USA e Irán ponen en jaque la estabilidad de un enclave estratégico

 

Cisne negro.

El cisne negro es un concepto muy manejado por economistas e inversores. Se utiliza para denominar eventos imprevistos y sorpresivos, los cuáles pueden adquirir relevancia capital en un muy corto espacio de tiempo y cambiar radicalmente el juego.

Hace no mucho publiqué un artículo alertando sobre la frágil situación de la economía mundial  y en este dejé constancia de la debilidad de esta en estos momentos, y la posibilidad real de presenciar una nueva crisis. Sin embargo, como indiqué en el mismo, el futuro es ambiguo, como de costumbre vamos, y podía ocurrir o no. Pero, lo que estaba claro, es que en una situación tan delicada, cualquier acontecimiento imprevisto, cualquier cisne negro, podía decantar rápidamente la balanza de la incertidumbre.

Hoy, prácticamente 3 meses tras publicar aquel artículo, llegó la hora que me temía: ha surgido, en cuestión de simples días, un posible cisne negro que puede provocar la hecatombe con relativa facilidad. Estados Unidos e Irán han protagonizado una rápida escalada de tensión en una zona estratégica, el Estrecho de Ormuz, clave para el suministro global de energía. El estallido de un conflicto bélico podría ser inminente, o no y todo queda en falsa alarma, pero la cuestión es que la tensión está servida.

Damas y caballeros, cojan sus palomitas y prepárense para presenciar un deleznable espectáculo durante los próximos días/semanas el cual la economía global seguirá en vilo. Y recen lo que sepan porque los tambores de guerra cesen su martilleo.

Pongámonos en situación:

8 mayo 2018 – Donald Trump cumple con una de sus promesas recurrentes y retira oficialmente a USA del acuerdo nuclear suscrito con Irán junto a Rusia y  Europa por la administración Obama. El mandatario americano acusa a Teherán de incumplir el pacto y violar las restricciones a la adquisición de uranio enriquecido que este le estipulaba. Poco después, Mr Trump aprueba severas sanciones económicas contra Irán y un duro embargo a sus exportaciones de petróleo.

Julio de 2018 –  Tras los primeros meses Irán comienza a sufrir el efecto de las sanciones, y endurece seriamente su postura. En una serie de tweets y declaraciones oficiales, la tensión escala severamente. Primero, el líder iraní, Rohani, amenaza a USA con una guerra, a lo que Trump responde con una durísima replica prometiendo una respuesta “tan dura como pocos países han sufrido en la historia” si vuelve a amenazarles. En los siguientes días, varios altos mandos militares de Irán aumentan la retórica amenazante, pero la cosa no va a más.

Mayo 2019 – Tras un tiempo de relativa calma, la tormenta arrecia de nuevo. Debido a las discrepancias internas en la OPEP entre Irán y Arabia Saudí, rivales históricos en Oriente medio a nivel geopolítico y religioso, Irán muestra su profundo descontento por el unilateralismo de la república saudita, que lidera el cartel e impone decisiones sobre la estrategia del mismo. Rohani amenaza con la ruptura de la OPEP ante la situación. Poco después, a mediados de mes, algunos buques petroleros de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos sufren ataques y sabotajes. La culpa se le echa a Irán, que no desmiente convincentemente ni efusivamente su responsabilidad. Con el paso de las semanas, los ataques continúan. El nerviosismo ante un eventual bloqueo de Irán del Estrecho de Ormuz se apodera del mercado del petróleo, el crudo protagoniza bruscas subidas de precio.

La administración Trump, que viene propugnando una política de petróleo barato y ha protagonizado innumerables críticas a la OPEP  y sus recortes, toma cartas. USA acusa a Irán de estar tras los ataques y amenazar a la estabilidad del suministro energético global, y aporta un vídeo que supuestamente lo demuestra. Irán lo niega en redondo. Japón se ofrece a mediar en el asunto.

Junio 2019 – La tensión se dispara hasta niveles asfixiantes. Primero, un nuevo ataque mientras el primer ministro japonés se haya en Irán frustra la mediación. Además, este ataque afecta a Exxon, una gran petrolífera estadounidense con grandes intereses en la zona. USA eleva el tono acusatorio. Irán refuerza su agresiva postura defensiva, y amenaza a Washington con violar las sanciones o el acuerdo nuclear. La continuidad de los ataques y amenazas lleva a USA a reforzar su presencia en la zona con el envío de 1000 soldados adicionales, varios destructores y numeroso material bélico.

Entonces llega el momento clave. Hace unos días tan sólo, USA, buscando pruebas de que Teherán se halla tras los ataques, envía un dron espía, que es derribado por un misil tierra aire disparado por las autoridades iraníes. La clave está en la versión que se escuche: Irán denuncia que sobrevolaba su espacio aéreo (lo que legitimaría el derribo) y USA defiende que no. A partir de aquí, e suceden los hechos y declaraciones, empleando un tono alarmante. El petróleo responde con subidas brutales de hasta el 10% semanal, más que en años.

Irán denuncia una agresión de USA por invadir su soberanía, e inicia una campaña internacional en busca de apoyo y acciones legales contra USA. Estados Unidos, por su parte, denuncia actos de terrorismo por parte del régimen islamista, Trump declara que Irán ha cometido un grave error, y anuncia una respuesta proporcionada. Trump da la orden de cancelar un bombardeo apenas 10 minutos antes de que comience, por falta de proporcionalidad (habría causado 150 muertos) Ese mismo día USA lanza un ciberataque contra los sistemas de guiado de misiles iraníes, a modo de aviso. Además, el secretario de defensa declara que la cancelación del bombardeo no debe llevar a confundir prudencia con debilidad, y que el ejército estadounidense está preparado para cualquier escenario, el bélico incluido.

Finalmente, durante los últimos dos días, Irán endurece la retórica bélica severamente y enseña los dientes a Washington, y Donald aprueba una nueva ronda de sanciones extra duras.

En este escenario llegamos a la cumbre del G20 que se reunirá estos días, donde la evolución de la diplomacia o bien la retórica bélica será clave para la evolución del conflicto. Mientras tanto, algunos países, como Arabia Saudí e Israel (extraños compañeros de cama), se frotan las manos esperando más hechos, pero la mayoría observan consternados y abogan por la diplomacia. Por su parte, Irán, tras un primer año de sanciones, ha visto reducidas sus exportaciones de petróleo, su principal fuente de ingresos, de 3 millones de barriles diarios a solo 1, por lo que no se espera que recule.

Puestos ya al día, yo me abstengo de emitir previsiones sobre qué pasará, ya que es todo pura especulación. De lo que sí hablaré, es de las consecuencias que tendría una eventual guerra. Aparte del obvio, y por supuesto principal desgracia, desastre humanitario, la economía mundial está temblando ante la perspectiva de este conflicto. Veamos porqué:

Este, señores, es el Estrecho de Ormuz. En caso de una guerra con Irán, este país podría bloquear esta ruta marítima. Esto, damas y caballeros, sería un desastre. Por esta pequeña franja marítima, pasa alrededor de un 30% del suministro de petróleo mundial, diariamente. No hay más que ver los nombres de los países en el mapa, es el enclave estratégico de Oriente Medio. Por si fuera poco, algunos de estos países, especialmente Qatar, son de los mayores productores mundiales de gas natural licuado, la otra fuente de energía por excelencia. Es decir, un bloqueo de este paso amenazaría el suministro de energía mundial, generando escasez de oferta y causando una brusca crisis energética.

Pero la cosa no acaba ahí. Semejante escasez repentina empujaría el precio de la energía fuertemente al alza. Que nadie se extrañe de ver el precio del barril de petróleo en 140-150$. Yo sigo manteniendo mi pronóstico a medio plazo para el mercado de petróleo de mi artículo sobre la crisis de un petróleo barato, pero esto a corto plazo generaría una distorsión y un estrés imposibles de frenar. Mientras durase este bloqueo, toca energía cara.

Y esto sería mortal para la economía mundial, en desaceleración, precipitando con seguridad una nueva crisis. Al no haber suficiente suministro energético, cientos de empresas se verían obligadas a rebajar la producción o cerrar incluso, disparando el paro con la consecuente caída del PIB. Además el mayor coste energético reduciría los márgenes empresariales, cayendo sus beneficios y también frenando en seco las alzas salariales. Para compensar estos mayores costes, las empresas se verían obligadas a subir los precios, lo que reavivaría la durmiente inflación. Efectivamente, señoras y señores, lo pueden haber adivinado, la crisis energética nos conduciría de lleno a la temida estanflación (estancamiento/recesión combinado con alta inflación) ese cruce de la muerte en materia de crisis económicas del que es taaaan difícil salir. Recuerden los 70s y primera mitad de los 80 del siglo pasado.

¿Piensan que ya hemos terminado? Que va. La debilidad de la economía actual la expone a muchos factores de riesgo. Sobra decir las dificultades añadidas para las familias para pagar la luz y el gas, y el dolor añadido al bolsillo de llenar el depósito del coche. Pero falta lo emocionante: turbulencias financieras. Una guerra, como todo conflicto geopolítico, derrumbaría las bolsas, llevando a pérdidas millonarias a miles de inversores, no solo los grandes, también pequeños ahorradores. Pero lo mejor viene ahora: ¿se acuerdan de la burbuja de la deuda de la que ya les hablé en el repetidamente mencionado artículo sobre la crisis? Si en esta situación no estallase, sería un milagro. A las tensiones económicas mencionadas y los riesgos a la solvencia que podrían dañar la confianza y cortar de lleno las refinanciaciones de dicha deuda, hay que sumarle la inflación. Si adquirimos un préstamo en el pasado por un valor determinado, y una fuerte inflación devalúa seriamente nuestro dinero presente, nos requerirá muchas más unidades monetarias reunir el valor del préstamo a devolver, y en época de recesión no es precisamente fácil juntarlas.

Y, de darse el probable estallido de la deuda, adiós muy buenas. Ahí ya sí que entramos en un escenario catastrófico, de consecuencias inconmensurables.

Por tanto, señores Trump y Rohani, por favor, contengan su ego y rebajen el tono por el bien colectivo, antes de que sus jueguecitos de poder nos arrastren a todos por un precipicio sin fondo aparente. Dedos cruzados ante este G20.

Esto es todo, estimados lectores, como siempre, espero que hayáis disfrutado la lectura (aunque esta vez haría falta ser algo masoquista) y os animo a dejar opiniones sobre estos hechos abajo en los comentarios para tener un pequeño debate entre todos sobre estos momentos cruciales. Yo contestaré a todos. Nada más, un abrazo.

 

AUTOR: Pablo Moral Pérez

2 Comentarios
  1. Carlos Martínez García 2 años

    Creo que este breve artículo continúa bastante bien el hilo que ya marcaste en «Fin de las vacas gordas. Temor de crisis inminente»: el anterior parecía, ciertamente, una especie de premonición. Por ello, felicidades.

    Sinceramente, creo que estos líderes políticos —como casi todos los demás—, como tú mismo comentas, tienen demasiado «ego», y están jugando con situaciones de peligro nacional. Eso sí: lo importante es saber qué líder es más carismático y más «hombre», como dice alguno por ahí; de lo que no se percatan es de su imprudencia e insensatez. Y, en tanto que son ridículos y, además, no brillan precisamente por su inteligencia, ¿a fin de qué les quiero prestar atención? En resumen, siempre diré: «El poder corrompe a cualquiera». No estoy seguro de que alguien lo pueda manejar del todo, por lo que, teniendo esta naturaleza el poder, cualquiera debería aborrecerlo. Espero que la situación se solucione rápido, aunque la esperanza no suele servir de mucho.

    Felicidades de nuevo, y hasta la próxima.

    • Autor
      Pablo Moral Pérez 2 años

      Muy buenas Carlos amigo. En primer lugar, muchas gracias por tu comentario, por continuar el hilo de pensamiento.

      Efectivamente, como tu mismo comentas, y más aún, a fecha presente con la perspectiva de unos cuantos meses desde estas publicaciones con las que marqué este hilo, se han cumplido varios de mis malos presagios que ya vaticiné en este artículo y el otro. Sin embargo, no albergo alegría alguna por ello, y espero realmente que la situación de un giro de 180 grados.

      También con la perspectiva del tiempo, vemos que este conflicto que protagoniza esta publicación no ha ido a menos sino a más. Hace escasas semanas empezábamos el año con el asesinato en un bombardeo estadounidense de un alto oficial iraní… Al menos de momento, no hay guerra abierta, pero ya se está volviendo una constante el tener focos de tensión de un par de semanas cada varios meses, y cada nueva ocasión las acciones tomadas son más graves. Hemos pasado de secuestros de cargueros y derribos de drones a asesinatos de altos cargos y bombardeos a bases militares… Ya veremos en que acaba todo esto.

      Concluyo mi respuesta reivindicando tu cita: «el poder corrompe a cualquiera» y, por ende, nadie debería manejar demasiado. En línea con esto, se puede avanzar hacia la conclusión de que lo más equilibrado es repartirlo, permitiendo a cada uno su franja de poder que le permite tomar decisiones libres para construir su propia parcela de la realidad, la que afecta a su vida, a su gusto y sin alterar la de otros. Esto no es otra cosa que la base de la filosofía libertaria, que tanto defendemos algunos, como yo mismo en alguna otra publicación. Estas ideas, que están experimentando un muy gradual renacimiento en nuestros días, son resultado de los esperpentos generados por el mal uso del poder que hacen recurrentemente aquellos que lo ostentan, como los señores mencionados en el artículo, u otros muchos de todo signo político o religioso que podemos tener la desgracia de encontrarnos por ahí.

      Desde luego, yo también aborrezco estas expresiones de poder y sus consecuencias. Un saludo amigo mío 😉

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