Cuestionamiento de nuestro sistema actual

La elección de nuestros líderes

 

RESUMEN: En este artículo se realiza una pequeña reflexión acerca de nuestro sistema sufragista y gubernamental. No se trata de un artículo especializado, por lo tanto, no requiere un nivel de conocimientos avanzado.

    Entre las conversaciones de bar o pub (taberna si aún siguen existiendo), acompañados de una buena cerveza y junto a una distinguida compañía, es inevitable que, entre el fervor y el efecto progresivo durante la jornada del alcohol en sangre, se abra un melón peliagudo dónde los haya… la política, donde más allá de despotricar sobre los políticos (que en ocasiones es poco de lo que se merecen) surgen cuestiones interesantes tales como si nuestro sistema de gobierno es el adecuado.

    Así pues, durante el transcurso de la conversación existen diversidad de opiniones, muchas de ellas ya superadas por la historia pero que el lúpulo hace regresar: desde los planteamientos aristotélicos de formas puras de gobierno, poniendo en duda la democracia, pasando por fases de proudhonismo inyectando anarquismo en base a una desazón con quien más tiene y desembocando en anhelos autoritarios de orden y desentendimiento político.

    No juzgo a quien pueda sentir malestar por nuestro sistema democrático que podría estar lejos de ser un gobierno del pueblo, o en su defecto de la mayoría, para el bien común. Un sistema, que como definió el anteriormente mencionado Aristóteles, puede derivar en formas imperfectas de gobierno, por ejemplo, aun sin estar directamente relacionada podemos ver características de la “Oligarquía” (cuando en una aristocracia el grupo gobernante, atiende a sus propios intereses en lugar del bien común); o la más común hoy en día en la vida política como es la “Demagogia”, siendo la deformación de la democracia en la cual el gobernante, para congraciarse con el pueblo (donde reside el poder) lo adula y hace apelar a sus sentimientos y miedos, para convertirlo en una masa obediente y servil a los caprichos del gobernante, que no tiene en cuenta más que sus ambiciones personales.

    Esto lleva a plantearse si de verdad la culpa de esta degradación de las formas de gobierno, en este caso la democracia, reside en la propia forma de gobierno, en los gobernantes o en los electores. Si bien unos portan el arma, haciéndose valer de recursos como la retórica (alias insultarse unos a otros), la desinformación (esto necesita un análisis a parte de lo gordo que es) relacionada con la propaganda política incurriendo en falacias; por otra parte, los electores no castigan por el engaño, reeligiendo a los mismos ante la imposibilidad de alternativa. Este círculo vicioso es la retroalimentación, de lo conocido como “ignorancia culturalmente inducida”, estudiada por Robert N. Proctor, profesor de historia de la ciencia en la Universidad de Stanford mediante la “agnotología”. Y como diría Donald Rumsfeld Secretario de la Defensa de EUA en el gobierno de G.W. Bush:

“…porque, como sabemos, hay conocidas conocidas; cosas que sabemos que sabemos. También hay desconocidas conocidas, es decir que sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también hay desconocidas que desconocemos, las que no sabemos que no sabemos”.

    Dicho esto, podemos deducir que el electorado tiene una responsabilidad, aunque bajo engaño, de mantener el sistema puro. Pero para ello debe poseer las herramientas adecuadas para discernir, fuera de los diferentes dilemas sociales y éticos, si lo que le cuentan en la “caja tonta”, mítines, periódicos y demás medios de comunicación es veraz o no. ¿Cuáles son estas herramientas? Desde mi humilde opinión, respondería a esta pregunta como que son los conocimientos básicos, a saber: historia, economía, la constitución y funcionamiento del sistema… Estos conocimientos deberían estar garantizados por el gobierno, indistintamente de la clase social y opción de estudio que se elija, para evitar otro sistema impuro de gobierno derivado de la “Oligarquía” griega como es la “Plutocracia” (del griego ploutos ‘riqueza’ y kratos ‘poder’), en la cual como para poder tener el poder de decisión necesitabas pertenecer a un grupo de influencia o poder al que solo se podía acceder con un nivel de riqueza determinado, quien de base no poseía esa riqueza, nunca podría optar a ello.

    Antes de definir una relación entre gobernantes y gobernados o responsabilidades del gobernante, se debería centrar la discusión en la base del sistema, de la democracia, y por ello, quién debe elegir al gobernante. Limitar las características que definen a un votante idóneo para el mantenimiento de una democracia pura.

    Es un pensamiento tecnócrata y no socialmente aceptado hoy en día, hasta el punto de que, en pleno 2019, determinado partido político español propuso de una manera informal que la edad legal de voto se redujera a los 16 años. Las intenciones egoístas y perniciosas para el sistema, en búsqueda de un electorado con un poder de razonamiento menor y más fáciles de adular, es un herramienta y prueba de que cada vez nuestro sistema se parece más a una Demagogia aristotélica. ¿Es la edad una barrera? Si de verdad se garantizase ese grado de conocimiento a esa edad, se podría pensar que es viable. Pero lo cierto es que además de poseer unos conocimientos, la capacidad de analizaros juega un papel clave. Ese análisis se basa en la objetividad, y a una edad en la que las emociones afloran sin control (las hormonas hacen de las suyas) y el individuo es psicológicamente vulnerable, el análisis de riesgo y beneficios deja mucho que desear bajo una visión reaccionaria y cortoplacista del individuo convirtiéndole en pasto para los radicalismos.

    Opiniones a favor de esta iniciativa afirman cosas como que “los jóvenes pueden trabajar, pagan impuestos, viven bajo la ley, luego deberían votar”. El problema reside en que, según la legislación actual, la obtención de derechos no está acompañada proporcionalmente por obligaciones que, en ese momento, las ejercen tus padres por ti hasta los 18 años. Pero es cierto y una incoherencia que si trabajas y aportas al estado no puedas decidir sobre él. Entonces deberíamos retornar a la cuestión anterior y es: si es posible que un joven de 16 años pueda recibir una educación con la que obtener los “conocimientos básicos” y así poder votar y trabajar (junto a sus correspondientes responsabilidades y obligaciones), aun dejando sin resolver la cuestión de la “madurez” emocional y psicológica. O en cambio, si el Estado debiese garantizar y dar obligatoriedad de estudiar hasta los 18 años, ya sea para el acceso a la universidad o formación profesional, debido que a los 16 años no se poseerían las competencias suficientes para poder votar.

    Habiendo superado todo lo anterior, nos encontramos ante un último problema con el que podemos concluir, y es la degeneración de los valores. Nos estamos convirtiendo en la sociedad que ve derechos en todo y no quiere tomar obligaciones en nada, ni si quiera en sus propias decisiones; una sociedad que, donde debe haber entendimiento y acuerdo, ve enfrentamiento e intolerancia. Un postmodernismo donde no existe ningún fundamento universal para la Verdad (con “v” mayúscula), la moralidad o la dignidad humana; en cambio existen diferentes verdades (con “v” minúscula) definidas por la concepción personal y subjetiva. De acuerdo con la descripción que realizó  en su artículo  Against Identity Politics, The New Tribalism and the Crisis of Democracy (2018): «Las sociedades democráticas se fracturan en segmentos basados ​​en identidades cada vez más estrechas, amenazando la posibilidad de deliberación y acción colectiva de la sociedad en su conjunto«. Por ello, veo arduo llegar a un acuerdo social en este tema, aún más cuando no le interesa a quien ostenta el poder.

R. Lázaro

4 Comentarios
  1. Pablo Moral Pérez 2 años

    Hola Rodrigo, ¡que bueno verte publicando por aquí por vez primera! Sin duda has elegido un tema bien candente para tu estreno, esto da para muuuucho debate.

    Por mi parte, muy de acuerdo contigo compañero sobre las carencias de nuestro sistema «democrático» de elección de líderes el cual posiblemente tenga muchos flecos que vendría bien pulir… Es interesante lo que planteas, pero sin duda es complicado de llevar a cabo y puede traer de vuelta consigo viejos fantasmas que sin duda están mejor enterrados, hay que tener cuidado con lo que se desea…

    Con tu permiso, hay un par de vídeos del canal de YouTube «whymaps» que abordan este tema de tu artículo y me parecen un complemento ideal al mismo para todos nuestros lectores. Los adjunto aquí por si alguien se quedase con ganas de más:
    https://www.youtube.com/watch?v=k8vVEbCquMw
    https://www.youtube.com/watch?v=UoP_mSIHqTY&t=152s

  2. Autor
    Rodrigo Lázaro 2 años

    Hola Pablo! Muchas gracias, les echaré un vistazo.
    Pero recuerda, algo solo es difícil de llevar a cabo si no hay consenso y un contrato social (es decir la intención, colaborando, de que se lleve a cabo).

    Un saludo amigo 🙂

  3. Lucía Plaza Suárez 2 años

    Sin duda, es un tema muy actual e importante, y tu visión abre la puerta a grandes reflexiones.
    En mi caso, destacaría la cuestión de la edad legal para ejercer el voto. Estoy de acuerdo contigo, y considero que el motivo real de adelantar la participación electoral que se propuso escondía fines manipulativos. Con esto no quiero decir que los jóvenes sean meros títeres, pero jugando con «los ideales» que proclama nuestra sociedad es muy fácil conducir al público hacia los caminos deseados, y más en esas edades. Creo que este es uno de los muchos problemas que existen, hoy en día, respecto al panorama político.
    Sin embargo, despojándonos, en la medida de lo posible, de esas influencias —solo y solo a través del conocimiento, de la educación y del acceso a la información no coaccionada— sería muy beneficioso que ciudadanos que ya pueden incorporarse al mundo laboral, con apenas dieciséis años, hicieran uso de otro de sus derechos fundamentales. En todo caso, es algo más complejo que estas simples palabras.
    ¡Enhorabuena!

  4. Carlos Martínez García 2 años

    Felicidades por este artículo, Rodrigo. Lo leí justo cuando lo subiste, pero no te dejé ningún comentario; y la verdad es que hay puntos muy interesantes.

    «(…) lo adula y hace apelar a sus sentimientos y miedos, para convertirlo en una masa obediente y servil a los caprichos del gobernante, que no tiene en cuenta más que sus ambiciones personales.». Esta es una de las partes de tu artículo que más me gusta: creo que, ciertamente, en la actualidad se apela más a los sentimientos (p. ej., anuncios con musiquitas para emocionarse o llorar, uso de personas en condiciones vitales deplorables, etc.) que a la verdadera razón; lo cual implica necesariamente que ahora pesan más los argumentos sentimentales que los puramente racionales. Esto, según mi opinión, me parece bastante repulsivo.

    También me ha gustado bastante la cita de Donald Rumsfeld. ¡Muy bien extraída! Me la apunto…

    Y, por último, el cenit de tu artículo: la edad legal para votar. Estoy de acuerdo con lo que comentas: efectivamente, reducir a 16 años la edad de votación parece, a primera vista, ideal; pero ¿cómo garantizamos que ese voto esté dirigido con conocimiento de causa? Con al educación, sin duda; pero en nuestra educación no se enseñan estos asuntos… Pues muy sencillo: ¡que se enseñen! Perfecto; pero he aquí que asoma su terrible faz otro problema: si la educación se encuentra controlada ideológicamente, ¿no sería incluso peor votar con menor edad, en cuanto que el ciudadano confiaría su voto a partidos concretos? Es decir, que vuelta a empezar en el círculo vicioso de la demagogia…

    Podríamos debatir bien este tema en Balder, si te parece oportuno. Seguiré atento a tus publicaciones.

    Hasta pronto.

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

CONTACTO

Si desea comunicarse con la administración, puede hacerlo a través de este formulario. (Los usuarios proporcionan su dirección en los perfiles) Un cordial saludo, EEM

Enviando

©2021 ElEfectoMedici

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?