Propaganda antiespañola en Holanda.

Imperiofobia y leyenda negra V.

En esta entrega empezamos la parte que más de lleno toca al Imperio español. Hablaremos sobre la leyenda negra y la imperiofobia española de aquí en adelante. Por ello, en este artículo comenzamos hablando de la propaganda anti española realizada en los Países Bajos en las fechas claves del reinado de Felipe II, con la guerra de los Ochenta años, reinado del duque de Alba, etc.

   Además, acabaremos uniendo este tema para introducir uno nuevo… Martín Lutero. En esta ocasión, no seré yo quien haga un compendio de lo leído en el libro de María Elvira para hablaros de Martín Lutero (personaje que aparece en diversas ocasiones a lo largo de la obra), sino que será la propia escritora quien lo explique; pondré un video suyo, al final del artículo, donde habla largo y tendido de la figura de este personaje histórico; personaje que se le tiene mucha estima en la actualidad y que la autora nos hace ver que debería ser más odiado que el mismísimo Stalin.

   Por tanto, empezamos, pues, como hemos dicho, hablando sobre Holanda, sus guerras civiles y la imperiofobia española que destacaba en sus gentes. Pero antes, para empezar a hablar sobre historias que tienen tal cantidad de propaganda a sus espaldas, debo mencionar lo que dice la autora en la página 122:

«El lector tendrá que hacer un esfuerzo para superar una visión de la historia de Occidente que ha estudiado en los libros y es considerada intocable, no como una verdad revelada, sino como una verdad histórica y científica».

PAÍSES BAJOS

Para aquellos que sean muy escépticos con el tema de la leyenda negra, en el caso de Holanda podemos verla fácilmente. Nos dice la autora que si buscamos “Apología de Guillermo de Orange” en internet, podremos ver lo siguiente:

«Hacia 1566-1568, en algunas provincias de los actuales Países Bajos, en aquella época pertenecientes al Imperio español, surgieron entre la población revueltas provocadas por las imposiciones católicas y por las cargas fiscales que las autoridades españolas imponían a los neerlandeses».

Lo primero que debemos hacer, nos dice la autora, es desterrar la idea de que se produjo un levantamiento de la población de los Países Bajos contra un gobierno extranjero y opresivo, una especie de insurrección nacional y popular contra el imperialismo opresor. Carlos I de España y V de Alemania era también Carlos II de Borgoña y Flandes y Carlos II de Luxemburgo. Él y su hijo, Felipe II, eran los soberanos legítimos de esos territorios, y no hubo nunca una invasión o una anexión.

   Lo segundo, según nos cuenta María Elvira, es saber que no hubo una, sino muchas rebeliones a lo largo de ese tiempo (en el siglo XV hubo varias insurrecciones en Flandes, Brabante, Holanda y Zelandia contra la casa de Borgoña. En los tiempos de Carlos V hubo revueltas en Bruselas y Den Bosh, más tarde en Gante y luego en Amberes; según Luis de Requesens -gobernador de los Países Bajos- hubo hasta 35 rebeliones), con distintas características y por distintas razones… tristemente la historiografía holandesa nacionalista ha impuesto la visión general y aceptada a día de hoy, que se encuentra en los libros, incluidos los nuestros, de que hubo una rebelión que provocó una guerra. Una guerra que duró 80 años y que fue una guerra de independencia; una guerra desigual, entre holandeses que luchaban por su libertad y españoles que los oprimían. Una guerra donde, según explican, los españoles fuimos vencidos y todo acabó con la Paz de Münster en 1648, con la independencia de los Países Bajos y donde, después de esto, los territorios neerlandeses gozaron de gran paz y prosperidad.

   Muy lejos está esto de la realidad, cabe señalar primeramente, como bien explica Gustaaf Janssens en su obra La guerra en los Países Bajos. Guerra civil, conflicto religioso y consecuencias políticas, 15641648, que desde un principio la oposición a la política del rey estuvo protagonizada esencialmente por la alta nobleza. No es una insurrección de la oligarquía neerlandesa que comenzase por la presencia de soldados españoles en la frontera sur, ni tampoco siquiera por los impuestos, sino que, como hemos venido diciendo en artículos anteriores, todo se fue fraguando por la propaganda anti-española, una propaganda que ya venía dándose 12 años atrás.

   Las revoluciones surgen sobre todo en las élites nobiliarias, que venían a ser, en realidad, alrededor del 0.1%, unos 4 mil nobles. Pero nobles que eran grandes terratenientes (como el conocidísimo Guillermo de Orange) y que veían en el Imperio español un afán por cambiarlo todo en pro de una Administración de tipo estatal, más eficaz y más profesional. Pero claro, la Administración imperial se apoya en las mesocracias, en los buenos profesionales de la nobleza baja y media, y la burguesía; esto deja a la casta, a la que Orange pertenecía, muy disminuida.

   Se filtraron todo tipo de propaganda contra el Imperio español por intentar dar voz no solo a la alta nobleza. Paradójicamente, cuando ya se realizó la insurrección, después de haber rechazado los cambios propuestos por el Imperio español como si de auténticas infamias se tratara y de haberlos convertido en argumentos para el levantamiento, se terminó por adoptar las mismas medidas propuestas tras la independencia. No podría ser de otro modo; la situación previa a los cambios introducidos por Carlos V era absolutamente ingobernable.

   Fueron necesarios años y años de propaganda intensa para hacer creer a la población, a una parte al menos, de que eran explotados y oprimidos, y que, por tanto, deberían revelarse contra el rey. Toda esta propaganda tiene un nombre de inicio, el anteriormente mencionado Guillermo de Orange; su propaganda al principio no tuvo mucho éxito, pero es admirable la tenacidad con la que perseveraron y siguieron con su propósito hasta conseguirlo, esto es, conseguir que la población les creyese. Este hecho, es muy estudiado por los historiadores y lo llaman “guerra de papel”.

«Orange se había criado en Alemania, donde había aprendido del luteranismo el valor impagable de la propaganda con imágenes, y que no importaba nada cuán vulgar y poco escrupulosa pudiera ser, porque una mentira mil veces repetida termina siendo una verdad».

Un mundo de suspicacias, facciones y territorios en lucha constante en el que Orange y sus compañeros supieron maniobrar con gran inteligencia para conseguir la rebelión que llevaban lustros buscando. Como se fue diciendo, la rebelión fue culpa de una reorganización de los obispados del territorio que eran tres y pasaban a ser diecisiete. La propaganda logró convencer al fin a un grupo suficientemente amplio de que la reorganización de los obispados era perjudicial y una ofensa de los españoles que humillaba a los neerlandeses. Como dice la autora, en los folletos de propaganda nunca se explicaba por qué el cambio era malo, simplemente se habla de imposición, de humillación y se excita la suspicacia de unos territorios contra otros.

   Otra causa aducida para alentar a las masas fueron los impuestos. Universalmente, la gente paga impuestos y esto la indigna; siempre se paga demasiado y, supuestamente, se recibe poco. La propaganda orangista convenció a unos cuantos de que los impuestos (en los Países Bajos implantados casi 100 años antes de la llegada de Carlos V) se pagaban para los españoles y así financiaban al Imperio. Pero, como podemos ver con Parker en su obra España y la Rebelión, esto no era así, a saber:

«Estas deudas (las del Imperio) se financiaban mediante impuestos… y esto causaba evidente descontento. En realidad, era España la que costeaba estos gastos. Por ejemplo, entre 1551 y 1556 envió 22 millones de florines, una cifra para entonces enorme. Pero los súbditos de los Países Bajos pensaban que estaban financiando a España».

Lo que querían los rebeldes y los orangistas era buscar una testa coronable, y se lo propusieron hasta a cuatro candidatos. El primero fue el archiduque Matías, hermano de Rodolfo que era emperador del Sacro Imperio en aquel momento. Pero a pesar de ser hermano del emperador, no estaba en condiciones de arrebatarle la corona a Felipe II. El segundo candidato fue el duque de Anjou, que viendo que Orange lo que quería eran soldados que le obedeciesen y un rey que funcionase como títere, se rebeló contra él y abrió su propio frente de guerra. Sus soldados fueron protagonistas de bastantes devastaciones olvidadas por la historia. Incluso la propia reina de Inglaterra, en este momento Isabel, declinó hasta dos veces la oferta de Orange de ser la reina de los Países Bajos.

   Hablando ya en tiempos de las guerras civiles holandesas, en los inicios de la guerra de los Ochenta años, si las tropas imperiales eran temibles, no lo fueron menos las rebeldes. Con el nombre de Mendigos del Mar se conoce a un grupo de corsarios calvinistas financiados por Orange que asolaron las costas matando por igual a españoles, neerlandeses y daneses. Las atrocidades cometidas y ordenadas por Lumey de La Marck, el caudillo de la Liga de los Mendigos del Mar, son terribles.

   Esta actividad de los Mendigos del Mar, pronto pasó factura, dado que la situación caótica que provocaron tanto en las ciudades como en los canales, hizo que en 1571 pocos barcos holandeses pudieran hacerse a la mar. Quedó interrumpido el comercio de Holanda y Amberes y hubo una crisis grandísima de abastecimiento de trigo que provocó hambre y más revueltas. La inseguridad había llegado a tales extremos que el propio comercio inglés se veía seriamente perjudicado y la reina Isabel hizo que los barcos de Lumey de La Marck, primeramente acogidos con ganas, tuviesen que marcharse.

   Lumey y sus Mendigos, sin puerto que los acogiese (Orange no estaba en condiciones de poder proporcionarles uno), se apoderaron de Brielle y en julio de 1572 torturaron y colgaron a 19 clérigos católicos en la ciudad cercana de Gorkum. Espectáculo público que duró unas semanas y que los Mendigos cobraban hasta las entradas. Todos estos personajes fueron convertidos en héroes en las novelas del siglo XIX…

«El mundo entero conoce el saqueo de Amberes y los excesos del duque de Alba, pero casi nadie sabe de De Ryhove y De Hembyze, dos fanáticos calvinistas que perpetraron las mayores atrocidades en Gante. A tales extremos de barbarie llegaron ellos y su partidarios que Orange decidió intervenir convencido de que esto, a la postre, traería más prejuicio que beneficio a su causa, como de hecho sucedió, pues contribuyó a profundizar la brecha que dividió en dos los Países Bajos. Los muertos provocados por las tropas del rey, llamadas “españoles” en un 95% de los casos, a pesar de no serlo en su mayoría, están bastante bien cuantificados y se conocen con razonable aproximación. En cualquier historia al uso se hallan sin dificultad. En cambio ya no resulta tan fácil saber cuántos muertos provocaron los partidarios de la rebelión entre quienes defendían el poder legítimo».

La propaganda ha llegado tan lejos que la autora nos insta en su pie de página número 346 a que busquemos en la Wikipedia “Tomas de Brielle” y leamos (entrada que observa ella en 2013), dice así la autora:

«Leemos en la Wikipedia lo siguiente: ‘En esta fase inicial de la guerra de los Ochenta Años los rebeldes holandeses no buscaban la independencia de la Corona española, como ocurriría años después: los alzamientos estaban provocados por las imposiciones religiosas católicas y por las cargas fiscales que las autoridades españolas imponían a la población local’. ¿Imposiciones religiosas católicas? Ni luteranos ni calvinistas tuvieron nunca intención de tolerar a los católicos. No se puede olvidar que obligaban a la conversión en los territorios que dominaban. ¿Cargas fiscales? La situación tributaria en los Países Bajos era catastrófica. El imperio invirtió allí mucho más que recaudó, y tras la independencia padeció la mayor carga fiscal de Europa en aquel momento. ¿Población local? La población local también participó en el gobierno de la Monarquía Católica y, llegado el caso, en su defensa».

La propaganda contra el Imperio español en los Países Bajos llegó muy lejos. Orange hizo creer que eran los españoles quienes querían aliarse con los turco y que, de ser así, se alcanzaría una crueldad nunca vista. Pero en la realidad, era Orange quien quería aliarse con los turcos, tanto es así que les pagó con un establecimiento comercial en Amberes. Nunca tuvo gran importancia la verosimilitud o inverosimilitud de los tópicos de la propaganda. Su función era levantar pretextos, promover el descontento y crear discordia.

   La propaganda fue, como decimos, contra el Imperio español, y una de las causas, además, es el hecho de estar en el bando católico y no en el protestante. Hubo también ingleses y holandeses que escribieron a favor del bando católico. Si no los conocemos es porque en el lado hispanocatólico no se puso en marcha una campaña propagandística de naturaleza semejante que se valiera de ellos. La propaganda convirtió al duque de Alba, entre muchos otros, en un monstruo. Esta propaganda elevó las muertes del duque de Alba de un millar a más de doscientas mil… Es más, el propio duque propone en 1570 nuevas leyes que fueron rechazadas por ser demasiado igualitarias y blandas (propuso también un sistema progresivo de impuestos que resultó intolerable para la oligarquía).

   Como nos expone la autora, las leyes del duque fueron más suaves que las practicadas por los Tudor en Irlanda o por los Habsburgo en Transilvania, devastada por los soldados austriacos veinte años después.

«La ley de Alba era dura, pero era ley, no aplicación arbitraria de castigos. Sus Ordenanzas Criminales supusieron la introducción de un código unificado de aplicación universal que consolidó la centralización del orden jurídico y eliminó muchas prácticas abusivas y corruptas de las administraciones de justicia local».

   Como señala Gustaaf Janssens, en su libro Fernando Álvarez de Toledo derde hertog van Alba ende Nederlanden:

«El hecho de que las leyes penales del duque hayan constituido la base práctica del procedimiento penal y del Derecho Penal en los Países Bajos durante dos siglos y medio aproximadamente demuestra que fueron ejemplares en su tiempo».

Visto lo que sucedió en Francia durante la Matanza de San Bartolomé o en Irlanda o en la guerra de los Campesinos en el Sacro Imperio, resulta increíble que Alba haya pasado a la historia como un arquetipo de crueldad. El duque ya había sufrido ataques difamatorios en Italia, pero fue la propaganda secesionista la que lo convirtió en un personaje supuestamente malvado.

   Los panfletos y la propaganda sobre el duque de Alba son espectaculares. En algún panfleto sale hasta comiéndose un bebé (imagen de portada de este artículo). «En otro, su figura representada como Capitán de la Locura está rodeada de imágenes soeces y burlescas para dar a entender que su gobierno es disparatado, y frente a él aparece Guillermo de Orange como Campeón de la Prudencia, a modo de un nuevo rey Salomón escoltado por Templanza y Sabiduría».

   Orange escribe textos propagandísticos que buscan darse legitimidad a sí mismo y a su causa. La mayor parte gira en torno a la figura de Felipe II, no de los obispados, ni de los malvados papistas, ni de los impuestos. Felipe II es el objeto principal y, secundariamente, los españoles como pueblo-raza. No podía ser de otro modo porque, o el rey legítimo de los Países Bajos era un monstruo inconcebible y un engendro de Lucifer, o Guillermo de Orange era un traidor. Toda la legitimidad que Orange puede alcanzar depende de denigrar hasta lo inverosímil la figura del monarca.

   Para acabar con esta parte y poder dar pie al video de Martín Lutero, lo haré con estas palabras de la autora:

«La rebelión holandesa fue fundamentalmente calvinista. Guillermo de Orange, que había sido bautizado como católico, fue educado por su padre como luterano en Alemania. Cuando fue nombrado en 1544 príncipe de Orange y heredó parte de los Países Bajos, el emperador Carlos V decidió que debía recibir también una educación católica y lo mandó a la corte con su hijo Felipe II, con quien llegó a tener una cierta amistad.

   Cuando en 1567 Orange se sublevó contra el rey, los grupos calvinistas lo apoyaron con mucho empeño. Era una coincidencia de intereses casi natural. De hecho, Orange pudo sublevarse porque logró el apoyo de los calvinistas. Sin ellos no hubiera tenido gente suficiente para la propaganda. Los calvinistas eran periféricos con respecto a los luteranos, que habían conseguido arrinconarlos en muchos territorios. Los luteranos eran predominantemente alemanes y esto hacía que los no alemanes rechazaran esta confesión religiosa hondamente marcada con un sello nacionalista. Con el fin de ganarse el apoyo incondicional de este grupo y también el de los hugonotes (calvinistas franceses), Orange se hizo calvinista con toda su familia. Como se ve, eran asuntos de gran calado moral los que llevaban a las conciencias a cambiar de religión. Ya lo dijo con admirable sinceridad Enrique IV cuando se hizo católico para poder ser rey de Francia: París bien vale una misa.

   En 1573, Guillermo el Taciturno, que en modo alguno era un fanático religioso y simplemente usaba la religión para sus fines, prohibió el culto católico en los dos primeros territorios que logró arrebatar a Felipe II. Unos años más tarde, en 1581, se independizaron las siete provincias del norte y formaron los Estados Generales que gobernarán las Provincias Unidas en la República Federal. Se siguió la misma política de intolerancia religiosa.

   Como en las regiones alemanas, la propaganda buscó la identificación del catolicismo con el imperio, con el poder extranjero. Los líderes insurrectos y el clero calvinista desde sus púlpitos insistían en que lo católico era pro-España y, por lo tanto, sospechoso de traición. De nuevo las oligarquías locales buscan excitar la pulsión nacionalista ligando catolicismo-demonio-Imperio español. Y de nuevo, oligarquías y nueva religión comprenden que la unión de ambas traerá grandes beneficios, primero económicos, y luego de toda índole. Es dudoso que el calvinismo hubiera triunfado en las provincias holandesas de no haberse convertido en la religión que esgrime la bandera del orgullo nacionalista, la que marca la necesaria diferencia con el Imperio español, y en este caso también con el Sacro Imperio cuyo nacionalismo es luterano».

7 Comentarios
  1. Pablo Moral Pérez 5 meses

    Muy buenas de nuevo Guillermo. Antes de nada, gran artículo de nuevo, muy informado y lleno de curiosidades.

    Bueno pues llegó el día de comenzar con el imperio español. Y parece que viene fuerte, puesto que los señores Orange y Lutero, y el sector calvinista que describes en el artículo, se antojan despreciables cuanto menos. Desde luego, me ha dejado hasta con mal cuerpo la lectura de las andanzas de estos figuras… Ya veo que va a ser contundente la parte de la leyenda negra española.

    De cualquier modo, también los españoles tuvieron lo suyo… Habrá abundantes mentiras y propaganda sobre cosas que no hicieron, pero medallas como las del genocidio de la población indígena de canarias o los esclavos raptados de áfrica para llevarlos a américa… En fin, toda una exhibición de ética y juego limpio la historia humana, por todas partes. Menudos que somos.

    En fin, para eso está la historia. Para aprender de ella. Claro que visto lo visto en el mundo actual, no queda claro que lo estemos haciendo. Ahí queda el caso de Cataluña, que tiene múltiples elementos en común con países bajos antes de la guerra: tienen mayor representación en las instituciones que ningún otro territorio y han recibido mayores inversiones en infraestructuras que nadie, la mayor parte de impuestos que pagan los catalanes son autonómicos, y España respeta su cultura y lengua, pero eh, España les roba y maltrata ¿verdad? Nadie mirará mal a los Pujol por ser haber sido los políticos más corruptos de la democracia, o al gobierno autonómico actual que en 3 años apenas ha aprobado un par de leyes. Por supuesto, tras la crisis de 2008 culparon de los errores de Arthur Mas al gobierno central para quitarse el muerto, igual que ahora hace Torra con el covid19. Siempre asociando todo lo negativo y los problemas a lo español. Por no hablar del elemento nacionalista en su proclama, que ya fue clave en el caso de los PB como mencionas, o el hecho de nunca explicar qué les hace de mal España (al menos sin mentir) y prometer que todo será mejor tras la independencia. Piden secesionarse porque «hay muchas cosas que quieren hacer y dentro de España no pueden», pero luego el independentista medio no sabe decirte ni una de ellas.

    En fin, voy a dejarlo ahí, que al final me he encendido y me podría eternizar. El caso, es que veo paralelismos al 100% entre los sucesos de PB y estos actuales. Parece que la dichosa Leyenda Negra no muere. Y que la historia se repite…

    Un saludo compañero, pinta bien la recta final de la serie.

  2. Autor
    Guillermo Colina Morales 5 meses

    Muy buenas tardes, Pablo;

    Gracias de nuevo por leer atentamente mis artículos, es un placer.
    Tienes razón, el Imperio español, por ser Imperio, cosas malas tuvo que hacer, nadie niega eso; vengo a reivindicar que, por ser imperio, actos malvados se realizaron pero que, por español, esos actos no tienen por qué multiplicarse cual ecuación exponencial. Ni más ni menos.

    La historia se repite en otro contexto; algo así como el mismo perro con diferente collar. Y nunca mejor un símil con un perro para introducir el tema catalán. Tampoco me voy a mojar mucho, ya sabes personalmente mi opinión. Dices que los «Pujol» son los más ladrones de la democracia, pero quería recordar que es el PSOE el partido más corrupto de toda Europa con el caso de los EREs de Andalucía que, miserablemente, hicieron de las suyas para que la sentencia no saliese hasta pasada las elecciones… Sabemos que el PSOE es todo un profesional en eso de manipular información antes de unas elecciones (y si no que se lo digan al PP en 2004, cuando el más nefasto presidente que ha tenido España en la democracia, José Luis ZP -aunque Pedro Sánchez se le está acercando muy de cerca-, hizo de las suyas y ganó unas elecciones en tan solo 3 días; cabría preguntarse el por qué, pero como siempre, eso no importa…).

    Pues lo dicho, los artículos que quedan (creo que son alrededor de 3) serán tajantes y de algún modo polémicos. Pero, al final, también se viene buscando un poco eso, porque la verdad duele, y más aun cuando desde pequeño tus padres te han dicho que 2 más 2 son 5 (pura ignorancia de tus padres y que tú -entiéndase tú como sujeto no determinado- has creído a pie juntillas).

    un gran abrazo, amigo.

  3. Carlos Martínez García 5 meses

    Querido @guillermo:

    Debo decirte, una vez más, que tu artículo es una maravilla; si los que vienen son mejores, no sabría qué decir. Así que aquí me tienes: atento a tus publicaciones, revisando la página todos los días.

    Por lo demás, te comento que el artículo ya no solo trata de desmontar prejuicios (que es a lo que debe dedicarse el pensamiento), sino que también reúne información etnográfica muy curiosa, empezando por la propia miniatura de la portada del artículo. Siempre aprendemos más cosas en tu perfil… Fíjate, si me permites, incluso te diría una cosa: este artículo se roza en cierto modo con el mío sobre el principio de autoridad, especialmente en la cita de Roca Barea de que «en los folletos de propaganda nunca se explicaba por qué el cambio era malo, simplemente se habla de imposición, de humillación y se excita la suspicacia de unos territorios contra otros». Se trata, sin duda, de otra forma más de faltar a la verdad, desarrollando discursos del odio que a nadie hacen bien. Incluso Hume —lo estoy leyendo también gracias a tu recomendación— habla de esto, al comentar los fallos de la metafísica tradicional o escolástica.

    Pareciera, por tanto, que el lenguaje también es un filtro de verdad, y que por tanto debe adecuarse al pensamiento fielmente, y no enaltecer otro tipo de pasiones del alma que en realidad no atienden a la razón, ¿no?

    Un abrazo, y ánimo.

  4. Autor
    Guillermo Colina Morales 5 meses

    Buenas tardes, una vez más, amigo Carlos:

    Gracias por seguir leyendo mis artículos y comentándolos.
    La verdad que la autora realiza un trabajo notable intentando entrar en muchos temas de lleno, y ya no solo en la verdad histórica y cultural, sino que también, como bien tú dices, en aspectos más técnicos, como la lingüística, entre otros.

    Estoy de acuerdo contigo, en tanto en cuanto que soy «hemuano» o «humeísta». Aún así, debo decir que en tus últimas palabras unes lenguaje, con verdad y razón. Un camino sin duda espinoso que me ha recordado mucho a Kant pero, sobre todo a Hegel. ¿Es la razón capaz de abarcar toda la verdad?

    Un abrazo y gracias, amigo.

  5. Rodrigo Lázaro 3 meses

    Gran artículo compañero. Me ha entretenido mucho y he disfrutado leyéndolo.
    A la espera de más de esta maravillosa saga.

    Un saludo,

  6. Autor
    Guillermo Colina Morales 3 meses

    Muchas gracias, Rodrigo. Estoy acabando exámenes y, en cuanto tal, acabaré esta saga de artículos los cuales estoy disfrutando mucho yo también. Un abrazo.

  7. REYNOSO, EDWIN. 2 meses

    MUY BIEN CONTENIDO, QUILLERMO. GRAGIAS POR COMPARTIR ESTOS TEMAS CON NOSOTROS, HACE POCO COMIENZO A LEERLOS, Y YA LLEVO 5, MI FAVORITO, HASTA AHORA, HA SIDO EL GORGIAS. VOY A RECOMENDAR ESTA PAGINA A MIS COLEGAS POR EL BUEN CONTENIDO Y EL BUEN ESFUERZO QUE DEDUZCO QUE HAS HECHO.

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