Controversia por el nombre: ¿Cómo se llama esta lengua romance?

            En este breve artículo —que bien podría ser una columna de opinión, entre otras cosas— pretendo poner el foco en la controversia que existe al denominar la lengua española (español o castellano). Este problema, que no solo atañe a los lingüistas, sino también a los políticos y a los propios hablantes, sea cual sea su condición, constituye una suerte de amalgama que debería considerarse desde perspectivas diferentes, debido a su naturaleza poliédrica. Como siempre, animo al lector a que comente sus propias impresiones sobre este fenómeno, principalmente porque, como hablante de la lengua, es poseedor de ella; esta es precisamente la cara más positiva de las lenguas: pertenecen a todos (¿y a nadie?). No es necesario que tu comentario, lector, sea exhaustivo; la exhaustividad no implica inteligencia, por lo que valdría con que, a partir de tus intuiciones o creencias (actitudes lingüísticas), comentaras qué denominación usas normalmente: ¿español o castellano?

            Este artículo nace de forma espontánea, especialmente debido a una conversación que, en un contexto informal, tuvimos varios colegas de estudios muy diversos. Lo cierto es que los hablantes de a pie —los que realmente interesan en Lingüística— se debaten entre ambas denominaciones: unos no lo tienen demasiado claro, y se muestran escépticos: otros, imparciales; otros muchos consideran que el concepto castellano está más bien restringido al castellano antiguo, no al español actual. El debate, como vemos, está abierto, y ciertamente no llegamos a ninguna conclusión en nuestra pequeña discusión informal. Hecha esta pequeña contextualización, pasamos ahora al artículo propiamente dicho.

            Como hemos comprobado, muchas voces, en la actualidad, confunden español y castellano; y es porque, como se desprende del Diccionario de la lengua española (a partir de aquí, DLE-2014), de la Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (a partir de aquí, RAE-ASALE), ambos términos se remiten en una especie de círculo vicioso: como vemos en lo que sigue, tanto español como castellano pueden relacionarse con esta lengua iberorromance proveniente del latín oral (cortamos todo lo que no haga referencia a lo lingüístico):

castellano, na

[…]

4. adj. Perteneciente o relativo al castellano (‖ lengua). Gramática castellana.

5. adj. Perteneciente o relativo al castellano (‖ dialecto). Léxico castellano.

6. adj. Perteneciente o relativo al castellano (‖ variedad). Acento castellano.

[…]

9. m. Lengua española, especialmente cuando se quiere distinguir de alguna otra lengua vernácula de España.

10. m. Dialecto romance originario de Castilla, del que fundamentalmente proviene el español.

11. m. Variedad del español que se habla en la parte norte de los territorios del antiguo reino de Castilla.

[…]

español, la

[…]

3. adj. Perteneciente o relativo al español (‖ lengua). Léxico español.

4. m. Lengua romance que se habla en España, gran parte de América, Filipinas, Guinea Ecuatorial y otros lugares del mundo.

[…]

Como vemos, tanto léxico castellano como léxico español designarían exactamente lo mismo, en cuanto que en DLE-2014 se proponen como sinónimos sintácticos. Con todo, debido a que la palabra de la RAE-ASALE no es verbum Dei (de hecho, nadie posee tal privilegio, hasta que no se demuestre lo contrario) y a que el uso real de los términos lingüísticos aboca a ciertos desajustes con respecto a la teoría, existen ciertas restricciones, según la Fundéu BBVA:

 

Tanto castellano como español son denominaciones adecuadas para referirse a la lengua.

Según el Diccionario panhispánico de dudas, es preferible utilizar castellano para referirse al modo de expresión utilizado en España para diferenciarlo de las lenguas de otras comunidades autónomas como el catalán, el gallego o vasco. Y para referirse al instrumento expresivo empleado por la comunidad hispanohablante es más apropiado decir español.

 

Así pues, en estas frases encontradas en los medios de comunicación se puede emplear indistintamente cualquiera de los dos términos: «El voto hispano eleva ingresos en cadenas de televisión en español» o «La Universidad de Burgos (UBU) ha recibido este miércoles una donación de más de 2800 libros en castellano».

 

Si acudimos al Diccionario panhispánico de dudas (DPD-2005), de la RAE-ASALE, ciertamente se precisa esto mismo, pero con una precisión más: parece que el término castellano, en Lingüística, está restringido a la variedad del español general hablada en Castilla y, grosso modo, en la zona septentrional de España:

español. Para designar la lengua común de España y de muchas naciones de América, y que también se habla como propia en otras partes del mundo, son válidos los términos castellano y español. La polémica sobre cuál de estas denominaciones resulta más apropiada está hoy superada. El término español resulta más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que se refiere de modo unívoco a la lengua que hablan hoy cerca de cuatrocientos millones de personas. Asimismo, es la denominación que se utiliza internacionalmente (Spanish, espagnol, Spanisch, spagnolo, etc.). Aun siendo también sinónimo de español, resulta preferible reservar el término castellano para referirse al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región. En España, se usa asimismo el nombre castellano cuando se alude a la lengua común del Estado en relación con las otras lenguas cooficiales en sus respectivos territorios autónomos, como el catalán, el gallego o el vasco.

En este sentido, parece que la primera diferencia entre ambos términos reside en su amplitud: español hace referencia a todo el dominio hispanófono (cf. Figura 1), mientras que castellano se encuentra restringido al español de Castilla (cf. Figura 2).

Figura 1. Dominio lingüístico del español (Moreno Fernández y Otero Roth 2007: 34).

Figura 2. Dominio lingüístico del castellano (amarillo oscuro).

            Como vemos, al menos a nivel lingüístico-teórico, ambas denominaciones no parecen designar exactamente lo mismo: castellano se encontraría dentro del seno de español, cuyo espectro es mucho más extenso. Esto mismo se refleja en Moreno Fernández (2000: 18-19), como vemos a continuación:

En el terreno de la lingüística suele usarse español y se reserva castellano para una de sus manifestaciones geolingüísticas (la de Castilla) e históricas (la medieval). […]

Desde este punto de vista, los lingüistas no aprecian problemas y prefieren trabajar con el recurso «español de» o «español en»: español de México, español de Chile, español de Puerto Rico. Es verdad que los tratados de dialectología recogen denominaciones como andaluz, caribeño, canario o mexicano, pero se hace así porque se pretende el análisis y la explicación de la diferencia.

Sin embargo, aquí no podría terminar este breve artículo, porque lo que acabamos de señalar no garantiza nada; se trata solamente de una de las caras del poliedro. Por ello, para los amantes de la historia, y para aquellos que piensen que esta legitima todo lo presente, e incluso determina lo futuro cual semilla infecta, también hay datos. Según el Corpus Diacrónico del Español (a partir de aquí, CORDE) de la RAE, el término castellano es acuñado en 1250 por Alfonso X, referido al lenguaje (cf. «trasladar de arauigo en lenguaie castellano porque los omnes lo entendiessen meior»); con todo, español aparece después, en el siglo xv, cuando Nebrija lo añade al título de su obra Diccionario latino-español (1492). Algunos pensarán, por tanto, que el término castellano es algo así como más legítimo (por lo que a mí respecta, no sé muy bien por qué motivo podría ser así, exactamente).

            Ahora bien: otro plano bastante interesante es el socio-político. En España, por ejemplo, se prefiere, generalmente, el término español; en los países de Hispanoamérica existe una división en los hablantes, según sus creencias o actitudes lingüísticas, como se explica en Moreno Fernández (2000: 18):

El primero […] es el nombre genérico. Aquí, cada territorio hispánico responde a una tradición que se mueve entre los términos española y castellano, según las razones históricas y geográficas de cada área: en Castilla se prefiere castellano porque siempre ha sido el nombre de la tierra; en Andalucía se prefiere español porque se piensa que lo que allí se habla no suena como lo de Castilla; en México y Puerto Rico se prefiere español tal vez porque marca mejor la distancia respecto al inglés; en Argentina se prefiere castellano porque se sabe que lo que allí se habla no suena como el español de España.

En el siguiente mapa observamos algunas de estas disquisiciones, en el territorio de Hispanoamérica:

Figura 3. Uso de castellano y español en Hispanoamérica.

            Asimismo, otro de los subterfugios en que se esconde tal dicotomía es el terreno político-legislativo. En Moreno Fernández (2000: 18) se explica, sucintamente, esto:

En el ámbito político, las constituciones hispanoamericanas se inclinan hacia español en Norte y Centroamérica, aunque, curiosamente, España haya oficializado castellano. En la comunicación internacional, son las voces español y lengua española las que se han universalizado […].

Finalmente, en el ámbito de la informática, es curioso que se precisa con bastante acierto el idioma general y, después, la variedad geolectal concreta. En Moreno Fernández (2000: 19) también se comenta esto mismo, como vemos en lo que sigue:

En el ámbito de la informática se produce un hecho curioso: al trabajar con diversos idiomas en las aplicaciones o programas, como Office por ejemplo, se ofrece la posibilidad de elegir diversos tipos de «español». En esto casos, sin embargo, siempre se utiliza la misma etiqueta (Español) acompañada, entre paréntesis, por el nombre de un país hispánico: «Español (Guatemala)».

Habiendo escrito poco y aclarado aun menos, ahora, lector, es tu turno: ¿de qué denominación te sirves normalmente? ¿Acaso cambias de preferencias según el contexto? En el caso de tu entorno, ¿coinciden tus allegados contigo? Por mi parte, utilizo más el término castellano, pero no sabría muy bien explicar el porqué. Eso sí: en caso de hablar con algún extranjero, siempre pregunto «¿Qué nivel tienes de español?», en lugar de «¿Que nivel tienes de castellano?», precisamente porque, muy curiosamente, los extranjeros conocen mejor el término español; este parece, por tanto, estar más internacionalizado.

 

Carlos Martínez García

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA). Disponible en: <https://www.fundeu.es/> [Consultado: 20/01/2020].

Moreno Fernández, F. (2000): Qué español enseñar. Madrid: Arco/Libros.

Moreno Fernández, F. y Otero Roth, J. (2007): Atlas de la lengua española en el mundo. Madrid: Ariel.

Real Academia Española: Banco de datos (CORDE). [en linea]. Corpus diacrónico del español. Disponible en: <http://www.rae.es> [Consultado: 20/01/2020].

RAE-ASALE: Diccionario panhispánico de dudas, 2005. Disponible en: <https://www.rae.es/recursos/diccionarios/dpd> [Consultado: 20/01/2020].

——: Diccionario de la lengua española, 2014. Madrid: Espasa (23ª edición).

4 Comentarios
  1. Pablo Moral Pérez 6 meses

    Un curioso aporte amigo Carlos, para un dilema que no parece tener una solución clara, como comentas, la lengua es de todos y de nadie, de modo que ninguno podemos resolver estas cuestiones de un plumazo. En lo que perdure la dicotomía, y haya quien use ambas opciones, no creo que haya una respuesta total al asunto.

    Yo me inclino más por la misma variante que muchos lingüistas que mencionas, la de usar español seguido de la procedencia, vease, español de Argentina, español de Colombia, español de España. En mi caso, más que tener un motivo concreto, es por puro pragmatismo y economicidad del lenguaje: de este modo nos entendemos al instante y ahorramos mayores explicaciones.

    En cualquier caso, también entiendo castellano como el español hablado en España, simplemente no suelo usar este termino por generar más confusión al no ser tan conocido y existir diferentes definiciones, como has expuesto. En fin, que yo me guío por el utilitarismo con esto, de hecho, con todo el uso del lenguaje en general…

    Un saludo.

    • Autor
      Carlos Martínez García 6 meses

      Muchas gracias, como siempre, por tu aportación, @pablomp. Lo cierto es que, en muchas ocasiones, los propios hispanoamericanos dicen hablar «castellano». Se trata de actitudes lingüísticas bastante curiosas, que a veces es complicado saber si son provocadas por prejuicios político-sociales o se han generalizado extensivamente por la población.

      Sea como fuere, ¡un dato muy interesante! Lo apunto.

      Un saludo.

  2. Adrián Valbuena Izquierdo 6 meses

    Muy interesante esto, Carlos, enhorabuena por el análisis con tantas fuentes.

    Yo por mi parte empleo Español en términos internacionales, y castellano cuando me refiero al que hablamos en la Península Ibérica.

    Preguntándome por qué, ahora recuerdo que es por mi estancia en Estados Unidos. Allí algunos compañeros que estudiaban español, me preguntaron por las diferencias que tenemos al hablar con los hermanos hispanoamericanos, y sobre cuál era más conveniente aprender.

    En esos casos sí que utilizaba «castellano» para referirme al que yo hablaba, y les respondía que dependía de gustos y preferencias personales. Del mismo modo, estudiantes Erasmus me han dicho que «han preferido estudiar castellano», así que parece que sí que resulta útil como distintivo del ibérico frente al americano.

    Lo dicho, ¡interesante artículo!

    Un saludo

    • Autor
      Carlos Martínez García 6 meses

      Muchas gracias a ti también, @adrian, por tu comentario y tu atención. Lo cierto es que se trata de un mero artículo de opinión, que, sin ser exhaustivo, pretende generar precisamente esto: vuestros comentarios. Así que muy acertado, por tu parte.

      Por lo demás, me apunto tu comentario sobre los alumnos Erasmus; la verdad es que, en mi caso, nunca he escuchado el uso de «castellano» en su habla; quizá depende de si son hispanohablantes no-españoles (p. ej., venezolanos, salvadoreños, etc.) o aprendientes de español no-españoles (p. ej., suecos, daneses, alemanes, etc.). En la cuestión entran en juego más factores extralingüísticos de los que pensamos…

      Gracias por tu interesante comentario.
      Un saludo.

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