¿Fue la educación de la Segunda República tan idílica como se nos ha hecho creer?

 

La Segunda República fue un periodo bastante convulso. Los seis años que duró estuvieron marcados por la alternancia de dos ideologías enfrentadas que dividían a la España del siglo XX. La cuestión educativa cobró bastante peso y en base a esta —junto con otros aspectos— se plantearon una serie de propuestas, reformas, y nuevas leyes en cada bienio de gobierno.

En este documento, se analizarán las medidas emprendidas por cada uno de los gobiernos —izquierdista y derechista— en vistas a reflexionar acerca de la situación. ¿Fue, realmente, la educación de la Segunda República tan idílica? Y ahora, ¿qué tan lejos de esa realidad nos encontramos, en cuanto a la promulgación de nuevas leyes educativas?

pdf. del documento: La cuestión educativa durante la Segunda República.pdf

Lucía Plaza Suárez

3 Comentarios
  1. Pablo Moral Pérez 3 años

    Hola Lucía, ¡un placer leerte por aquí por primera vez! Un artículo además que, a título personal, me ha resultado de gran interés por ser del mismo estilo que uno que yo mismo publiqué sobre los países nórdicos: una deconstrucción de mitos, en pocas palabras.

    Porque efectivamente la educación de la segunda república ha quedado muy glorificada a posteriori. Sin embargo, ¿mereció tales halagos? La lección de tu artículo que yo extraigo es esa, que de poco sirven los grandes planes y proyectos super visionarios si luego fracasan en la ejecución, sea por el motivo que sea. Ya sabes lo que se dice, «Las ideas, sin acción, no son más que eso, ideas». Una lección de gran relevancia para aprender a tomarnos con mucha menos frustración la triste realidad que vivimos gobierno tras gobierno de promesas rotas en política.

    Y es que es una vergüenza que ocurran casos como este, en que los supuestos representantes de nuestro interés general, se dediquen a velar solo por sus propios intereses y se pasen las legislaturas en una especie de tira y afloja deshaciendo lo que el anterior llevó a cabo. Eso no puede ser, un país necesita un mínimo de estabilidad legislativa para funcionar fluidamente. Esto es el motivo por el que surgen los llamados pactos de Estado, como forma de alcanzar soluciones consensuadas entre gobierno y oposición que tengan una estabilidad más duradera que el gobierno de turno. Afortunadamente, tras el fracaso de la segunda república para lograr ningún cambio relevante duradero, durante la transición las distintas fuerzas políticas aprendieron la lección y lograron transformar el país, a mejor, de forma verdadera.

    Por desgracia, recientemente parece que este espíritu ha sido desterrado por un juego de insultos, demagogia y descrédito total del oponente en el que nadie escucha a nadie y parece que estén «midiéndoselas». En este contexto, volvemos de nuevo a la situación de destrucción de la obra de cada gobierno por su sucesor. Espero que no nos haga falta repetir la experiencia de la última vez que esto pasó para recobrar el juicio…

    Un saludo.

  2. Rodrigo Lázaro 3 años

    Un artículo muy interesante y entretenido de leer, con una visión hacia el pasado pero que trata problemas actuales. ¡Enhorabuena!

  3. Alejandro 3 años

    Buenas tardes Lucía y enhorabuena por tu artículo, me ha resultado muy interesante.

    Vaya por delante que comparto casi todo lo expuesto, por lo que esto no es una crítica a la totalidad del artículo, sino únicamente a su conclusión.

    No considero en ningún caso que el fracaso, si se le puede llamar así, de la reforma educativa de la Segunda República viniera por una simple alternancia entre izquierda y derecha o, como bien dices, entre bienios. Más bien considero, a la luz de todos los datos que en tu artículo aportas, que el Bienio Reformista constituyó uno de los mayores impulsos al sistema educativo que ha vivido España. Posteriormente, con la victoria de Lerroux y el apoyo de la CEDA (abiertamente accidentalista), ya fuera en un principio desde fuera del Gobierno y posteriormente desde dentro del mismo, se decidió volver al pasado, a eliminar la laicidad de la enseñanza y a tirar por tierra el valioso proyecto que estaba en marcha. Es por ello que, en mi opinión, no se trata de una simple alternancia en el poder, sino de una izquierda reformista decidida a mejorar la educación contra una derecha que no soportaba la exclusión de la Iglesia de este ámbito de poder.

    Asimismo, tampoco considero que se tratase de un problema de medios. Cierto es que, obviamente, no se conseguiría realizar todo lo que el Proyecto conllevaba, si bien no obstante, se trataba de un proyecto mucho más a largo plazo de lo que, por las circunstancias políticas e históricas, acabó siendo. Donde sí que coincido y percibo una absoluta falta de medios desde el primer momento es en las Misiones Pedagógicas. En este sentido, la ausencia de una estructura de apoyo determinó la imposibilidad de que los proyectos de ayuda de las Misiones se alejaran demasiado de las grandes urbes, aspecto que le restó mucha eficacia.

    Finalmente, no creo que se trate como se ha mencionado de un problema de politización de la enseñanza. Esta ha estado politizada siempre y, entendiendo que toda decisión pública es una expresión de poder e ideología, no concibo la forma de eliminar todo rastro de política de la educación. Más bien, considero que la laicidad de la misma levantó muchas ampollas en los sectores más reaccionarios de la sociedad provocando que la presión sobre los gobiernos del Bienio Negro (teniendo incluso en cuenta el sabido anticlericalismo de Lerroux) fuera enorme. En este ámbito, no quisiera yo que pareciera que insinúo que los gobiernos de izquierda en la República no promulgaron leyes de defensa de determinadas ideologías (véase la Ley de Defensa de la República de 1931 o la Ley de Orden Público de 1933), simplemente quisiera decir que no fue politización, sino mera laicidad.

    Con todo ello, me ha parecido un texto apasionante, gracias.

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