¿Por qué se habla siempre mal de España? Introducción.

Breve introducción a más de 400 años de historia.

Cualquiera que esté acostumbrado a leer entenderá lo que siento si digo que este libro es uno de esos que te mantienen siempre en concentración y hace que cuando acabas tengas un estado sentimental extraño; feliz por acabar y haber aprendido de semejante maravilla y, por otro lado, un sentimiento de vacío porque has acabado con la obra con la que pasaste tantas horas leyendo en el transporte público y hace preguntarte cosas como ¿y ahora qué?

   Se imaginan ustedes un libro donde se explican los grandes mitos de la supuesta malísima Inquisición española, un libro donde explique que las ideas del nazismo estaban estrechamente ligadas con Lutero (ese “gran” personaje que a día de hoy aún sigue teniendo días de tributo), un libro que nos cuente la historia “verdadera” acerca de la Armada Invencible, un libro donde se nos explique, y corrobore con otros libros, que Felipe II no perdió contra Inglaterra y que, además, debería ser conocido por muchas otras cosas que no fuesen por esa guerra puntual. Un libro donde hable de personajes históricos como Julio Cesar, Fray Bartolomé de las Casas, Charles Maurice de Tayllerand, Julián Juderías, Salvador de Madariaga o el gran José Ortega y Gasset entre muchos otros.

   Se imaginan un libro donde se haga una pequeña crítica bien fundada al gran pensador español contemporáneo D. Antonio Escohotado, en una parte de su segundo tomo de su gran obra Los enemigos del comercio, un libro donde se critica la financiación ilegal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Felipe González -por la Fundación Friedrich Ebert-, un libro donde se critica la idea de que Alemania económicamente en el Siglo XIX, con las dos Guerras Mundiales, haya pagado sus deudas religiosamente.

 

   Se imaginan un libro donde nos digan que la mayoría de las historias que nos han ido contando sobre los diferentes Imperios han sido objeto de manipulación continua (propaganda anti imperial, como lo llama la escritora). Tanto es así que, por ejemplo, el “gran” y “súper” ilustrado francés Voltaire escribe lo siguiente en su “maravillosa” Enciclopedia; en su entrada antropófagos, Voltaire explica lo siguiente, a saber:

 

¿Por qué no habrían sido los judíos antropófagos? Habría sido la única cosa que hubiera faltado al pueblo de Dios para ser el más abominable de la Tierra (…) Observamos a los judíos con la misma mirada con la que miramos a los negros, o sea, como una raza humana inferior.

   Quizá se hayan preguntado muchas veces cómo conocer la verdad de las cosas. En realidad, no es tan complicado, basta con tener entre 13 y 15 horas al día (como explícitamente viene recurriendo D. Antonio Escohotado en ciertos diálogos que tiene en Youtube, los cuales, como no podría ser de otra manera, insto buenamente a que los vean) y, en dicho tiempo, leer, leer y volver a leer. Ahora bien, leer obras de referencia (como sigue mencionando Escohotado). Es decir, para aprender sobre la hispanofobia o la Imperiofobia (palabra que, como tal, no viene recogida en la DRAE pero que ha sido utilizada a lo largo de la historia y es la que acuña Dña. María Elvira Roca Barea, filóloga clásica e hispánica, para su gran obra Imperiofobia y leyenda negra), basta con conseguir 13 horas al día y leer las obras de referencia sobre hispanofobia y la Imperiofobia. Ya tienen ustedes la solución; ¿quieren saber sobre la segunda Guerra Mundial? Pues bien, consigan tiempo y lean obras de referencia.

 

   Esto que acabo de comentarles no crean ustedes que es baladí. Esta obra que iremos comentando, aunque sucintamente, tiene alrededor de 500 páginas y más de 700 referencias bibliográficas al pie de las mismas, haciendo, cómo no, indicaciones a obras de referencia en el mundo de los Imperios, como Julián Juderías, William Maltby, Heinz Schilling, Geoffrey Parker, John Elliot, entre muchos otros.

 

   Quizá no esté el lector muy de acuerdo con algunas cosas, como pude estarlo yo en ciertas partes de la obra en su lectura, pero, ha de ser uno consciente y saber cuánto sabe y cuánto ha leído sobre los temas de los que trata. Por ello, si Galileo dijo aquello de que el Cosmos está escrito en lenguaje matemático y él, como matemático, podía sentirse con la potestad de poder hablar del Cosmos; soy yo el que no me siento ni con la inteligencia y mucho menos con la potestad de rebatir nada acerca de los temas expuestos en este libro. Las horas echadas por Dña. María Elvira Roca Barea comparadas con el nivel que poseo de lectura sobre estos temas, es intentar comparar los todopoderosos Tercios de Flandes con la podredumbre que se vivía en Inglaterra. Qué pena que gente como José Luis Villacañas haga caso omiso a este tipo de ayuda intelectual…

   En este artículo, lo que quiero hacer es una pequeña introducción a lo que va a ser una “serie” de disertaciones en relación con ciertos temas de los que habla el libro. Sin tocar, por supuesto, ni una octava parte de lo que se puede llegar a mencionar en la obra, para que al lector le entre la curiosidad y se vaya a por él a una biblioteca/librería. Por si queda algún rezagado, como hemos dicho, la obra que iremos comentando por encima es Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español de Dña. María Elvira Roca Barea.

   Para no irnos de vacío en esta primera publicación, les expongo brevemente una anécdota que nos cuenta la autora casi al final;

   Como sabemos, queramos o no, un Imperio lleva consigo una leyenda negra detrás, esto es, una envidia constante y, con ello, información falsa en contra suya. Aunque ahora esté de moda no ser de ninguna nación, y mucho menos ser español, créanme si les digo que esta autocrítica ha estado siempre presente en nuestra historia. Por mucho que les pese a algunos, España estará siempre en la historia por haber sido el cuarto mayor Imperio de todos los tiempos (con algo más de 20 millones de km cuadrados. Recordamos al lector que la actual Rusia tiene unos 17 millones de kilómetros cuadrados) -tras el Imperio británico, el Imperio mongol y el Imperio ruso- y, además, el cuarto más duradero (con algo más de 400 años de historia) -tras el Imperio bizantino, el Imperio romano y el Imperio otomano-.

 

   Por ello, con lo mencionado en el párrafo anterior, si leen a cualquier persona -que no sea obras de referencia como mencioné antes- de la época, nos contará que España, al dirigir ella misma su propia economía y su propia moneda, por ser imperio ni más ni menos, todo el mundo la subestimó y vio en ella una presa fácil para sacarla dinero (puede preguntarse el lector quiénes son los autores de referencia y quiénes los elevan a tal grado. Pues bien, ni mucho menos, como ayuda para su búsqueda, dejen llevarse por los nombres, cual argumento de autoridad, dado que los “elegantísimos” ilustrados franceses -Diderot, Voltaire, Montesquieu, entre otros- tienen obras en las que no paran de criticar a Rusia o a España y, te quedas perplejo cuando, en su correspondencia con otros “eruditos”, admiten no haber ido jamás a estas naciones que están criticando…).

   Pero la realidad es justamente otra; el real de a ocho (la moneda oficial de nuestro imperio) desde 1497 fue usado por parte del Imperio español de una forma tan brillante que pasó a ser la primera divisa de uso mundial. Tanto es así que hasta 1857 EEUU la tomó como moneda de curso legal, la “Spanish Dollar”. No es hasta 1997 cuando dejó de usarse el dicho económico usado en EEUU tan popular hasta le fecha de “vender o comprar octavos”. Cuando China emitió su primera moneda de plata, el tahel, en 1899, lo hizo según el modelo español del real de a ocho. La unidad del comercio mundial hasta el siglo XIX fue el real de a ocho, que precedió a la libra esterlina de oro inglesa y al dólar de plata estadounidense en su hegemonía financiera mundial.

   Con todo lo dicho, debo dejar aquí, al menos por ahora, este artículo. Como digo iremos subiendo ciertas historias de la Imperiofobia, sobre todo las que atañen a la España del pasado, a modo de “serie” y, espero como objetivo, que se diviertan con su lectura y puedan aprender lo máximo posible con esta maravillosa obra.

 

 

2 Comentarios
  1. Carlos Martínez García 3 meses

    Acabo de comenzar a leer toda tu serie de artículos sobre este libro, @guillermo, y debo decir que esta parece muy prometedora. Aunque esto no es más que una presentación/introducción del tema, hay una línea que merece algún comentario: comentas que la lexía «Imperiofobia» no aparece registrada en el DRAE —que desde 2014, Guille, se ha titulado DLE—, y yo te pregunto: ¿crees que todas las palabras aparecen en el diccionario? ¿Por qué? Si no aparecen, ¿quiere decir esto que no podemos comprenderlas o que no existen? Si no es así, ¿cómo entonces, despojados del «amparo» de la Docta Casa, las entendemos?

    Sin ninguna duda, ahora mismo sigo leyendo.
    Un abrazo, y gracias por tu trabajo constante.

  2. Autor
    Guillermo Colina Morales 3 meses

    Muy buenos días, querido Carlos.

    Muchas gracias por tu comentario y por estar siempre de los primeros en leer mis artículos y comentarlos. Me apunto lo de la DLE dado que no lo sabía, gracias!! Hago un pequeño resumen de ciertas historias que más interesantes me han parecido porque no soy yo quién como para desdeñar el libro de arriba abajo, primeramente porque no sabría por su complejidad y segundo porque no quiero.
    Tienes razón, hay palabras que no vienen en el diccionario del DLE y no por ello quiere decir que no puedan ser usadas, o que no existan.
    Espero que te guste esta saga de artículos que tanto me está costando, la verdad. Un abrazo, amigo.

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