Inquisición española vs Inquisición en Europa.

Imperiofobia y leyenda negra VI.

En este nuevo artículo nos vamos a centrar en la Inquisición española. Tema sin duda en boca de muchos y con ideas tan básicas y comunes como: «La Iglesia católica ha sido muy mala… mira la Inquisición, mató a miles de personas por no creer en Dios». Como siempre digo, e intento aplicar en mi día a día, los mensajes fáciles y convincentes (del tipo «los ricos deben pagar más porque tienen más») siempre tienen algo dentro que no se ve y que nosotros, los indagadores, los curiosos, los filósofos, en definitiva, los buscadores de la verdad, debemos sacar a la luz… No digo que yo con este artículo haya encontrado dicha verdad, pero me atrevo a decir que me acerco mucho más que aquellos que de la Inquisición únicamente saben decir lo mencionado anteriormente.

   Es curioso la cantidad de gente con estudios superiores que tiene tan afianzada la idea que hemos expresado sobre la Inquisición. Pero lo que más curioso me parece es que afirmen tal notable expresión sin apenas haber leído una página sobre dicho tema. Por tanto, y como digo, en este artículo hablaremos (como siempre, a través de la obra de María Elvira, Imperiofobia y leyenda negra) sobre la Inquisición.

   Con el tema de George Floyd en Estados Unidos, como bien sabéis todos, se están realizando muchos movimientos en diversas ciudades del mundo, movimientos los cuales pueden ser legítimos, o no (todo cabría preguntárselo, hasta las cosas que más afianzadas tiene uno pueden cambiar si duda de ellas e indaga, y más aún un plano tan subjetivo como es la Ética. Plano subjetivo al menos en esta época, personalmente soy defensor atroz de la objetividad absoluta de la Ética, pero eso es otro tema). Como digo, nuevos movimientos en contra del racismo surgen por diversos lares del planeta y, lo que vengo a reivindicar, veo tristemente cómo se esputa a figuras que nada tienen que ver con lo que estos grupos luchan.

   Como antes he dicho, un mensaje muy fácil y que convence, normalmente es un mensaje falso y, qué les voy a decir, un mensaje como «Colón era un autoritario que llegó a América a robar el cereal a los pobres indígenas», es bastante fácil (hasta un político podría decirlo) y bastante convincente (hasta una población podría creérselo).

   Para dar comienzo a esta nueva entrega, me gustaría hacerlo con una cita del gran George Orwell, cita que expone María Elvira en la página 125 de su libro, a saber:

«Buena parte de los escritos propagandistas son simple falsificación. Los hechos materiales son suprimidos, las fechas alteradas y las citas, sacadas de contexto y manipuladas para cambiar su significado».

   María Elvira nos menciona una obra de referencia de Daniel Muñoz Sempere, La Inquisición española como tema literario. Política, historia y ficción en el Antiguo Régimen. Nos comenta la autora, pues, que la Inquisición ha tenido que recorrer largo camino en el seno de la hispanofobia, convirtiéndose incluso en la encarnación misma de todos los demonios. Evidentemente esto ocurre porque nada puede ser más perverso que valerse de la religión para cometer crímenes y “prostituir el propio cristianismo”.

   En las leyendas negras contra España entra sin lugar a dudas las leyendas negras contra la Inquisición, unas leyendas que aparecen ya con la propaganda realizada por Italia y que, sin convertirse en algo grandilocuente en el momento, sí fue una semilla que prosperó de manera extraordinaria en las guerras de religión. Nos dice la autora que la incorporación de la Inquisición al cuadro central de la hispanofobia es una innovación de la propaganda luterana que tuvo un éxito atroz.

«Con el cebo de mentira se pesca una carpa de la verdad». William Shakespeare.

   Aunque en la mente de los estudiantes superiores, como he dicho, siga creyéndose ese mensaje fácil y convincente, la realidad es que la investigación histórica ha conseguido desmontar el mito casi por completo.

   Este mito sobre la Inquisición surge en el contexto de las guerras de religión, un mito fruto del trabajo propagandístico de la época y que, principalmente, identifican a la Inquisición con el Anticristo. Es más, la victoria de Mülhberg fue presentada por el nacionalismo protestante como una victoria de extranjeros (españoles) contra alemanes, unos extranjeros que defendían a la Iglesia pervertida y a la Inquisición, es decir, el Anticristo. Hubo mucha propaganda para convencer de que los españoles pretendían imponer la terrible y sanguinaria Inquisición en Alemania, «que esto fuese siempre falso, no importa en absoluto».

   En Italia, como hemos dicho, se escribe la primera versión de la leyenda inquisitorial, que tiene que ver con el español marrano: los italianos consideraron que la existencia de la Inquisición española era la prueba irrefutable del carácter contaminado de semitismo español. Era evidente que un pueblo en donde abundaban los malos cristianos más que en ningún otro lugar necesitaba un correctivo sólido, como la Inquisición, para evitar males mayores. Es decir, la Inquisición comienza en los textos de los humanistas italianos como argumento de la impiedad española.

   Nos comenta la autora que, en realidad, la idea sobre la Inquisición empieza a cambiar realmente con el nuevo papel creado por Lutero; desde entonces ya se ven escritos donde se dice «todos tiemblan cuando se habla de Inquisición» o «el poder de la Inquisición supera al del Rey», etc.

   El primer estudio “serio” sobre la Inquisición lo realiza el estadounidense Lea, aún contaminado por prejuicios, y que, al meterse de lleno a los archivos de la Suprema en Simancas prueba que la realidad había sido muy distinta de la propaganda. [Henry Charles Lea, A History of the Inquisition of Spain] -la Suprema era el órgano rector del Santo Oficio y el que desde mediados del siglo XVI centralizó y clasificó la documentación de todo el país-.

   Como decimos, el trabajo de Henry Charles Lea, nos demuestra que la realidad es muy distinta de lo que se comenta con la propaganda; este estudio intenta, pues, sacar a la Inquisición del mundo de los mitos para sacar la verdad a la luz.

   Posteriormente, Gustav Henningsen y Jaime Contreras comienzan en 1972 una revisión de las más de 44 mil causas archivadas por la Suprema… sus conclusiones fueron sorprendentes. Estudiaron un total de 44.674 causas abiertas por la Inquisición entre 1550 y 1700; la cifra que dan de condenados a muerte por el Santo Oficio es de 1.346 personas. Para contextualizarlo un poco, hay que decir que la Inquisición entendía por crímenes esto: bigamia, prostitución, proxenetismo, perjurio, violaciones, abusos a menores, falsificación de documentos y de moneda, contrabando de armas y piratería de libros.

   Para compararlo un poco, Sir James Stephen calculó que el número de condenados a muerte en Inglaterra en tres siglos era de 264.000 personas («algunos condenados fueron por delitos tan graves como robar una oveja»). El número de protestantes, según nos cuenta el gran experto E. Schafer, condenados por la Inquisición española entre 1520 y 1820 fue exactamente de 220 y, de éstos, solo doce fueron quemados.

   Parece que la Inquisición española nada tuvo que ver con la del resto de Europa, donde en cualquier país que se observe, más condenados había, más muertos y más quemados. Además, debemos añadir que la práctica de la tortura en la Inquisición española estaba rigurosamente reglada en el Santo Oficio, como bien explica Gaspar Isidro de Argüello en su obra Instrucciones del Santo Oficio de la Inquisición sumariamente, antiguas y nuevas, puestas por abecedario. El uso de la tortura en la Inquisición española fue muy excepcional y apenas se usó en el 1 ó 2% de los casos que se investigaban. Además, cabe señalar que la tortura no podía poner en peligro la vida del reo ni provocar mutilaciones y se hacía siempre en presencia del médico (medidas que no existían en ningún otro país de Europa). Además, en la Inquisición española la pena de muerte solo se aplicaba al hereje contumaz no arrepentido. El arrepentimiento transformaba automáticamente la condena a muerte en cárcel, multas y otras penas que no comprometían la vida (por ejemplo, en la Sajonia protestante el delito de blasfemia se condenaba con pena de muerte).

«La Inquisición fue el primer tribunal del mundo que prohibió la tortura, cien años antes de que esta prohibición se generalizara. En contra de la opinión común, nunca se aceptaron las denuncias anónimas (…) Kamen insiste en que, en comparación con otros tribunales de España, la Inquisición es la que menos se vale de la tortura y, si se amplía la perspectiva al resto de Europa, resulta que el comportamiento de la Inquisición española es impecable. En Inglaterra una persona podía ser tortura y descuartizada por dañar unos jardines públicos, y en Alemania las torturas podían llevar a perder los ojos. En la vecina Francia era admisible desollar viva a la gente. La Inquisición española jamás empleó estos métodos tan frecuentes en los tribunales de toda Europa. Nunca hubo emparedamientos ni se usó el fuego ni se golpeó a nadie en las articulaciones ni se usó la rueda ni la dama de hierro. Tampoco acosaban ni vejaban a las mujeres, que raramente eran torturadas. Estaba prohibido el empleo de la tortura en mujeres embarazadas o criando, y en niños con menos de once años».

La desproporción en el número de muertos entre la Inquisición española y las inquisiciones protestantes es brutal. Jaime Contreras destaca que en toda Europa solo un tribunal reaccionó de manera diferente ante la brujería y este fue la Inquisición española, la cual solo consideró a la brujería como un engaño y no procesó a casi nadie solo por ese motivo.

   Según Kamen en el siglo XVI se ejecutaron a unas 50 personas en todos los territorios españoles, incluida América. Por seguir comparando, solo las persecuciones de herejes católicos en la Inglaterra isabelina provocaron casi 1.000 muertos. En Francia, según las propias autoridades católicas, se ejecutaron en unos 5 años en ese siglo a más de 300 personas. Desproporciones que se repiten en cualquier país que consideremos.

«La Inquisición no fue nunca un poder en la sombra ni tuvo capacidad para controlar la sociedad. Los inquisidores, en general, trabajaban en condiciones difíciles y su trabajo era bastante rutinario y burocrático. En España había veinte provincias inquisitoriales, y en cada una de ellas había dos inquisidores o tres como máximo. Por lo tanto su capacidad de intervención era bastante reducida. En las zonas rurales, la presencia de la Inquisición es mínima (…) la Inquisición pasó en manos de la Ilustración francesa a ser usada en clave diferente. Los males de España fueron achacados a la Inquisición (…) El buen Voltaire clama contra los crímenes de la Inquisición en el siglo XVIII, pero resulta que en ese siglo la Inquisición tiene ya poca actividad y apenas produjo condenas. Y Goya, abducido por la propaganda ilustrada, dibuja escenas inquisitoriales que él ya no tuvo ocasión de presenciar.

   La Inquisición es un icono y su representación mental pertenece más al mundo de las realidades simbólicas que al de la verdad histórica. Es un significante con dos significados. La palabra evoca un conjunto de prejuicios tan complejo y tan profusamente usado por corrientes culturales diversas que resulta imposible dar aquí cuenta de él. El occidental lo digiere con la leche de la alfabetización, y es muy difícil que sea capaz de saltar por encima para preguntarse por las razones que han provocado una alucinación colectiva de tal envergadura. [El lector interesado puede encontrar más bibliografía en Beatriz Comella, La Inquisición española, Madrid: Rialp, 2004 (4ª. ed.)».

Para ir acabando, mencionaremos lo que dice la autora María Elvira respecto a “Las Brujas”. Nos cuenta (por la obra y estudio de Henningsen) que en la Edad Moderna fueron quemadas unas 50.000 brujas la mitad de ellas en los territorios alemanes; 4.000 en Suiza; 1.500 en Inglaterra; 4.000 en Francia, empero, cuando hablamos del Santo Oficio tenemos, pues, que hablar de 27… «los archivos de la Inquisición, de una minuciosidad casi inverosímil, permiten pocas dudas. Apenas hay condenas por brujería en sí. Este delito, considerado un disparate sin importancia, debía venir acompañado de otros más sustantivos».

   En 1526 los más altos cargos de la teología española se reunieron en Granada para tomar una decisión ante el creciente problema de la brujería, que alcanzaba en Europa cotas de paranoia colectiva. La actitud del Santo Oficio se impuso e implantaron medidas las cuales resultaron correctas dado que hicieron que el problema de la brujería en España apenas sí haya tenido importancia. Estas actitudes pueden resumirse en tres, a saber:

  • Cualquier bruja que voluntariamente confiese, y muestre señales de arrepentimiento, será reconciliada con la Iglesia.

  • En tales casos, si no median otros delitos, no habrá multa ni confiscación de bienes y solo habrá penas salutarias para su alma.

  • Nadie será arrestado basándose en las confesiones de otras brujas.

   En 1610, la Inquisición española en Navarra, influida por Francia, volvió a introducir el delito de brujería y la pena de hoguera para este. «En medio de una oleada de histeria colectiva 7.000 personas fueron acusadas de brujería. Desconcertados por la virulencia que iba tomando el problema, la Suprema envió al inquisidor Alonso de Salazar con el encargo de hacer una investigación exhaustiva de los hechos. Las conclusiones de Salazar son determinantes: “No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar de ellos”. Si alguien le tira un tiesto a un prójimo y le abre la cabeza, es este el hecho positivo que hay que considerar. Si el autor o la víctima creen que esto ha sucedido por alguna intervención del demonio, el inquisidor no puede entrar a juzgar lo que uno u otro crea, sino el hecho en sí. Nunca más se juzgó a nadie por el solo delito de brujería».

«Por supuesto hubo persecuciones de brujas en el mundo católico, en especial a finales del siglo XV, como bien se puede leer en obras como Malleus maleficarum (1486). Pero las grandes persecuciones vinieron después, en los territorios de la Reforma. La caza de brujas en Alemania fue mucho más intensa en los territorios protestantes que en los católicos. Lutero defendió el exterminio de las brujas con el argumento de que esto era cumplir con el precepto bíblico («no permitirás la vida de los hechiceros»–Éxodo 22,18)».

2 Comentarios
  1. Pablo Moral Pérez 1 mes

    Buenas Guillermo, un placer leerte de nuevo en esta genial serie. No sabía que tu vocación en la vida era cazador de mitos, pero el rol te queda como anillo al dedo ;). Bromas aparte, el artículo es muy interesante y contrastado, como siempre con esta serie. Ya sabía que los episodios relativos a España no defraudarían.

    Respecto al tema de la Inquisición, pues a ver, partiendo de la premisa de que su mera existencia (en cualquier lugar, forma y bajo cualquier pretexto, no sólo en España y siendo católica) es un hecho lamentable, y los crímenes y abusos que esta perpetra son condenables se le realicen a una o a 300.000 personas, no puedo sino estar de acuerdo contigo en que la nuestra «no ha sido tan terrible» como otras en Europa (e incluso, si me apuras, en ciertos otros países del mundo a día de hoy en pleno 2020, como cierto régimen Ayatolá), y sin duda la mitificación de su figura como el mal en la tierra es fruto de la propaganda y de ciertos intereses.

    Por mucho que sea un tema de moda ahora mismo, la desinformación, o, más ampliamente, «infoxicación», término este que yo prefiero, no es para nada un fenómeno nuevo, existe desde que el hombre mismo nace. Por ello, estoy contigo sin reservas en esa declaración al principio sobre el papel de los buscadores de la verdad. Parafraseando a un buen número de grandes autores, la verdad, al igual que la libertad, no viene dada, y siempre habrá aquellos que nos las quieran quitar sino se las defiende. Como decía el señor Ludwig Von Mises, «nunca cedas ante el mal, combátelo con mayor audacia».

    Mención particular le otorgo al tema de la brujería y las brujas, el punto que más me ha llamado la atención. En total honestidad, nunca he comprendido muy bien de qué va todo ello, y me parece algo que da para hablar bastante. Es por ello que, amigo mío, te hago la sugerencia de un artículo, o una buena charla un día entre nosotros, sobre este fenómeno.

    Nada más, felicidades por otro gran artículo amigo, y esperamos con ganas los restantes de la serie.

    • Autor
      Guillermo Colina Morales 1 mes

      Buenos días, amigo Pablo.

      Cómo no, tú por aquí… y qué feliz me hace saber que lees mis artículos tan apasionadamente.

      Veo que has entendido a la perfección el mensaje que quiere transmitir la autora y el que quería exponer yo en el artículo. La Inquisición es un tema espinoso del cual se dicen muchas cosas sin saberlas como ciertas, por eso está María Elvira, algo así como «vi lo que ofrecían y alguien tenía que hacer algo».
      Vivimos en una sociedad donde son más conocidas personas tan ignorantes como «Devermut» (o como quiera que se escriba) antes que el gran D. Antonio Escohotado, entre muchos otros (datos del 20/8/20… Devermut tienen 548 mil seguidores en Instagram, Escohotado únicamente 22 mil. Esto nos da un dato impecable, por cada 100 personas, 96 de ellas viven en una ignorancia absurda, y solo 4 viven en una ignorancia buscadora de verdad).

      Sin meterme mucho más en estos datos superfluos, te vuelvo a dar las gracias por tu comentario… ahora toca disfrutar de tu serie de economía. Un abrazo.

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