¿El estado de Bienestar trae consigo la felicidad?

 

Durante la recta final de la primera parte, efectué un diagnóstico del estado de Bienestar nórdico, cuyos resultados fueron mayormente positivos. Sin embargo, cabe preguntarse lo siguiente: ¿El estado de Bienestar hace que estemos bien? ¿Es la llave de la felicidad? A dar respuesta a dichos dilemas se consagra esta segunda parte de la reflexión.

A modo de comienzo, cabe cuestionar un asunto: los ciudadanos escandinavos pagan muchos impuestos, un porcentaje muy alto de su renta. Es cierto que reciben un servicio excelente por ellos, y por ello la mayoría están de acuerdo, pero ¿qué pasa si alguien no lo está?

Se presume mucho de la libertad económica, pero unos impuestos tan altos pueden suponer una limitación importante a la misma. ¿Y si yo considero que prefiero gastar mi propio dinero en un seguro y educación privados o en mi propio plan de ahorro para la jubilación, porque pienso que lo gestionaré mejor yo que otros por mí, o prefiero dedicarle una porción menor de mi renta disponible en favor de otras cosas ya que no le doy una relevancia tan alta?

Al fin y al cabo, por muy altos que sean los salarios, los impuestos limitan la porción de los mismos con la que puedes decidir libremente qué hacer. En adición, cabe mencionar que el sistema es de reparto o redistributivo, por lo que las rentas más altas pagan un mayor porcentaje de impuestos. Es decir, se reduce más aún la libertad económica de una persona por el hecho de ser rica, lo cuál puede ser visto como una forma de discriminación…

Al final del día, este sistema se basa en la solidaridad, y generalmente sí se puede afirmar que la población nórdica está de acuerdo, aunque esto se debe en gran medida a que son sociedades pequeñas con un alto grado de cohesión social y valores comunes inculcados, pero profundizaremos más en este tema posteriormente. Pero la solidaridad, no lo olvidemos, no es ley natural o divina, ni tan siquiera un imperativo categórico, es un valor, con el que no todo el mundo tiene porqué concordar.

No olvidemos que un sistema que impone por decreto valores a todos los individuos sin darles alternativa, obligándoles a pensar de una determinada manera, ya sea con la excusa del bien común o la que sea, no es libre sino dictatorial. Por tanto, forzar a un individuo que no es partidario a aguantarse y apoquinar igualmente bien puede constituir una violación de su libertad más bien cuestionable. Al fin y al cabo, todas las dictaduras de la historia empezaron con buenas intenciones y promesas del bien común ¿no?

Para ir concluyendo con este punto, aclarar que mi intención no es la de demonizar la solidaridad, sino defender que no es la verdad absoluta y no tiene porqué ser lo mejor, hay alternativas igualmente válidas. La decisión te corresponde a ti como miembro de la sociedad, a ti y nada más que a ti, para eso eres libre, así que no permitas que nadie la tome por ti. Esa clase de adoctrinamiento constituye un fenómeno muy feo y desagradable conocido como “ingeniería social”.

Ya que hemos estado hablando de impuestos y financiar el estado de bienestar, veamos qué tal lo llevan estos países. En  concreto, recurramos al indicador que comúnmente se usa en economía para ello, esto es, el ratio de deuda pública sobre el PIB, que nos indica qué porcentaje de nuestro PIB de un determinado año tendría que consumir el Estado para liquidar toda su deuda de golpe. Parece ser en este caso que los impuestos altos funcionan para poder financiar el gasto sin endeudarse, pues su nivel de deuda pública es moderado, entre un 40%-60%.

Igual podría parecer bastante, pero tengamos en cuenta un par de aspectos a su favor, para empezar tenemos reciente una gran crisis económica mundial que trajo consigo una fuerte intervención por parte de los Estados del mundo para rescatar entidades financieras e inyectar dinero en la economía para mantener el momentum lo posible.

Esta situación llevó a los Estados a quemar sus huchas de ahorros de los años de superávit y endeudarse de manera excepcional para financiar tan cuantiosos gastos súbitos.

Por otro lado la deuda pública de muchos países del mundo desarrollado (Europa, EEUU, Canadá, Japón…) está en la franja del 90% o bien supera ampliamente el 100%… Y respecto a los países emergentes, está creciendo a ritmo exponencial también, hasta más rápido que los desarrollados, pero como parten de un nivel más bajo no se ponen a la altura de un día para otro. Viendo este paradigma, se antoja razonable el nivel de deuda nórdico.

Ahora bien, aunque a un ritmo menor que el resto del mundo, este indicador no ha dejado de crecer durante la última década. En concreto, un posible culpable es la llegada masiva de inmigrantes en los últimos años, tema que profundizaremos a posteriori, lo que ha llevado a que algunos de ellos como Noruega recorten las ayudas a estos. Así que, si bien de momento la deuda la tienen controlada y sus cuentas están saneadas, la tendencia es alarmante y podría acabar amenazando al modelo de bienestar nórdico con los años. Sin embargo, el responsable no está claro aún a día de hoy, podría ser la inmigración, las secuelas de la crisis, una peor gestión fiscal de los últimos gobiernos, un exceso de ambición en el programa de ayudas…

Me gustaría cerrar el tema de las cuentas públicas focalizando en un último aspecto: el gasto militar. Independientemente de si uno es pacifista o no, todo aquel que no se deje llevar por ingenuas fantasías sabe en qué clase de mundo vivimos y la tendencia de los países a agredirse mutuamente, o al menos a efectuar demostraciones de fuerza. Ello motiva a la mayoría de estados del mundo a invertir en defensa, en la creación de un ejército que aunque sea sirva de fuerza disuasoria para calmar los ánimos de posibles agresores.

De la capacidad militar que desarrollan los diferentes estados, surge un entramado equilibrio de fuerzas geopolítico. Pues bien, en medio de esta historia, los países nórdicos han decidido no participar de este juego, y no tienen ejército, Sí, tal como lo oyes, no constan de unas fuerzas armadas como tal, toda su defensa son la policía, y en Noruega y algún otro la guardia costera. Podría parecer que hay una motivación pacifista en esto, pero los hechos sugieren más bien un poco de pillería para ahorrar gastos.

En primer lugar, Suecia en un gran productor de armas, muchas de las cuales se venden en zonas calientes del globo como Oriente Medio. No suena muy pacifista, desde luego. Además, no tienen mucho de lo que preocuparse ya que son aliados estratégicos de Europa, y también de Estados Unidos, así que si alguien les ataca tendrá que vérselas con estos apoyos.

A raíz de esto no parece que les sobre la defensa por puro pacifismo, sino que más bien ya están cubiertos y así pueden ahorrarse un dinerillo que viene de perlas para financiar el Estado de Bienestar. Sería curioso, desde luego, ver qué tal cuadrarían esas cuentas públicas si hubiera que sumarles una partida de gasto militar, como en otros países que sí cuentan con ella.

 

No pretendo entrar a valorar si tener un ejército es “objetivamente” lo correcto o no, eso lo considero una reflexión particular de cada uno, pero me resulta obvio que en su caso no se debe a puro pacifismo, ya que sería muy ingenuo por su parte carecer de defensa alguna en un mundo donde la amenaza del terrorismo es mayor que nunca, y donde ciertos rusos se morirían de ganas de anexionar ciertos territorios como esa preciosa península escandinava. Más aún, todos concordaremos, creo yo, en que un deber fundamental de todo estado es garantizar un nivel mínimo de seguridad a sus ciudadanos.

¿Como podrían estos vivir felices y libres si mañana pudiera venir una potencia extranjera y anexionarnos o invadirnos, o un grupo de individuos a plantar explosivos en lugares que frecuentamos diariamente?

Incluso en el supuesto de un mundo de yupi en el que todos los países acordaran un desarme, a cualquier señal de conflicto o desacuerdo cualquiera de ellos tendría un incentivo para rearmarse y aprovechar la debilidad del otro para imponerse. Si bien un mundo en paz es un sueño noble y deseable para todos nosotros, a menos que baje algún salvador del cielo a enseñarnos el camino, es muy poco probable que podamos vivir en él en un futuro próximo.

Los seres humanos tendemos por naturaleza a la confrontación, para bien o para mal. La cuestión aquí no es si tener ejército es filosóficamente correcto, sino si siendo prácticos es necesario. Al fin y al cabo, un país no se gobierna con sueños y promesas, se gobierna con hechos.

Tras abordar todos estos temas, uno puede pensar que a estas alturas ya tiene una opinión bien formada. Cometería un grave error en tal caso. Aún no hemos tomado en consideración el factor más importante de todos para determinar lo bien que funciona una sociedad, esto es, la felicidad de sus ciudadanos. Al fin y al cabo, esta es el objetivo último de la vida de cualquiera.

A priori, los datos parecen favorables una vez más a los países nórdicos, que se hallan en los primeros puestos de los rankings de felicidad. Una vez más, en cambio, estos rankings ofrecen un análisis superficial, que debe ser profundizado para llegar a conclusiones más completas. Antes de nada decir en su favor que la evidencia histórica y empírica parece apoyar que los ciudadanos son más felices cuando tienen mayor autonomía económica y política.

Se puede hablar tranquilamente de una correlación positiva entre felicidad y libertad (no hay más que consultar los rankings de felicidad y libertad y compararlos, las posiciones de los países son parecidas en ambos) En este sentido, dado que estamos hablando de países que más o menos respetan la libertad de los individuos, hay una solidez aparente en el resultado ofrecido por los rankings.

Por desgracia, no todo lo que reluce es oro. Cabe destacar una curiosa paradoja, que es el hecho de que en los países que lideran los rankings de felicidad (no solo los nórdicos, también aparecen aquí EEUU u otros europeos) encontramos también las mayores tasas de suicidios.

Esto puede haberte dejado atónito, pero los estudios de psicólogos y sociólogos nos han brindado una explicación para ello: cuando una persona está en depresión, o sencillamente es infeliz, ver a otros tan felices y contentos contribuye a empeorar su desánimo, y en sociedades con un porcentaje de individuos felices tan alto los desasosegados se sienten aún más frustrados y desgraciados al no comprender que (creen) están haciendo mal.

Dicho esto, aún no acaban las paradojas de la supuesta felicidad nórdica. Hay que decir que los rankings pueden resultar engañosos porque reflejan las respuestas que un individuo da ante una encuesta, no su estado real. Y en estos países resulta que decir o pensar que no eres feliz o no estás pasando por el mejor momento de tu vida está mal visto, presión social esta que puede motivar a muchos individuos a mentir sobre su auténtico estado.

No acaba aquí la cosa, otro problema que asola a muchos escandinavos es la soledad que parece propiciar el profundo individualismo de estas sociedades, al punto que hay una proporción considerablemente alta de solteros y personas que viven solas. Esto es particularmente grave en Suecia, donde el 40% de los adultos afirma sentirse sólo y hay bastantes casos de personas que fallecen en su hogar y nadie descubre sus cadáveres hasta meses o incluso años después… Para ampliar información sobre este triste fenómeno, podéis consultar el artículo de este enlace:

 

http://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2016/12/16/5853c4c6e5fdeaaf588b463f.html

¿Cómo es esto posible? Te preguntarás seguramente. Y no, no es que esta gente sea autista ni tenga traumas de la infancia que les impidan relacionarse bien con otros.

El problema viene, curiosamente, de una fuente externa a ellos mismos. En concreto: del concepto de libertad que aquí tienen. Como Terik Gandini destaca en su documental “la teoría sueca del amor” ellos piensan que sólo la libertad trae la felicidad, sin embargo, ellos entienden libertad como independencia, esto es, haber roto por completo tus lazos de dependencia con los demás. Cuando ya no se necesita pareja, hijos ni amigos para sobrevivir se es libre pues.

Obviamente, este concepto de libertad dista mucho de lo que realmente es esta. Autores como Nietzsche han reflexionado que el propio concepto de libertad no puede ni debe ser definido más allá de elaboración propia de todos tus valores, incluido lo que entiendes tú mismo por libertad, sin influencia ni presiones externas.

En ningún momento ningún pensador libertarista consideró que sea necesario estar solo para ello, simplemente no dejar que otros determinen o condicionen tu percepción de las cosas y tus decisiones, pero ello no implica tener que alejarte de ellos, solo saber ser asertivo y crítico, ni tan si quiera que no puedas pensar nada tal como ellos te lo transmitan, en efecto sí puedes estar de acuerdo pero ello debe ser porque tú lo estimas oportuno no por presión de los otros.

Tampoco te dirán ellos mismos, como ya hemos dicho, qué debes entender tú exactamente por actuar libremente, más allá de que emane de ti y no de lo que otro te diga que debe ser, y justo en este punto se evidencia la contradicción con el modelo sueco: ellos tienen un concepto de libertad predefinido (lo que es una antítesis de la propia libertad) y por tanto ya deciden por ti en lo que consiste ese valor y que debes aceptarlo para ser feliz.

Ante esto, se evidencia que no estamos hablando pues de libertad genuina, sino de un valor predeterminado impuesto por decreto social, lo cual tiene tintes dictatoriales alarmantes. A 1972 nos tenemos que remontar, al primer ministro Olof Palme y su proyecto de familia sueca, para hallar el origen de esta circunstancia. A él hay que agradecerle esta obra maestra de la ingeniería social…

Puede parecer que ya se acabaron las paradojas que comentar, es en ese momento cuando Escandinavia se las apaña para sorprenderte una vez más. Y es que, si la soledad en sí es ya un problema, esto no hace sino empeorar cuando se añaden el alcohol, los antidepresivos, e incluso algunas drogas como la heroína a la ecuación. Si en Suecia estaban atenazados por la soledad, los otros 4 países no se libran de lo suyo.

En Dinamarca y, sobre todo en Finlandia, tienen un serio problema de alcoholismo. Es la estampa en Helsinki ver a un grupo de ejecutivos borrachos ya a las 5 de la tarde. Y ello, a pesar de que existe un monopolio estatal del comercio de bebidas alcohólicas con precios artificialmente elevados y limitaciones de cantidad que se puede comprar, lo que evidencia un auténtico problema nacional de los finlandeses.

Tres cuartos de lo mismo ocurre en Islandia con el consumo de antidepresivos, aunque en este caso puede venir estimulado por la falta de luz solar y el SAD, como se comentó previamente. Pero la palma se la lleva Noruega, que tiene la tercera tasa de muertes por sobredosis de drogas mayor de Europa, problema este especialmente grave con la heroína, ya que los adictos Noruegos se la inyectan directamente en vez de fumarla. Y ello por no hablar del boom en años recientes de las drogas sintéticas.

Una estampa bastante fea para el país que luce orgulloso el puesto número uno del ranking mundial del índice de desarrollo humano (IDH). Todo esto no quiere decir que por vivir allí ya seas automáticamente un lobo solitario, un alcohólico o un adicto, es una generalización como ocurre siempre con las estadísticas. No todos padecen estos problemas, pero sí un porcentaje alarmantemente alto de ellos, lo cual parece indicar que hay oculto un problema de fondo y quizá no sean tan felices como pensamos.

Y es que, el Estado de Bienestar ayuda sin duda pero no implica automáticamente la felicidad de los individuos beneficiarios de este, una lección de la cual los ideólogos de cierto signo deberían tomar nota…

Tras esta deprimente recapitulación, he decidido cerrar el apartado referente a la felicidad con una nota un tanto más positiva. Al fin y al cabo, las encuestas y los rankings pueden estar exagerados, pero tampoco totalmente equivocados. Puede que el grado de satisfacción real no sea tan alto o extendido como lo pintan, pero, como se suele decir, si el río suena, agua lleva. Yo por mi parte destacaría dos factores clave que decantan positivamente la balanza: bienestar económico/material y filosofía/estilo de vida.

Ya abordé las causas de este nivel de vida económico, no lo redundaré. Baste decir que obviamente hechos como un Estado de Bienestar de calidad, salarios tan elevados que permiten vivir de lujo y consumir hasta saciarse, mantener a una familia de forma estable o ahorrar para una plácida jubilación, obviamente ayudan. Si bien el dinero no compra la felicidad, desde luego ayuda a no estar insatisfecho. Por otro lado, los escandinavos tienen unas fascinantes filosofías de vida, como el Hygge o el Lagom. La primera se basa en forjar relaciones interpersonales de calidad, bajo valores como la solidaridad o el compañerismo, y en mantener una mentalidad positiva y relajada y disfrutar los pequeños placeres de la vida.

La otra trata de mantener el equilibrio en nuestra vida, desarrollando hábitos de vida sostenibles, y centrándonos en vivir el presente al máximo sin preocuparnos por el pasado o el futuro, y complementando con la realización de actividades en la naturaleza o ejercicio físico. La meta final del Lagom es la salud física y mental.

Ambos estilos de vida son sin duda de gran interés, y van dirigidos a estar sano y a gusto para poder disfrutar de la vida. Indudablemente juegan un papel relevante en la felicidad nórdica, lo cual me lleva a cuestionarme:

 

¿De verdad es necesario un Estado entrometido en las vidas de sus ciudadanos para «garantizar el acceso a la felicidad»?

¿O bien esta es una conquista individual de cada individuo surgida de una búsqueda interior e independiente de aquello que le da un motivo a su existencia por el que merezca la pena vivir?

¿En cuyo caso, no sería imperativo que el Estado simplemente se limitara a garantizar la libertad y la seguridad de sus individuos para que estos realicen su propia búsqueda?

¿Puede ser que algunos regímenes más invasivos en la vida de los ciudadanos confundan felicidad con satisfacción, y se limiten a comprar su complacencia mediante la subsidiariedad?

Si quieres hallar la respuesta a dichas preguntas, sencillamente párate a reflexionar calmadamente y sin autoengaños, y tú mismo te responderás.

Espero sinceramente que te haya agradado esta lectura. Si es así, no dudes en echarle un vistazo a la tercera y última parte, que pronto estará disponible. Un saludo y muchas gracias a tod@s mis lector@s.

Autor: Pablo Moral Pérez

2 Comentarios
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    • Autor
      Pablo Moral Pérez 3 años

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