Mentiras vertidas sobre la Felicísima Armada.

Imperiofobia y leyenda negra VIII.

 

En este artículo intentaremos destapar las mentiras vertidas sobre la Gran Armada española de Felipe II, que no son pocas. Lo que suele conocerse sobre la Gran Armada, la Armada Invencible es lo siguiente, a saber: “El monarca español Felipe II mandó a la Armada Invencible contra la reina Isabel I de Inglaterra en 1588. La Armada, al mando del inexperto duque de Medina-Sidonia, constituida por grandes galeones y pesados navíos de carga, no pudo competir con la flota inglesa, más ligera y de gran capacidad de maniobra. La Armada, tras ser derrotada, emprendió una trágica singladura de regreso a España por el norte de la Gran Bretaña y el oeste de Irlanda, donde los temporales la destruyeron casi en su totalidad”.

¿Cuántos españoles con estudios superiores saben que Inglaterra ha intentado invadir España y las posesiones españolas de ultramar al menos en cinco ocasiones y que en todas ellas fue derrotada? Poquísimos.

  • Veracruz (México) en 1568.

  • La Contra-Armada de Drake y Norreys en 1589.

  • Cartagena de Indias en 1740.

  • Río de la Plata en 1763.

  • Islas Maldivas en 1770.

  • Argentina en 1804 y 1806.

En cambio, ¿cuántos españoles y europeos saben de la Invencible de Felipe II? ¿Qué significa esto? Que la propaganda antiespañola ha triunfado, como indiscutiblemente así ha sido, pero sobre todo que los españoles han querido olvidar su propia historia (…) Las nuevas generaciones cuando no pueden, no ya ampliar sino meramente sostener, la herencia recibida tienen que desentenderse del pasado para seguir adelante, porque hace más daño que beneficio recordar qué glorias alcanzaron los antepasados y cuán lejos estamos ahora de ellas (…) En cambio, los rusos han decidido, tras la caída del comunismo, no olvidar en absoluto su pasado glorioso, y esto significa que el imperio de los rusos está mutando pero no ha llegado a su fin.

De los intentos fracasados de invasión que acabamos de exponer de Inglaterra contra España, la autora hace especial hincapié en dos de ellas: La Contra-Armada de Drake y Norreys y la expedición de Vernon en Cartagena de Indias.

Que la mayoría de los españoles y los ingleses con estudios superiores desconozca ambas sugiere interesantes reflexiones sobre la ley del silencio en el mecanismo de la imperiofobia y en la construcción de la historia oficial de Europa.

Isabel decide atacar a Felipe II en su propia Península en 1589. Querían enviar una flota con el objetivo de acabar con los barcos que habían sobrevivido de la Invencible, que se estaban reparando en los puertos del Cantábrico; levantar Lisboa contra España y apoderarse de una de las islas Azores. Si la cosa iba bien pensaban incluso llegar a Sevilla e infligir serios daños en el corazón mismo del comercio de Indias. Contaban los ingleses con la ayuda de un aspirante al trono portugués, Antonio, prior de Crato, el cual les convenció de que una vez llegaran a Lisboa, el levantamiento se produciría.

   Isabel mandó a 180 barcos a dicha misión (muchos más de los que envió Felipe II), la llamada The Counter Armada. La flota la mandaba Drake (confiaban en él porque saqueó Cádiz un par de años antes) y la infantería de marina, Norreys. Uno de los grandes problemas fue eso que César dijo acerca de lo que es ser un buen militar: “un buen militar se reconoce porque nunca se deja sorprender por el hambre”. Es decir, uno de los grandes problemas para los ingleses fue que sus dirigentes no eran buenos militares, dado que para no perder el factor sorpresa, Drake no avitualló sus barcos como debía. Se convenció a sí mismo de que esto ya lo haría en La Coruña o en cualquier puerto cantábrico, porque estaba seguro de que no tendría problemas para desembarcar, pero los tuvo.

   Pronto empezaron a escasear los alimentos y empezaron las primeras enfermedades. Cuando llegaron a Lisboa ya iban muertos de hambre y sed. Además al llegar al puerto de Lisboa ya habían allí tropas tanto portuguesas como españolas y, los portugueses, no querían tener extranjeros en sus territorios y, puestos a elegir, ya se quedaron con “lo malo conocido”, esto es, prefirieron que las tropas españolas siguiesen allí. Por ello, ni las tropas portuguesas, ni la gente, ni Lisboa, ni nadie (como había prometido Antonio a Inglaterra) se amotinó y, además, se aprestaron a la defensa con bastante empeño.

   Los ingleses, cómo no, abandonaron rápidamente Lisboa y salieron a su persecución los españoles dirigidos por Martín de Padilla (marino español al servicio de Felipe II). En alta mar, Drake pensó que sus grandes tácticas darían al traste con la flotilla de Martín de Padilla (Drake y la “Invencible”. Mitos desvelados. Agustín Ramón Rodríguez). Pero, Padilla no dejó que los ingleses se acercaran a las Azores y esto provocó más hambre todavía en las tropas inglesas. Provocó una desbandada general en las tropas inglesas, con motines incluidos. Hubo 15000 muertos y miles de desertores; unos 50 barcos fueron perdidos o capturados.

   Vemos claramente la repercusión de la leyenda negra en nuestra historia; del supuesto fracaso de Felipe II en Inglaterra, todo el mundo se ha enterado; del desastre inglés en Lisboa, nadie se ha enterado.

Felipe II no permaneció inconsciente a las calamidades de los bravos soldados y marinos que tanto habían arriesgado y soportado en el transcurso de aquella desastrosa cruzada. Hizo cuanto estuvo en su mano para aliviar sus sufrimientos y en vez de recriminar la derrota de Medina-Sidonia, le ordenó que regresara a Cádiz y reanudara allí su gobierno. Muy diferente fue la conducta de la reina Isabel, cuya preocupación constante era la de reducir gastos. Al contrario de Felipe, no había nada de caballeroso ni de generoso en su carácter (…) de haber sido mujer de corazón como lo era de cerebro, hubiera resultado imposible que dejara morir de hambre y de enfermedad a tan alto número de valerosos marinos luego de conseguir aquella victoria para ella.

Escribe Burghley: “Las enfermedades y la muerte están causando estragos entre nosotros; resulta doloroso ver cómo aquí en Margate no hay lugar para estos hombres y muchos de ellos fallecen en las calles (…) Es lastimoso presenciar cómo los hombres padecen después de haber prestado tal servicio… Valdría más que su Majestad la reina hiciera algo en su favor, aun a riesgo de gastar unas monedas, y no los dejara llegar a semejante extremo, porque en adelante quizá tengamos que volver a necesitar de sus servicios; y si no se cuida más de esos hombres, y se les deja morir de hambre y de miseria será muy difícil volver a conseguir su ayuda”. (Batallas decisivas del mundo occidental. J. F. C. Fuller).

A través de todo esto, con la vergonzosa gestión de Inglaterra, comenzaron nuevas propagandas anti-imperiales contra España; la mayoría de ellas surgidas en Inglaterra… Sobre la Felicísima Armada se empezó a decir que eran cobardes e incompetentes.

Según la carta a Mendoza, el pobre Medina-Sidonia se pasó la mitad del tiempo oculto en una especie de refugio que se había hecho construir bajo cubierta. Una y otra vez se insiste en que los ingleses perseguían a los españoles buscando el combate y que estos obstinadamente huían; “los españoles, por falta de valor, hacían todo lo que podían por evitar el combate”.

Fue finalmente J. A. Williamson, en su obra The age of Drake, quien a finales del siglo XIX refutó esta teoría:

Después de cuatro combates –cualquiera de ellos, en navíos y disparos, con mucho, los más grandes que hubieran peleado en el mar- no se había relajado la disciplina de los españoles, no había rupturas en su formidable orden y estaban tan ansiosos de reducir la distancia y luchar cuerpo a cuerpo como lo habían estado en la primera mañana ante Eddystone.

   A través del estudio de la contabilidad de la Armada, Casado Soto demostró que se perdieron unos 30 barcos y regresaron 100 y que casi todos ellos eran barcos de transporte, por demás, alquilados. (José Luis Casado Soto. Los barcos españoles en el siglo XVI y la Gran Armada de 1588).

Además, añade la autora, perdidos en combate en manos inglesas solo hubo dos: el San Salvador y el Nuestra Señora del Rosario. Pero lo que se ha repetido generación tras generación es muy diferente: que pesados barcos españoles fueron derrotados por ligeros navíos  ingleses que los persiguieron sin descanso; que fue una batalla decisiva que cambió el rumbo de la historia y decidió el liderazgo de los mares en adelante, etcétera.

Sin embargo, autores como Casado, Agustín ramón Rodríguez González o David Goodman han demostrado que lo sucedido no fue decisivo ni siquiera en el curso de aquella guerra y que en realidad fue causa de gran mejora de la Armada española. Felipe II mandó construir nuevos y mejores barcos. Además la guerra acabó formalmente en 1604 con un tratado que claramente beneficiaba a España.

   Ni Inglaterra se convirtió en una potencia naval a partir de aquel momento ni hubo el estado de alegría y euforia colectiva que los historiadores ingleses del siglo XIX describen.

Garrett Mattingly, historiador estadounidense, escribe en su obra La Armada Invencible lo siguiente:

La guerra continuó todavía catorce años más, es decir, de hecho continuó mientras vivió la reina Isabel, para terminar en algo así como una retirada. Según algunos historiadores, la derrota de la Armada Invencible “marca el ocaso del imperio colonial español y el comienzo del británico”. Resulta difícil comprender el porqué del razonamiento. En 1603 España no había abandonado a Inglaterra ni uno solo de sus dominios de ultramar, mientras que la colonización inglesa en Virginia tuvo que ser aplazada de momento. La campaña de la Invencible tampoco “transfirió el dominio de los mares de España a Inglaterra”… La derrota de la Invencible no significó el fin de la Marina española, SINO SU COMIENZO. Los ingleses podían invadir la costa española, pero no bloquearla. Drake y Hawkins soñaban con someter a Felipe II impidiendo la llegada de las riquezas del Nuevo Mundo, pero el caso es que LLEGARON MÁS TESOROS DE AMÉRICA A ESPAÑA DESDE EL 1588 AL 1603 QUE EN NINGÚN OTRO PERIODO DE QUINCE AÑOS DE LA HISTORIA ESPAÑOLA.

Respecto de la fracasada invasión inglesa en la Guerra de Cartagena de Indias, en 1741, dice la autora lo siguiente: que lord Vernon atacó, pero no fue un ataque cualquiera; supuso uno de los mayores esfuerzos que haya afrontado la armada inglesa y fue, hasta el desembarco de Normandía, el más grande que registra la historia: 8 navíos de 3 puentes y 90 cañones, 21 de 2 puentes y 50 cañones, 12 fragatas de 40 cañones, varias lombardas y 130 buques de transporte con 12600 marineros y 10000 soldados de infantería.

   Como era una victoria cantada, Jorge II mandó acuñar monedas para celebrarla. EN ELLAS SE VE A LORD VERNON DE PIE Y A BLAS DE LEZO DE RODILLAS CON EL LEMA “THE PRIDE OF SPAIN HUMBLED BY AD. VERNON”. (EL ORGULLO DE ESPAÑA HUMILLADO POR EL ALMIRANTE VERNON.

No podemos contar aquí cómo el almirante Blas de Lezo, con 3000 hombres, consiguió derrotar a los ingleses con una mezcla de tenacidad y astucia pocas veces igualadas en una batalla. (Fernando Savater dedicó un artículo a este vasco extraordinario con el título Un hombre entero). Como le faltaba un ojo, un brazo y una pierna, lo llamaban el “medio hombre”… pero no lo era.

   Cuando llegó la noticia de la derrota de Inglaterra, hubo que retirar las monedas, que debían ser destruidas (algunas sobrevivieron y alcanzan hoy un precio fabuloso en el mercado de la numismática).

   Jorge II y sus ministros consideraron que no hacía ningún bien a la población conocer aquel fracaso y se decidió que no se hablara ni se escribiera nunca más de él.

El control de las publicaciones era férreo en la Inglaterra de este tiempo. Como mencionan Francisco Javier Membrillo Becerra, en su obra La batalla de Cartagena de Indias, y Pablo Victoria Vilches, en su obra El día que España derrotó a Inglaterra, la mayor parte de la población inglesa no se enteró de lo que había pasado en Cartagena. Y los libros de texto hoy no lo mencionan, ni los ingleses ni los españoles.

   En España, en todos los rincones, la Invencible fue objeto de toda clase de comentarios, críticas y general rechifla. El poderoso Felipe II soportó cancioncillas y memoriales tan virulentos contra su labor que hoy día nos cuesta creer que hubiera semejante libertad de expresión.

   Ibáñez de Santa Cruz escribió un Discurso crítico contra Felipe II, donde directamente lo acusa de ser un pusilánime y un mal gobernante. Las sátiras contra Felipe II han dado lugar a varios estudios.

   Dice Maltby en La leyenda negra lo siguiente, a saber;

La crítica interna por muy constructiva que fuese rara vez fue tolerada en la Inglaterra isabelina o de los Tudor… Aparte de cuestiones de fe, la libertad de palabra fue cara prerrogativa de los españoles durante el Siglo de Oro y no permitieron que cayera en desuso. Violentas acusaciones de toda una vasta gama de males fue el resultado y algunas de ellas como la Brevísima relación pudieron servir más adelante a la propaganda antiespañola.

Acabamos este artículo con estas palabras espléndidas de la autora, María Elvira:

LA COSNTRUCCIÓN NACIONALISTA EXIGÍA QUE PARA SER UN BUEN INGLÉS HABÍA QUE SER ANTICATÓLICO Y ANTIESPAÑOL. EL FACTOR “ANTI” ES UNA DE LAS DIFERENCIAS PRINCIPALES QUE EXISTEN ENTRE EL PATRIOTISMO Y EL NACIONALISMO. EL PRIMERO PUEDE EXISTIR POR SÍ MISMO Y EL SEGUNDO NECESITA DE UN ENEMIGO, Y SINO LO TIENE, LO FABRICA. Se confunden habitualmente el uno y el otro, pero no pueden ser más distintos. EL PRIMERO ES UN AMOR GENEROSO Y SIN POSESIÓN, MIENTRAS QUE EL SEGUNDO LE DICE AL OBJETO DE SU AMOR “ERES MÍA O DE NADIE; DE AHORA EN ADELANTE, YO DECIDIRÉ CÓMO TIENES QUE SER Y LO QUE TE CONVIENE”. EL NACIONALISMO ES ENEMIGO SIEMPE DE LA DIVERSIDAD Y CONFUNDE INTENCIONADAMENTE DIFERENCIAS DE OPINIÓN CON LA TRAICIÓN. Hay un último rasgo que los distingue. EL NACIONALISMO SUELE SERVIR DE TRAMPOLÍN A UN GRUPO QUE POR MEDIO DE ÉL CONSIGUE RIQUEZA Y ENGRANDECIMIENTO SOCIAL, MIENTRAS QUE EL PATRIOTISMO NO REPORTA BENEFICIOS, SINO MÁS BIEN DISGUSTOS Y ESFUERZO. EL UNO ES VICTIMISTA POR NATURALEZA Y FABRICA ENEMIGOS; EL OTRO SE MUESTRA EN SUS SACRIFICIOS. EL NACIONALISMO ES UNA ENFERMEDAD QUE, COMO LAS TERCIANAS, REAPARECE UNA Y OTRA VEZ EN EUROPA. A ELLA LE DEBE LA MAYOR PARTE DE SUS DESGRACIAS. LA HISPANOFOBIA FORMA PARTE INDISOLUBLE DE UNA BUENA PARTE DE LOS NACIONALISMOS EUROPEOS.

1 Comentario
  1. Pablo Moral Pérez 1 año

    Bueno, pues qué mejor manera de celebrar el día de la Hispanidad que con esta señora lección de historia. Muy entretenido el artículo, sacando a relucir unos cuántos momentos de nuestra historia militar olvidados. Particularmente la historia de Vernon y Lezo me ha hecho reír un rato.

    Eso sí, me gustaría comentar que, al final, motivos para sentirse orgulloso de España hay muchos, y reivindicar victorias militares que quedaron en el pasado (junto a muchos otros aciertos y errores) pero no representan a la España de hoy gran cosa… No está mal recordar en las clases de historia que están ahí, para combatir un poco la imagen de España como los «pringados» de la historia que muchas veces se tiene. Pero en sí, la guerra no es motivo de celebración, precisamente.

    Pero al final yo veo muchos motivos mejores para celebrar lo grande que es nuestra España y el valor que le ha aportado al mundo: nuestras obras maestras de la literatura (Quijote, Lazarillo, Celestina, Romancero Gitano, entre muuuuchos más), nuestro arte de vanguardia con esos genios como Picasso, Goya, Dalí, y muchos más, por no hablar de que fue en este país, en la Universidad de Alcalá de Henares, dónde se fundó la «Escuela española de la economía», la cuál serviría de referente a la prestigiosa escuela austríaca de la economía, o incluso a los padres fundadores de EEUU; y qué me dicen de las numerosas aportaciones de España a la ciencia, la filosofía y la cultura universal… Pero es que, saliendo del plano cultural, qué me dicen ustedes de la MEJOR dieta del mundo (y vaya si se echa en falta en el extranjero), de la belleza y diversidad de nuestro paisaje natural o lo agradable de nuestro clima, de los varios españoles que han hecho historia en el deporte…

    Sin duda España es un gran país, con sus defectos, sí, pero con muchos más motivos para celebrar su historia, su legado, y el ser españoles. Y prefiero quedarme con estos logros, que sí me llenan de orgullo, que con victorias militares. La verdad, los ingleses (y cualesquiera otras gentes) que se mofen lo que quieran de su versión ficticia de la historia… Pero luego a ver dónde quieren venir a pasar el verano 😉

    Un saludo compañero, y viva España, la España que nos hace sentir orgullosos de ser sus ciudadanos.

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

CONTACTO

Si desea comunicarse con la administración, puede hacerlo a través de este formulario. (Los usuarios proporcionan su dirección en los perfiles) Un cordial saludo, EEM

Enviando

©2021 ElEfectoMedici

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?