Un cóctel explosivo de pesimismo y malos resultados hacen saltar las alarmas

 

[IMPORTANTE: El contenido de este artículo está ligado a la actualidad del momento de su publicación, sus conclusiones probablemente no sean aplicables en un futuro distante a la misma]

 

“¡Oh dios mío! Otra vez no” Seguramente, para el lector común poco familiarizado con el funcionamiento de la economía y la actualidad de la misma, estas palabras u otras de similar índole se le vengan a la cabeza al ver el título del presente artículo. “¿Pero no había quedado eso ya atrás? Si la recuperación económica era sólida… ” posiblemente sea lo que venga a continuación. Por desgracia, parece que los nubarrones de tormenta asoman de nuevo en la economía mundial. ¿Estamos ante un mero frenazo o es inminente un accidente de tráfico macroeconómico? Las señales que emite la economía en estos momentos son algo ambiguas, y es difícil decirlo a ciencia cierta. Por ello, en el presente artículo se va a efectuar una breve radiografía de la economía mundial para tratar de dilucidar en qué estado se encuentra el paciente, y de esta manera emitir un juicio, a opinión del autor como economista, de si deberíamos esperar una nueva crisis pronto.

Antes de nada, aclarar que, dada la naturaleza del tema, es imposible no abordar la dinámica económica. Aun así, se ha escrito pensando en la accesibilidad para gente inexperta en el tema. Avisado queda, a partir de aquí, vamos a hablar de economía.

Si el río suena, agua lleva. En este conocido dicho popular podría resumirse la actual situación de la economía mundial. Es un hecho: las economías, sobre todo occidentales, enfrentan dificultades tras encadenar meses y meses de desaceleración del crecimiento. Decepción es la palabra más repetida por economistas y otros expertos sobre los datos macroeconómicos recientes: crecimiento del PIB, creación del empleo, producción industrial, volumen de exportaciones, tasa de inflación…

 Este fenómeno se da ya en todas las principales economías: USA, la Unión Europea, China, Australia, Japón, Brasil, México…. Los entes institucionales emanan pesimismo a espuertas en sus pronósticos de crecimiento para el futuro próximo, todos revisan a la baja sus expectativas regularmente: FMI, Banco Mundial, los distintos Bancos Centrales, la Comisión Europea para la Eurozona, la AIReF o la Patronal en España…

Mientras tanto, los mercados empiezan a descontar de las valoraciones bursátiles un escenario recesivo, lo que se refleja en las caídas de las valoraciones de las acciones en bolsa, o la presión alcista sobre la prima de riesgo y los intereses de la deuda. Ambos fenómenos acumulan ya a sus espaldas un año de duración, y sumando. Esta situación de inestabilidad financiera y volatilidad contrasta fuertemente con el escenario previo de calma y predictibilidad, de mercado alcista que encadenó años de subidas casi ininterrumpidas. Es un hecho, endeudarse es cada vez más complicado, y mientras las bolsas mundiales viven un vaivén continuo que las ha mantenido en niveles casi idénticos a los que tenían a fecha de febrero de 2018, cuando la tormenta estalló. Si la evidencia aun no era suficiente, el célebre indicador VIX (más conocido como “el índice del miedo”, el cual mide la variabilidad en las valoraciones que los activos cotizan en el mercado) se ha disparado durante los últimos tiempos.

A fin de poner al lector en situación, ahora mismo la opinión de los economistas se divide entre 2 corrientes: por un lado, está quien ve debilidades fundamentales (no meramente temporales) en las economías y vaticina una recesión, bastante severa en algunos casos. Dentro de esta corriente, los hay que incluso sostienen que en realidad la recuperación no fue tal, y la gran crisis de 2008 nunca se superó realmente, de modo que ahora enfrentamos la segunda fase de un cataclismo sistémico. En el otro extremo, tenemos a quienes no pueden negar la evidencia clara de debilitamiento económico, pero no ven tan clara una nueva crisis. En este caso, se habla más bien de desaceleración, o moderación, del crecimiento. Entre este grupo, además, hay quien sostiene que estamos ante un fenómeno temporal, u otros que hablan de estancamiento para largo.

A continuación, vamos a desgranar la situación en las principales economías y sectores clave, ya que unos datos demasiado agregados o generalizados pierden potencia explicativa. Viendo los puntos críticos, se podrá diagnosticar cuan grave es la situación:

ESTADOS UNIDOS

Cuándo en las elecciones celebradas en 2016, el candidato republicano Donald Trump se alzó vencedor, más de uno creyó que era el día del apocalipsis. Desde antes ya de su llegada, hubo una incansable campaña de descrédito de su capacidad de gestionar la economía, y desde que empezó su mandato innumerables “gurús” vienen vaticinando una recesión en los Estados Unidos.

Para incomodidad de estos sectores, la economía de la primera potencia mundial vive actualmente un momento dulce, pareciendo inmune a la desaceleración. El cuadro macroeconómico es extraordinario: un crecimiento fuerte de más del 3% durante los 2 últimos años, y tras un ciclo expansivo de casi una década, muchas de sus grandes multinacionales presentaron resultados históricos en el 2018, la inflación evoluciona estable cercana al 2%, hay pleno empleo con una tasa de paro del 3,4% (como los economistas saben, pleno empleo no es 0% de paro. Hay motivos como hijos, transiciones laborales u otros que mantienen un leve paro temporal estructural) y salarios que crecen a un ritmo superior al 2%, por encima de la inflación.

Además, es el único país avanzado en el que actualmente los tipos de interés no son negativos, aunque se encuentren en un modesto rango del 2-2,25%, ya es una señal de fuerza. En suma, una situación envidiable y muy equilibrada. En cuanto a los impuestos, la rebaja ha sido mano de santo para USA y, “paradójicamente”, se recauda más ahora que antes de la misma (Curva de Laffer).

Como decía, sigue habiendo “visionarios” clamando la desaceleración, como la propia FED, pero me hace gracia que no sean tan detallistas comentando que en los últimos años de la presidencia de Obama, el crecimiento en USA se había moderado a un 1,4% raquítico, menos de la mitad que el actual… En fin, que los fundamentos de la economía americana son muy sólidos ahora mismo, y lo que lleva a pensar en una caída es el anti-trumpismo existente, más que un verdadero razonamiento económico.

RUSIA

Junto a USA, Rusia es el único país que está logrando capear la desaceleración. No sólo eso, sino que ha logrado alcanzar un crecimiento del 2,3% durante 2018, lo cual no sólo supone una aceleración respecto al ejercicio previo, sino que constituye su mejor dato en 6 años. Para 2019 el pronóstico es de 2%.

Estos datos se han apoyado en la capacidad de aprovechar el detrimento del comercio internacional para ganar nuevas oportunidades de exportación, un pequeño boom del sector de la construcción y el tirón del turismo gracias a la celebración del mundial de fútbol. Sorprende el escaso impacto del declive del petróleo (véase más adelante), si bien es cierto que en este 2018 ha habido repuntes exprés que han contribuido a minimizar daños, que el país ya tiene cerradas muchas transacciones previamente gracias a alianzas políticas, y que Rusia también es rica en gas natural, recurso que no comparte los problemas actuales del crudo.

El país liderado por Vladimir Putin lleva ya muchos años encadenando un crecimiento lento pero sólido, fruto sin duda de la perpetuación de Putin en el poder, que le ha permitido llevar a cabo una intrincada estrategia a largo plazo para su país. Al César lo que es del César. La eficacia de su método se basa en la estabilidad y el orden, canalizando el gobierno los flujos de tecnología y capital hacia allí donde sus intereses requieren. Además, su habilidad de proteger a sus empresas de las sanciones y los acuerdos negociados con países aliados como Irán han protegido la economía rusa de las adversidades. Todo esto ha logrado consolidar una tendencia ascendente, lenta pero firme, que posiciona al país en una situación de fuerza inusitada. Dada también su casi nula deuda pública, Rusia no sólo no se vería muy dañada por una eventual crisis, sino que podría salir muy fortalecida de la misma. En palabras de Putin, “La gallina come el arroz lentamente, grano a grano, pero con paciencia y persistencia eventualmente se lo acaba”.

En definitiva, todo parece indicar que Putin ha logrado hacer a su país fuerte de nuevo, y Rusia está preparada para volver a la primera división en un futuro.

CHINA

El gran gigante asiático, el aspirante a nueva gran potencia mundial. Ha encadenado más de 40 años de crecimiento espectacular, muy apoyado en las exportaciones competitivas por la mano de obra barata. Sin embargo, lo cierto es que el gigante estornuda, lo que es síntoma de resfriado. Las dificultades de China se vuelven claras.

Durante 2018, finalmente, China enfrentó la temida desaceleración. Desde la crisis de 2008 el país lleva mostrando debilidad, cuándo antes de la misma crecía a ritmos superiores al 10%, luego en 2017 tuvo un acelerón aprovechando los vientos de cola mundiales, hasta el 6,8%, y ahora en 2018 ha bajado al 6,5% de nuevo. Además, este dato está proporcionado por el propio gobierno chino, que no es la más fiable de las fuentes por su transparencia, de modo que probablemente la realidad sea aún más dura. La locomotora china lleva años quedándose sin combustible, pero ahora empieza a ser evidente. Y esto supone un problema a la economía global, ya que el país asiático es actualmente uno de sus principales motores, considerado la fábrica del mundo.

Estos problemas no son temporales, sino síntomas de un modelo en crisis al que le urge reinventarse. En primer lugar, con la mejora que evidentemente iba a acabar llegando del nivel de vida, el coste salarial sube. Las exportaciones sufren debido a esto, y si además se añade la presión arancelaria de USA, peor aún. La estrategia de exportación barata mediante abusos a trabajadores pobres ya no funciona en un país cuyos trabajadores ya cobran mejor que otros países menos desarrollados que pueden abusar mejor de esta técnica. China necesita apostar por la producción de bienes de alto valor añadido y el salto al club de los países ricos, o se quedará atrapada en la famosa trampa del ingreso medio, un punto intermedio donde no aprovecha las ventajas ni de ser rico ni pobre, simplemente se estanca. Y su ingente cantidad de población no ayuda con esto.

Para ello, China necesita una transformación tecnológica y educativa completa, además de infraestructuras de las que carece. Con este propósito, el gobierno ya ha puesto en marcha 2 ambiciosos planes de largo plazo: Made in China 2025 y La nueva ruta de la seda. Ambos son una apuesta importante, ya que suponen apuestas multimillonarias que queman los ahorros obtenidos durante décadas, pero de triunfar sacarían a China del estancamiento y la trampa del ingreso medio. Habrá que ver cómo se comportan en los años venideros, pero desde luego no han estado exentos de críticas y oposición por parte de algunos países, con USA a la cabeza.

Otros problemas adolecen la economía china. El endeudamiento público está subiendo exponencialmente, se estima que producir una unidad de PIB chino conlleva casi 3 unidades equivalentes de deuda actualmente. Además, la burbuja inmobiliaria no estalló en 2008 como en el resto del mundo, y corre riesgo de hacerlo ahora ante la creciente dificultad del chino medio para costear la vivienda. Y la inestabilidad financiera golpea el país, que sufre severas caídas en sus índices bursátiles y un creciente obstáculo con el denominado shadow banking. Como colofón, las crecientes críticas por espionaje al gobierno chino están causando escándalos a las compañías que este participa, dañando seriamente la confianza en estas (caso Huawei) y esto no ayuda precisamente.

JAPÓN

El país nipón lleva años sumergido en un fenómeno conocido ya como japonización de la economía, cuyo nombre se debe a que es la primera vez que se da en ningún lado. Esta consiste en un estancamiento crónico, con un crecimiento raquítico que apenas llega al 1%, una elevada deuda pública (236% del PIB!!!), un envejecimiento poblacional intenso y una política monetaria ultra expansiva que, sorprendentemente, no logra evitar un proceso deflacionario permanente (deflación = caída de precios)

Lo bueno es que esta situación es estable, Japón lleva desde los 90 en ella, ni la crisis de 2008 ni las turbulencias actuales la han alterado. Para ser optimistas, Japón está a la vanguardia en innovación y progreso tecnológico, lo que podría en un futuro próximo repuntar su productividad solucionando problemas como la escasez de trabajadores o eventuales dificultades con la deuda. Es su apuesta para estimular ese crecimiento debilitado y manejar el invierno demográfico. Ya veremos qué tal les va. Lo que sí es cierto, es que Japón es una de las 5 mayores economías del mundo, por lo que su caída podría ser un buen shock para el resto, y en esta situación que se halla, teniendo en cuenta que la tecnología es una apuesta a futuro, ahora mismo es muy vulnerable a una crisis, que de darse tendría un efecto letal en el país.

AUSTRALIA

Es cierto que Australia no es, ni de lejos, una de las economías con más peso del mundo. Pero la incluyo porque su situación es muy ilustrativa de lo que ocurre en la economía mundial. Estamos hablando de un país que viene logrando algo extraordinario: un ciclo expansivo de 30 años, y sumando. Esto no es ninguna tontería, se han tomado las decisiones muy inteligentemente, de modo que ni la crisis de 2008 le afectó apenas.

Por ello, choca ver una desaceleración en el crecimiento de su PIB en 2018. Su principal socio comercial, China, está sufriendo, y ese sufrimiento se contagia a la economía australiana. Además, al igual que en China, la burbuja inmobiliaria que no estalló en su día amenaza con hacerlo ahora. Desde luego, la ruptura de este impresionante ciclo de crecimiento sería un duro golpe a la moral económica.

EUROPA

Europa, la cuna de la civilización occidental, también podría convertirse en la cuna de su próxima crisis. Esto no es ninguna broma. De todas las áreas comentadas, la eurozona es la peor parada. De hecho, más allá de mera desaceleración, la crisis aquí ya está prácticamente llamando a la puerta. Desgranemos:

Alemania, la locomotora europea, ha sufrido una caída de su pmi (producción industrial) hasta el 44,7, nivel de su última recesión. Su economía no oculta la desaceleración, creciendo en 2018 a un tímido 1%, casi estancada. Las previsiones de este año son peores. La industria alemana sufre serias dificultades y cuellos de botella en sectores específicos de gran relevancia. Y todo ello a falta de saber si Mr Trump aprobará aranceles del 25% al automóvil europeo… El país germano podría entrar en recesión este mismo año, y si la locomotora frena el tren europeo entero descarrila.

Francia, sumida en plena crisis de los chalecos amarillos, sufre un fuerte deterioro de la demanda que provoca una caída del consumo, lo que afecta negativamente al PIB y a la actividad comercial. Otro que tal baila. Si Alemania no produce y Francia no consume, el euro no tardará en sufrir las consecuencias. De momento lleva ya un tiempo que no levanta cabeza en sus caídas frente al dólar.

Hablemos del equipo local, hablemos de España. Para nuestro maravilloso ejecutivo actual, todo es espléndido, vivimos en el mundo de yupi y España es una de las primeras potencias mundiales y lidera el crecimiento en Europa. La realidad, me temo, difiere seriamente de los esquizofrénicos sueños de un presidente que parece haber perdido cualquier tipo de contacto con la realidad. Mientras se dedica a tonterías como resucitar a los muertos y querer poner fecha de defunción al automóvil, sector que aporta cerca del 10% del PIB nacional, la recesión llega a España. En 2018 el PIB cayó del 3,3% anterior a un 2,5%, según datos oficiales, que apestan a sobreoptimistas desde la Antártida. Tras esta fuerte desaceleración, de los componentes del PIB, los 2 realmente importantes, consumo e inversión, registran fuertes caídas. Mientras, el gasto público, no ha hecho más que crecer en más de 17 000 millones.

En yupilandia nos encanta aumentar subvenciones y paguitas, contratar aún más funcionarios, y gastar más y más en tonterías superfluas (¿por algo se conoce al presidente como falconeti verdad?) mientras destruimos empleo a espuertas con una subida del salario mínimo demencial, totalmente desligada de la evolución de la productividad, y paralizamos inversiones buenas para el país con la incertidumbre de amenazas continuas de nuevos impuestos. Mientras el paro sube en el sector privado, el engañoso dato de desempleo se maquilla con los nuevos empleados públicos contratados y los empleos que se crearon a principios de 2018.  Eso sí, para cubrir estos gastos adicionales, la subida de ingresos ni existe ni se la espera, lo que está disparando el déficit de un país con una deuda pública próxima al 100% del PIB. Con elecciones a un mes vista, esperemos que los españoles voten con la cabeza y no con el corazón. Con un gobierno tan desquiciado en plena nueva crisis, Dios nos asista.

Pero la peor parada es, sin duda, Italia. Con una deuda pública del 136% del PIB, ni más ni menos, el gobierno acaba de aprobar una renta básica universal, que disparará el gasto del país, y entonces su dificultad para repagarla, y entonces su prima de riesgo, y entonces el mercado ya no querrá bonos italianos… El perfecto déjà vu griego. Si semejante temeridad no fuera ya un suicidio garantizado, para mejorar las cosas, el sector bancario corre peligro de requerir un rescate (otro más sí) y, durante 2018, el país decreció a un -0,2%, entrando oficialmente en recesión técnica. El prospecto para el presente año no es más halagador… Mis condolencias a los italianos.

De este modo, con las grandes economías del euro en apuros, y el resto estancándose, la eurozona, que ya sufrió una desaceleración brutal en 2018, es el perfecto candidato a entrar en recesión este 2019. Y siendo un bloque económico de tanto peso, esto podría prender la mecha a nivel global. Ni hablemos ya del riesgo, no tan exagerado, de ruptura del euro en este escenario. Y por supuesto, del gran colofón: un brexit que a cada día que pasa tiene más papeletas de ser caótico. Sin duda el trabajo de la socialdemocracia europea ha sido espléndido y concienzudo. Aplausos.

SECTOR DEL PETRÓLEO

Posiblemente el sector más importante de la economía hoy por hoy, está asistiendo en los últimos años a una restructuración total. Tras 30 largos años de dictadura de la OPEP, en 2012, un rebelde se alzó contra ellos. Fueron los USA, y lo hicieron de la mano de una innovación que ha cambiado las reglas del juego: el fracking, o shale oil. Una nueva técnica de extracción de petróleo que permite acceder a yacimientos antes inviables, y ha sido realmente prolífica en la Cuenca Pérmica de Texas.

En 2014, la OPEP hundió los precios con el objetivo de eliminar a estos nuevos competidores del mercado, pero la eficiencia de estos nuevos productores para reducir costes ganó el pulso, suponiendo un punto de inflexión para el crudo. Desde entonces, la OPEP ha perdido cuota de mercado progresivamente, y con ello influencia, mientras nuevos productores de shale oil aumentan más y más su capacidad de producir, y barato. Se habla incluso de una segunda revolución del fracking para 2022. En suma, USA está ganando la batalla, y el precio del crudo no ha logrado volver a recuperarse desde el pico de más de 100 dólares por barril que alcanzó en 2011. Hubo breves destellos en 2018, pero fueron pasajeros.

Lo cierto es que la OPEP está intentando recortar la producción para subir los precios, pero la capacidad inacabable de aumentar la producción de USA, y Canadá y Brasil, los países del shale oil, está frustrando todos sus esfuerzos, y haciéndoles perder cuota de mercado. USA ya se ha consolidado como primer productor mundial, adelantando al ex líder, Arabia Saudí, la Cuenca Pérmica produce ya más barriles diarios que Irán y Venezuela juntos, y para finales de año se estima que USA logrará el hito de ser por primera vez autosuficiente en petróleo, y exportador neto.

Por otra parte, con la desaceleración económica, la demanda mundial de petróleo se merma, lo que reduce los precios también. Además, con la creciente capacidad de producir energía mediante fuentes alternativas, el atractivo de un petróleo caro se pierde. Todo esto dibuja un escenario de mercado de petróleo barato para el futuro próximo. Y esto es un problema para algunos países cuya economía depende esencialmente de la exportación de petróleo, pero para el resto del mundo es maravilloso: gasolina más barata, menor factura de la luz, y el menor coste energético para las empresas ayuda a contener los precios.

APLANAMIENTO DE LA CURVA DE TIPOS

Ah, la famosa curva de tipos… También conocida como “el predictor de recesiones”, pues ha predicho todas las recesiones económicas excepto una en Estados Unidos durante los últimos 65 años. Se ha vuelto muy popular entre los economistas como bola de cristal para ver venir crisis. Esta curva, básicamente, consiste en un gráfico en el que se refleja la evolución temporal de las expectativas del mercado para los tipos de interés. Dicho de otro modo, refleja los tipos de interés que se esperan a corto y largo plazo.

Pero, ¿qué tiene esto que ver con una crisis? Lo aclaro brevemente: Lo normal, en condiciones económicas sanas, es que la curva sea ascendente, es decir, los tipos de interés futuros sean mayores que los presentes. El porqué es sencillo, si se espera crecimiento económico futuro, el tipo de interés sube para incentivar el ahorro (conteniendo la inflación) y la inversión, ya que cabe esperar mayor rentabilidad de esta debido a las vacas gordas.

Sin embargo, si la curva se aplana o invierte, esperar menores tipos supone de manera natural esperar menor crecimiento. Al fin y al cabo, en tiempos de crisis, lo primero que hace un Banco Central es bajar los tipos de interés para desincentivar el ahorro y estimular el crédito fácil y el consumo.

Pues en esas nos encontramos en estos momentos, para finales de 2018, la curva de tipos de USA se había invertido claramente, y en Europa y otras partes estaba aplanada. Veremos qué tan infalible resulta el predictor en esta ocasión…

POLÍTICA MONETARIA

La situación de los bancos centrales y su política monetaria en los últimos años se puede describir en una sola palabra: caos. Cada uno va a su bola, cuando tradicionalmente su acciones iban alineadas, y no logran quitarnos, por muchos discursos ultra-convincentes estilo whatever it takes de Mario Draghi, la sensación de que se están dando palos de ciego.

La situación es la siguiente: si realmente la recuperación fuera tal, lo normal es llevar a cabo lo que se conoce como normalización de la política monetaria, esto es, tipos de interés altos y fin de la inyección de dinero a la economía, ya que no sigue siendo necesario, de hecho es incluso pernicioso. Sin embargo, esto no está ocurriendo así del todo, y sólo USA se ha atrevido por ahora con una tímida normalización. En Japón ya se ha asumido prácticamente que va a haber una política monetaria laxa por mucho tiempo, y en Europa el BCE no ha hecho más que vender humo a medida que ha ido retrasando la normalización una vez tras otra. Primero iba a ser en 2018, luego principios de 2019, luego verano de 2019, luego Navidad de 2019, luego en algún momento de 2020, ahora se deja en el aire indefinidamente…

El motivo de esto está claro, y es el elevado nivel de deuda pública que mantienen los Estados hoy en día, en niveles que rondan el 90%-100%, en algunos casos incluso más. Laxitud monetaria y tipos 0, o incluso negativos, suponen que el pago de esa deuda es mucho más fácil. Ahí el dilema de la banca central, la economía creciente pide normalización, pero las cuentas públicas piden condiciones laxas.

El problema es que esta situación no parece resolverse, puesto que esta deuda, lejos de saldarse, crece año tras año. Y esta política, como se ha dicho, de mantenerse antinatura, es dañina. Dañina para los bancos, pues del tipo de interés depende la rentabilidad de sus préstamos (lo que provoca mayores comisiones y restricciones a la concesión de crédito), dañina para los ahorradores, dañina para la estabilidad financiera puesto que la búsqueda de fuentes de rentabilidad alternativa lleva a la creación de burbujas, dañina para todos a través de la inflación… Pero sobre todo, dañina porque zombifica la economía. La posibilidad de endeudarse barato no sale gratis, y este incentivo pernicioso lleva a abusos que acaban por causar sobreendeudamiento, el cual hace a su vez que subir tipos sea más difícil, lo que causa más y más deuda… Un círculo vicioso del que es difícil salir y que aniquila la autonomía económica de particulares y empresas, que se vuelven dependientes del chute de liquidez de los bancos centrales. Un juego muy peligroso, en definitiva.

Ante esta situación, el futuro que se nos plantea no es halagador en absoluto. Lejos de plantearse soluciones, se están debatiendo formas de volver aún más laxa la política monetaria, mediante herramientas no convencionales, como las llaman. Ya se sabe que un adicto, cuanto más consume su droga, mayores dosis y más frecuentes necesita ya que la tradicional se vuelve insuficiente. Algunos nombres que se escuchan son LTRO, helicóptero de liquidez, que el Banco Central aparte de bonos compre acciones… Sinceramente, no sé dónde nos va a llevar todo esto, pero en mi humilde opinión, es ya enfermizo. Lo que se está creando yo gusto de denominarlo economía ficción. Una auténtica vendida de humo en la que se crea dinero de la nada, sin conexión alguna con la producción y la riqueza reales de la economía. El valor de este dinero, una fantasía, un castillo de naipes. Desde luego, hablando de ficción, esto ya parece de película más que la realidad.

GUERRA COMERCIAL

Sin duda el gran quebradero de cabeza de economistas e inversores el último año. Si bien no es más que una amenaza potencial, la escalada aún es bastante contenida. Por lo tanto, echarle la culpa de la desaceleración me parece ridículo, una excusa fácil para obviar otros de los problemas antes mencionados. De hecho, históricamente, las guerras comerciales nunca empiezan una crisis, pero sí que pueden empeorarla, y muchísimo. Véase el caso de la gran depresión de los años 30.

Lo cierto es que la administración estadounidense de Donald Trump ha iniciado una escalada de tensiones comerciales. Algunos dicen que es un giro proteccionista. A mí, la verdad, me parece lo contrario: una maniobra de presión para desbloquear las negociaciones comerciales que llevaban 15 años atascadas en el ineficiente sistema de la OMC, en el marco de la ronda de Doha. Lo cierto es que Trump y sus asociados han reiterado que su objetivo es la reducción total de aranceles y otras barreras, en el 2018 ha habido mayor volumen de negociaciones para eliminar barreras que en la última década, y USA con Trump al frente ya ha firmado nuevos acuerdos con Corea del sur o Australia, renovado el NAFTA con Canadá y México, y mantiene conversaciones con muchos otros países como Japón.

Y no olvidemos que esta renovada presión ha surgido ante la falta de buena fe de ciertos países (ejem China) que han incumplido sistemáticamente sus compromisos, y llevado a cabo malas praxis como las restricciones a la inversión, la obligación de contar con un socio local para operar en su mercado, la transferencia de tecnología forzada, la violación de patentes y propiedad intelectual, o el dumping. Ni que la OMC y el sistema multilateral de negociación se han mostrado incapaces de lidiar con estos asuntos. Aún con todo, se puede criticar que en una negociación bilateral, prevalece la fuerza del país más potente, cosa que no ocurre en una multilateral, y se acusa a USA de abusar en este sentido. Y sin duda, tal conflicto sería peligroso, se juega con fuego.

Así las cosas, el foco está en la negociación entre USA y China. De momento, se ha extendido 2 veces ya, y no se puede decir a ciencia cierta si está bloqueada o está habiendo entendimiento mutuo. La información apenas gotea, y es ambigua. Me temo que sólo se puede esperar y ver qué sucede, si hay acuerdo. Lo cierto es que puede pasar cualquier cosa. Puede no haberlo, porque las exigencias americanas son considerables y China no está dispuesta a que la mangoneen, y USA tiene un interés estratégico, como primera potencia mundial, en contener el auge de su principal adversario por el título, por lo que no aceptará un acuerdo cualquiera. Pero también puede haberlo, ya que China, como comentamos antes, no está en su mejor momento para encarar una guerra comercial que podría serle letal, y USA celebra elecciones presidenciales el año próximo, de modo que Trump está muy interesado en semejante victoria con fin electoral.

Por último, pero no menos importante, se subestima la posibilidad real de una guerra comercial entre USA y la Unión Europea. El pasado julio, en una desesperada cumbre de última hora, Juncker y Trump acordaron una tregua en la escalada. Pero ahora que USA finaliza las principales negociaciones que tenía en marcha, vuelve aponer la lupa en Europa. Y lo cierto es que no ha habido avance alguno entre ambas partes en este tiempo. Trump no está contento, y amenaza con un arancel del 25% a los coches europeos, sin duda un duro golpe a la industria europea, especialmente la alemana. Él valora mucho la importancia del automóvil americano, pero como él mismo dice, “difícilmente podrá Chevrolet competir con Mercedes, la aceptación nunca será igual”. A esta reticencia se suma la negativa en redondo de la UE a negociar nada relacionado con el sector agrícola, protegido en el bloque por la PAC (una política profundamente proteccionista e intervencionista, por cierto) Los tambores de guerra siguen sonando…

 

VEREDICTO

Lo que viene a continuación es, y debe entenderse como tal, la opinión del autor en base al conocimiento de causa que posee del tema. La economía no es una ciencia exacta, y yo personalmente soy de los que concuerdan con Galbraith:

La previsión económica sólo sirve para hacer de la astrología una disciplina más respetable”.

Aquí a final pueden pasar cosas inesperadas y dar un vuelco la situación. Dicho esto, el panorama es complicado. Claro que si las crisis fueran fáciles de predecir no las habría. Según lo expuesto, creo que está claro que Europa va a entrar en recesión próximamente, casi seguro, posiblemente antes de que concluya el año. Cómo de profunda será esta, dependerá de las decisiones de política fiscal y monetaria, y de la guerra comercial. En cuanto a USA y Rusia, dudo que vayan a caer en desgracia. Sería posible una desaceleración en USA, como la curva de tipos predice, pero creo que esto dependerá en gran medida de lo que ocurra a nivel comercial, pues podría compensarlo, o bien agravar una “leve” frenada.

A Japón no creo que vaya a contagiársele ninguna crisis, ya que queda fuera de la trifulca comercial, y está enrocado profundamente en su situación actual. Por lo tanto, en mi opinión, la clave aquí es China. Si sólo cae Europa, el efecto contagio a la economía global sería duro pero superable, y todo podría quedar en una caída en el bloque. Pero si China cae también, y no es nada descabellado, especialmente si sigue una guerra comercial que está dañando su economía bastante, entre ambas regiones suman un peso demasiado importante para la economía mundial, y un mundo que está en desaceleración dudo que pudiera con ello (recordemos que yo sólo he hecho hincapié en zonas clave, pero américa latina u otros países emergentes también tienen sus propias dificultades) Por ende, todos atentos al gigante chino, pues será decisivo.

 

ANEXO

Una reflexión final. Mejor dicho, un warning. Señores, en los últimos 20 años, la deuda mundial se ha triplicado. Actualmente, supera el 300% del PIB global. Como dicta el sentido común, si tus pasivos superan a tus activos, ergo tus deudas superan a tu capacidad de pagarlas, significa la quiebra técnica. Y la economía mundial, hace años que está en bancarrota.

 La mayoría de estados del mundo mantienen unos niveles de deuda insostenibles, en varios casos bastante superiores al 100% de su PIB. Las empresas por su lado sufren la zombificación de la economía mediante más deuda todavía. Esta situación claramente es insostenible, y lo único que mantiene en pie este castillo de naipes es un esquema ponzi en el mercado de deuda (la deuda que va a vencer se financia con nueva deuda, y esta a su vez con más deuda en un futuro, y así indefinidamente de modo que nunca se repaga la deuda realmente, sólo se escurre el bulto mientras esta se acumula) que ha dado lugar a la madre de todas las burbujas financieras. Tenemos un auténtico monstruo entre manos, cuyo estallido puede traer consecuencias incalculables, dando lugar a una crisis sin precedentes. Y no se equivoquen ustedes, no se puede vivir eternamente del cuento. Las burbujas siempre estallan, tarde o temprano.

Un ejemplo de las consecuencias de una crisis de deuda es Grecia. El país tuvo que renunciar a parte de su soberanía nacional para ser duramente intervenido por entes internacionales que fijaron por ellos sus impuestos, pensiones, límites de efectivo en los cajeros, el gasto público… Y ello con un acuerdo de estabilidad con el que el país se ve forzosamente comprometido para los próximos 50 años. Claro, la otra alternativa era la quiebra del Estado, lo que supone adiós a las pensiones, la sanidad, la educación, la policía, los juzgados…

¿Suena a historia de terror, verdad? Para que reflexionen, la deuda griega era de 400 000 millones “sólo”. En España, son 1,1 billones, el 98% del PIB. En Italia, 2,6 billones, el 136% del PIB. En Japón, el 236% del PIB. En USA, la poderosa cifra de 17 billones.

Ustedes decidirán si les parece algo a tener en cuenta o no. Pero ante la irresponsabilidad de nuestros políticos de ser claros con el tema y proponer soluciones, tengan claro que es responsabilidad nuestra introducir esto en el debate público. Si no lo solucionamos ahora, esto solo irá a peor.

En relación a la potencial nueva crisis, no veo un riesgo inmediato de que estalle la burbuja de deuda, siendo esta la causa de la crisis. Desgraciadamente, es más difícil negar que una crisis no pueda reventar el delicado equilibrio de la deuda. De este modo, lo que sería una recesión más, posiblemente pasajera, podría convertirse en el mayor desastre mundial de lo que va de siglo.

Señores, hago un llamamiento. Dejemos de votar con el corazón y pedir gilipolleces al gobierno. El gasto público no es la receta mágica para todo, y el Estado puede quebrar (ya ha pasado más veces, que no os engañen) Esto es uno de los mayores problemas que hay en la actualidad. Podemos aprender la lección por las buenas, o por las catastróficamente malas. ¿Estaremos a la altura del reto? Quiero pensar que sí.

 

 

Gracias por llegar hasta este punto, espero no haberos asustado demasiado con este final. Siempre hay soluciones a todo, si se toman las decisiones adecuadas. También espero haber aclarado tu incertidumbre sobre la nueva crisis. Y con esto concluyo, un saludo.

 

AUTOR: Pablo Moral Pérez

3 Comentarios
  1. Adrián Valbuena Izquierdo 3 años

    Hay dos palabras para definir este análisis: sobresaliente y terrorífico.

    Un trabajo magnífico, ilustrativo y accesible. Secundo el llamamiento, y te felicito por este aporte, que tan bien resume, todo lo que cada vez pensamos más gente, fuera y dentro de la economía.

    Como nos han enseñado siempre, la responsabilidad, es por lo general muy justa, retribuyendo por su esfuerzo a los que la aceptan y castigando con miseria a los que miran a otro lado. Como decía Dante: «los rincones más oscuros del infierno, están destinados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis».
    Conociendo estas dos vías, es hora de elegir una, antes de que, la elección, no sea más que un punto luminoso atrapado en el pasado. Optemos por la luz, con toda su responsabilidad.

  2. Carlos Martínez García 3 años

    Coincido con @adrian en la definición del artículo: «sobresaliente y terrorífico». Y añadiría: «sobresalientemente terrorífico» y «terroríficamente sobresaliente» (acéptame la valoración).

    Considero que has cumplido uno de tus objetivos principales —muy relevante en estas publicaciones destinadas a un público general—: escribir un artículo accesible para legos en el tema, como yo, por ejemplo. He aprendido bastante acerca de la situación político-económica de los países expuestos. Gracias por ello; seguiré atento a tus publicaciones.

  3. Rodrigo Lázaro 3 años

    Mi enhorabuena por el artículo.
    Implacable y certero en un análisis estructurado, a la vez que bien definido, sobre un sistema actual sentenciado al fracaso (cosa que no a muchos les gusta oír). Pero como la historia nos ha enseñado: «errar es humano» (aún más si eres economista) pero aprender del error es la virtud que nos debe guiar en el camino correcto del orden y la prosperidad. Esperemos que nuestros líderes lo sepan ver.

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

CONTACTO

Si desea comunicarse con la administración, puede hacerlo a través de este formulario. (Los usuarios proporcionan su dirección en los perfiles) Un cordial saludo, EEM

Enviando

©2021 ElEfectoMedici

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?