Envidias en la Inglaterra del siglo XVI.

Imperiofobia y leyenda negra VII.

¡¡FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD PARA TODOS LOS ESPAÑOLES!!

Qué mejor que empezar este día tan grande para España, y para el mundo entero, como es el día de la hispanidad, con un artículo muy especial… El Imperio español de Felipe II, donde no se ponía el Sol. Veremos además, en este caso, cómo los ingleses han demonizado hasta el infinito a este Imperio por pura envidia.

Para comenzar, como siempre me gusta hacer, lo haremos con una cita de María Elvira de la página 53 de su libro que dice así:

«España pudo descubrir América y no hacer allí un imperio enorme. De hecho es posible que antes llegaran los noruegos, cosa que ellos, de manera tan insistente como ineficaz, quieren dar a conocer. Es muy posible que llegaran, pero eso no significó nada para nadie».

Esta frase es una gran respuesta al típico argumento totalmente desmontable de “es que Colón no descubrió América, él llegó allí, ya había gente antes y los maltrató quitándoles sus tierras y matándoles…”. Argumento sin duda bastante inútil y que muestra las carencias intelectuales sobre dicho tema del sujeto que lo menciona.

Lo más curioso de todo esto es que, el Imperio español otrora al igual que la España de hogaño, ha poseído siempre un germen interno. Un germen que son algunos de sus ciudadanos, dado que la Leyenda negra derramada sobre nosotros, por una parte cierto es que los extranjeros tienen mucho que ver, pero igual de cierto es que los propios habitantes nacionales han trabajado mucho para que esa propaganda antiespañola se propague. A colación de todo esto, propongo leer una parte de la página 55 del libro de María Elvira, a saber:

«Son sobre todo los historiadores romanos, aunque no únicamente, los que nos informan de los particulares de la propaganda antiimperial. Los romanos, como ahora los estadounidenses, tuvieron un acusado sentido de sus defectos, especialmente en política exterior. Esto a los españoles no debe extrañarles. Una parte notable de la propaganda antiespañola se ha alimentado de la autocrítica, que en nuestro país ha gozado siempre de muy buena salud, y mucho más en tiempos del imperio. Es posiblemente la única herencia viva que queda de él en la España de hoy».

A modo de anécdota y continuando con el tema que nos concierne, el Imperio español donde no se ponía el Sol, el hispanista Henry Kamen (véase el asco que nos tienen los ingleses -menos mal que en muchos sentidos es mutuo-), cuando habla de “Imperio” procura demostrar que el Imperio español nunca existió, ya que en cualquier situación histórica es posible ver que hay más gentes de otras naciones que españoles. En realidad, con esto señala una de las características fundamentales de los imperios: ser un totum revolutum de gentes diversas y en bastantes ocasiones desclasadas, o sea, una meritocracia.

La leyenda negra y la propaganda vertida contra el Imperio español llega a tales lares que incluso fray Bartolomé de Las Casas, como expone María Elvira en la página 76 de su obra, y como hemos expuesto en otras entradas, dijo cosas que sin saberlas como ciertas, han quedado en la mente como si lo fueran:

«Nadie levantó su voz en España para acusar a fray Bartolomé de Las Casas de verter acusaciones terribles a partir de medias verdades o de ninguna. También él estaba protegido por la barbacana de la integridad moral, puesto que era un hombre de la Iglesia. Fray Bartolomé fue escuchado y atendido en las más altas instancias políticas y sociales de su tiempo, exactamente igual que hoy lo es Noam Chomsky. Es conocidísimo el fragmento de la Brevísima relación de Bartolomé de Las Casas en el que acusa a los españoles de matar a niños y azuzar a los perros contra los inofensivos indígenas. Sirvieron de inspiración a los grabados de De Bry, que han dado la vuelta al mundo durante siglos. Luego resulto que el propio fray Bartolomé reconoció no haber presenciado estas atrocidades. Afirma que lo oyó decir y no puede precisar dónde ni cuándo sucedieron. En cuanto al número de muertos ocasionados por los españoles en América tenemos que, si dividimos los millones que fray Bartolomé dice por el número de españoles que llegaron a las Indias, cada español incluidos mujeres y niños tuvo que matar a unos catorce indios al día hasta la independencia de las repúblicas».

Para acabar este inicio a modo de presentación para el artículo sobre el Imperio donde no se ponía el Sol, me gustaría exponer lo que María Elvira muestra en su gran obra en la página 78, dado que vemos que las imperiofobias poseen todas un denominador común:

«El resquemor de vecinos y aliados puede ser mucho más intenso que el de un enemigo. Por esto las distintas imperiofobias se parecen tanto unas a otras, porque nacen del mismo pozo de frustración.

Pondremos un ejemplo muy concreto. Los italianos de los siglos XV y XVI achacaban a los españoles el ser inmorales y tener costumbres licenciosas. Dice Pontano: “son los valencianos, tanto jóvenes como viejos, inclinados a los amores y a los deleites”. Si hemos de creer algunos textos de la época, todas las putas que había en Italia en este momento eran valencianas. Naturalmente el que era valenciano era el Papa, y hacía muchísimo tiempo que solo había papas italianos. La lascivia de los soldado españoles era proverbial. No tiene ninguna importancia que esos soldados estuvieran allí muchas veces para proteger a Italia de invasiones, notablemente de los turcos, como tampoco una circunstancia semejante evitó a los soldados estadounidenses que estaban en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial ser acusados de lo mismo. La población británica solía repetir una especie de muletilla muy graciosa y ofensiva para referirse a ellos: “Están sobrepagados, sobresexuados y sobran”. Pero al menos parece que no sobraban».

Como hemos venido diciendo, en este artículo nos centraremos en el Imperio español y su enemistad, al menos a nivel propagandístico, con Inglaterra. Comenzamos con una parte del Discurso ante el Parlamento, en 1654 de Oliver Cromwell:

«En verdad, nuestro verdadero enemigo es el español. Es él. Es un enemigo natural. Lo es hasta la médula, por razón de esa enemistad que hay en él contra todo lo que es Dios».

Como ya hemos dicho, los italianos son los responsables de recurrir en primera instancia a la imperiofobia. Con Martín Lutero y el protestantismo se lleva al extremo la impiedad acometida por los españoles; para Martín Lutero son los españoles el mismísimo Demonio y Anticristo, son los hijos de Satanás (sin embargo, esto no ocurre en Italia; su imperiofobia reside más en el hecho de oscurecer el brillo del imperio para poner de manifiesto su superioridad). Es decir, el protestantismo es la causa por la cual la impiedad evoluciona a una especie de demonización. Por tanto, los italianos inician el proceso de la imperiofobia, y son los ingleses los que evolucionan ese carácter hacia una igualación de España y el Anticristo.

Como bien nos recalca la autora, estos datos son demasiado importantes como para dejarlos pasar, dado que el papel que juega Inglaterra con el tema de la imperiofobia, la propaganda antiimperial y la leyenda negra vertida sobre nosotros, arraiga fuertemente en Europa.

«La igualación de España y el Anticristo no es un detalle menor, sino un componente esencial para comprender el desarrollo de la leyenda negra y su enorme arraigo en Europa. Como señala Mark G. Sánchez, en su obra Anti-Spanish sentiment in English literary and political writing: “To understand the full implications… it is necessary to digress briefly and turn to the binary structure of Protestant thought at the beginning of Mary’s reign. For mid-century reformers such as Ridley, after all, history was a constant battle between «light and darkness, goos and evil, righteousness and unrighteousness, Christ and Belial» that would only end on the day the Whore of Babylon was destroyed and Christ would return to the world to command the last judgement”.

[Para comprender todas las implicaciones… es necesario hacer una breve digresión y volver a la estructura binaria del pensamiento protestante al comienzo del reinado de María. Para los reformadores de mediados del siglo como Ridley, después de todo, la historia era una batalla constante entre “la luz y las tinieblas, el bien y la maldad, la justicia y la injusticia…” que solo terminaría el día en que la Ramera de Babilonia fuera destruida y Cristo volviese al mundo para ordenar el juicio final].

(…) evidentemente “the Whore of Babylon” es la Iglesia y su nación defensora, España. El drama isabelino constituye un buen termómetro de la hispanofobia en la Inglaterra de la época. Si en el teatro italiano el antihispanismo había engendrado al Capitano Spavento, pomposo y camorrista, en el teatro inglés vemos aparecer al español como villano traicionero e hipócrita».

Los españoles son todos malvados, sin fisuras, cuyas maquinaciones se ven siempre descubiertas y desbaratadas por los héroes anglosajones, honrados y leales. El malvado español se convierte en un personaje corriente en los escenarios de Inglaterra y lo encontramos en El alquimista de Jonson, el Philaster de Fletcher, etc. En esta época en Inglaterra, como nos dice Richard V. Lindabury en su obra A Study of Patriotism in the Elizabethan Drama,  “el odio a España había alcanzado el grado de histerismo”.

La mención con la que continua María Elvira en la obra es una mención a Shakespeare, diciendo que hay grandes sospechas de que el gran dramaturgo fuese católico. Además, la autora expone en su pie de página número 269 una cita de D. Jorge Luis Borges en su obra El libro: “muchos países eligen individuos como sus representantes que poco tienen que ver con el propio país, por ejemplo en Inglaterra podría ser buena figura representativa el doctor Jhonson, empero ellos eligen a Shakespeare, y éste es el menos inglés de los escritores ingleses. Lo típico de Inglaterra es el ‘understatement’, es el decir un poco menos de las cosas. En cambio, Shakespeare tendía a la hipérbole en la metáfora, y no nos sorprendería nada que Shakespeare hubiera sido italiano o judío, por ejemplo”.

La obra de Shakespeare constituye una anomalía en el drama de su tiempo porque no hay en ella rastro alguno de anticatolicismo o hispanofobia.

La propaganda antiespañola existía desde Enrique VIII y eran alentadas por los sermones semanales en las iglesias anglicanas y fueron subiendo de tono cuando se produjo el levantamiento en los Países Bajos; Inglaterra tenía intereses en que aquella rebelión triunfara o al menos durara el mayor tiempo posible, y el apoyo que le prestó en su momento fue una de las razones, entre otras, que decidieron a Felipe II a enviar la Armada Española en 1588. Los Países Bajos están muy cerca de Inglaterra, al otro lado del canal, y esto ponía razonablemente nerviosos a muchos ingleses.

María Elvira quiere resaltar que era bastante común que en la propaganda antiespañola, los panfletos neerlandeses entre otros, el lenguaje fuese bastante vulgar y que solo el estilo italiano se molestó en ponerle un poco de elegancia, a saber:

«Debemos aprender a despreciar a aquellos magníficos “don Diegos” y “caballeros españoles” cuyas heroicas proezas son baladronadas y alardes, y ellos mismos, en su mayor parte sombras sin consistencia… ¿Qué humanidad, qué fe, qué cortesía, qué modestia y civilización podremos encontrar entre esta escoria de bárbaros? Mis afirmaciones pueden ser confirmadas por la comparación de su conducta con la nuestra, es decir, de sus vicios con nuestras virtudes, de su despreciable bellaquería con nuestra generosidad… comparando nuestra conducta con la de esta gente degenerada. La nación española es desleal, voraz e insaciable por encima de las demás naciones… La naturaleza y la índole de los españoles, en los que puede verse conjuntamente incorporados una taimada zorra, un voraz lobo y un rabioso tigre… El español es también un inmundo y sucio puerco, una lechuza ladrona y un soberbio pavo real… una legión de diablos… Colón nunca hubiera planeado este viaje si se hubiese parado a pensar en los hombres a quienes llevó… se convertirían al punto en leones, panteras, tigres y otras bestias salvajes… ¡Oh Turcos, oh Escitas, oh Tértaros! Regocijaos, pues cuanto mayor sea la crueldad de España, menos lo parecerá la vuestra!

España es y por siempre ha sido el sumidero, el charco y el montón más grande, enfangado y asqueroso de la gente más abominable, infecta y abyecta que jamás viviera sobre la tierra… La perversa raza de esos medio visigodos… estos semimoros, semijudíos y semisarracenos… ¿Reinarán esos marrones; sí, estos impíos ateos sobre nosotros, que somos reyes y príncipes?… Estos españoles con su insaciable avaricia, su crueldad superior a la de un tigre, su suciedad monstruosa y abominable lujuria… su lasciva y animal violación de matronas, esposas e hijas, su sin par y sodomítico estupro de muchachos jóvenes, que estos semibárbaros españoles han cometido».

Nunca se insistirá lo bastante en la importancia que tuvieron los predicadores protestantes en la lucha contra el imperio, en la creación de una opinión pública profundamente hispanófoba y en su perpetuación más allá de la vida de ese imperio. “Los textos más rotundamente exitosos de la leyenda negra proceden de españoles o son atribuidos a españoles” [por ejemplo, la obra Relaciones de Antonio Pérez en 1594, era ante todo un ataque personal a Felipe II, bastante inspiradas por la Apología de Orange… Afirma que el rey mató a su hijo Carlos –uno de los asuntos favoritos de la propaganda orangista-. Pero de nada le sirvió esta astucia a Antonio Pérez, dado que la Inglaterra isabelina no tenía como prioridad atacar a Felipe II. Empero, Orange sí que hubiese recompensado a Pérez mucho mejor porque ofrecía exactamente el producto que él necesitaba… puede verse claramente la diferencia entre los objetivos de Orange y de Isabel I.

«A los ingleses no les importaba mucho que el rey de España fuese un engendro de Lucifer porque no se estaban rebelando contra su rey ni necesitaban legitimar su posición. La denigración personal de Felipe II es una necesidad orangista, pero no inglesa, porque Orange se está rebelando contra su rey y señor natural, y necesita desesperadamente legitimidad, pero Isabel no; los Países Bajos forman parte de la Monarquía Católica, Inglaterra no».

Decía Antonio Pérez en su obra cosas como “la tiranía es tan natural a Felipe como la risa al hombre”. Finalmente, Pérez, murió en Francia olvidado y pobre. La propaganda lo convirtió pronto en una víctima de la tiranía. Pasados los años, tristemente, Antonio Pérez ha pasado de ser en España un espía traidor que acabó despreciado en las cortes europeas, a convertirse en una víctima inocente del tétrico Felipe II.

Como anécdota, y para terminar con este artículo, contar lo que se conoce como “el matrimonio español”, donde en los años 1620, en tiempos de Jacobo I de Inglaterra se planteó la posibilidad de que el príncipe de Gales se casara con la infanta María Ana. La amistad del rey inglés con el embajador español Gondomar causó grandes angustias al bando nacionalista-anglicano, que no quería verse privado de un enemigo que tanto trabajo había costado crear [píe de página 279 de la obra de María Elvira: Gondomar fue uno de los hombres más notables de su tiempo. Hijo de la pequeña nobleza de provincias, solo su excelente educación y sus grandes dotes lo llevaron a la alta política europea. Se dice que el rey Jacobo quedó impresionado al conocerlo por su magnífico latín y su gran cultura. Erudito y bibliófilo, llegó a reunir una de las bibliotecas más importantes de Europa. –Para conocer más esta figura María Elvira nos aconseja el libro Don Diego Sarmiento de Acuña, Conde de Gondomar (1567-1626): erudito, mecenas y bibliófilo de Carmen Manso Soto].

1 Comentario
  1. Pablo Moral Pérez 8 meses

    Hola Guillermo, genial vuelta de la serie. Si ya anticipaba yo que, al llegar a la leyenda negra española, iba a haber mucho drama y muchos malsonantes… Jejejeje.

    De nuevo, nuestra historia (ni tú) no decepciona. Toda una colección de improperios basados en falacias contra uno de los imperios más «suaves» y menos opresivos que ha habido (hasta dónde tal cosa es posible, por supuesto). De todos modos, al final esto siempre es así, y seguirá igual, el resentimiento contra los más exitosos es una constante en la historia de la humanidad, es el motor de la historia como lo llamaría cierto amigo barbudo. Pero al menos nos quedan artículos como estos para echarnos unas buenas risas con estos desvaríos, a su costa. Habrá que conformarse.

    Eso sí, permíteme el apunte, el propio pueblo español goza en su haber de innumerables improperios y tópicos igual de falaces contra otros pueblos de Europa, y del mundo, ya ni imperios, meros pueblos. Aquí la tontería humana no entiende de nacionalidades, desgraciadamente nos afecta a todos por igual.

    Pero bueno, un saludo amigo mío. Esta recta final de la serie pinta fuerte.

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