones tales como que filósofos reputados como David Engels escriba «¿Qué hacer? Vivir con la decadencia de Europa», nos cuenten que incluso el propio Friedrich Nietzsche pregonaría a gritos que volviese el cristianismo a ser el centro de toda sabiduría… En un mundo sin valores, qué nos queda… pues, quizá, nos dice David Engels, volver a acoger aquello que primeramente se ha ido destruyendo.

    Respecto a la pregunta de Gorgias, considero que, en realidad, responde así por el hecho de que Sócrates le pide por favor una brevedad en sus respuestas, para así poder hacer un diálogo más ameno y llegar, con ello, a diversas soluciones. No creo que sea una burla de Platón a los sofistas, aunque, también te digo que, si en algún momento descubren que era precisamente por eso, no me extrañaría absolutamente nada.

    Un cordial saludo, amigo Carlos.

    • Carlos Martínez García 5 meses

      Muchas gracias por tu respuesta, @guillermo. Lo cierto es que sí: de algún modo, este tipo de relativismo ha calado en al sociedad actual. Pese a ello, si bien nos conocemos y sabemos, más o menos, nuestras opiniones al respecto, ¿no piensas que deberíamos replantear desde sus raíces el argumento, repetido hasta la saciedad, de que «allá donde hay un mundo sin valores, sin moral, donde el sujeto es el centro de todo», como tú mismo escribes? La primera pregunta que asoma su terrible faz sería: ¿Qué entendemos por «valores»? Estos pueden ser de diversa naturaleza (militares, morales, etc.). ¿O no?…

      De nuevo, gracias por tus interesantes publicaciones, y hasta pronto.

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