Un recorrido por el conflicto oculto

Nada es verdad, todo está permitido

Durante la historia de la humanidad, cientos de guerras se han luchado por imponer cuál era la verdad. Ahora, un conflicto sin precedentes ha cambiado el mundo: la guerra sobre qué es la verdad en sí misma. Entendiendo el significado de «nada es verdad todo está permitido«, podemos comprender qué está pasando en la actualidad.

(Artículo largo – Tiempo de lectura: 20 min aproximadamente)

 

Este conflicto, librado en las bases de nuestras creencias, está moldeando la realidad de los países de Occidente y todos sus ciudadanos; los cuales, por lo general, vemos sus consecuencias, pero desconocemos su existencia. Este documento, plantea un viaje, al origen de la inestabilidad política global, Trump, el Brexit, y los pronombres inclusivos, introduciendo la gran contienda ideológica escondida tras el velo del debate público.

Y es que, si bien la economía suele determinar, en gran medida, el presente próximo, nuestra visión sobre el mundo, determina el futuro a largo plazo.

Nada es verdad, todo está permitido, con este título y con este tema, comienzo mi primera publicación en El Efecto Medici; un artículo largo (la mayoría serán cortos), el cual espero sea entretenido e interesante, pero sobre todo, de utilidad.

Antes de nada, tengo la obligación de señalar, que, personalmente, no considero muy interesante aprender sobre filosofía, si esto no supone adquirir capacidades antes desconocidas u ocultas, a pesar de estar a plena vista. Por esta razón, y aunque este tema nos va a llevar a ella, todo se ha escrito con un enfoque práctico, para “el día a día”, sintiéndolo por los filósofos.

¿Por qué empezar con este tema?

La respuesta más rápida sería, porque el conocimiento es poder; algo que me gusta llamar “la magia del hacker”. Ya que, un buen ejemplo de esto en nuestros días, son los hackers. Ese grupo de especialistas tiene capacidades, que, a ojos de una persona que sólo utilice su ordenador y móvil para visitar Instagram, Google o Facebook, podrían parecer las de un mago o un personaje de película. Esto sucede porque los hackers, sean éticos o cibercriminales, conocen profundamente la informática, y, utilizando dicha información o conocimiento, pueden llevar el programa original a otro nivel.

Conocen, y ahí, está la clave: conocen.

Lógicamente, cualquier conocimiento útil y acertado tiene que ser la verdad de algo, pues de ahí, proviene su potencial. Esto hace que, antes de nada, nos preguntemos qué es verdad y que no lo es, y si vamos un paso más allá, nos obliga a saber qué es la verdad en un primer lugar. Esta cuestión generó mucho interés en el último debate celebrado en Balder, y la “investigación” hecha sobre ella en los últimos meses, no ha hecho más que sorprenderme una y otra vez.

No podía imaginar que este tema pudiera llegar a ser tan importante. Tengo la sensación, de que algo parecido le sucederá a quien empiece a explorarlo, y por ahora, puedo ofrecer este artículo como introducción.

Para empezar, fue sorprendente descubrir que existen preguntas letales, que han llevado a la pérdida de millones de vidas, y que en esta categoría oscura, ¿qué es la verdad?, es una de las que más, si no la que más, ha generado estos resultados.

La causa de esto, es que dicha cuestión, aunque pueda parecer insignificante, es extremadamente relevante para todo el mundo, sin excepción. Aprender sobre ella nos permitirá, desde comprender de una manera totalmente nueva, por qué se escucha este o aquel titular en los telediarios, así como a descubrir lo mucho que podemos interactuar, y ser capaces de cambiar nuestra realidad y el mundo que nos rodea.

Sin más presentación, nos vamos a sumergir en la historia de la verdad, en un esquema que mostrará qué ha sucedido según hemos respondido a esta pregunta, y cómo ha derivado todo en ese gran conflicto “oculto”, que llega a la actualidad.

Empiezan las curvas.

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LA ANTIGÜEDAD (Veritas liberabit vos)

 

Para la gente de la Antigüedad, la verdad venía siempre de los dioses. Ya fuese por “comunicación directa”, a través de intermediarios (sabios, profetas, religiosos, documentos ancestrales y un largo etcétera), o por la divina razón humana, según los griegos, capaz de quitar el velo a los misterios del mundo.

Los romanos, creían que la diosa Veritas era la hija del tiempo, Saturno, y de su madre la virtud, Virtus. Su imaginación, la veía como una entidad difícil de encontrar, que se escondía en un pozo sagrado. Un ejemplo tan simple como este es solo uno de los miles que existían, puesto que, los mitos portaban los conocimientos necesarios para tener éxito en la vida, y cubrían todos sus aspectos. Este enfoque fue común en la mayor parte de lugares de la Tierra, ya fuese de una manera u otra, y con sus miles de diferencias, las religiones estaban de acuerdo en algo: existía la verdad.

Hay ejemplos excepcionales, como las creencias Brahmánicas orientales y Budistas, que directamente afirman que todo es falso, otro lío en el que no nos podemos meter en este artículo.

La verdad os hará libres, es una de las frases más conocidas de la Biblia, atribuida a Jesucristo en una advertencia a los discípulos que le escuchaban. Sin embargo, esta serie de documentos con las bases de las creencias judeo-cristianas -que más tarde (junto con muchas otras), formaron la mentalidad occidental- había hablado ya,  mucho antes en el Génesis, de la verdad y la humanidad. En el relato, Adán y Eva, curiosos por “abrir los ojos”, “conocer el bien y el mal”, y “ser como los dioses” (*), deciden probar la manzana del Árbol de la Ciencia, por lo cual son condenados a un increíble sufrimiento.

(*) Es curioso que el libro que presentó al Dios único, hable de dioses en plural. Otro ejemplo de esto está en el relato de la creación, en el que Dios dice “hagamos al hombre a nuestra imagen”.

Aquí llegamos a uno de los puntos básicos de este resumen:

Como hemos visto, en la etapa antigua se aceptó, por amplia mayoría, la verdad como algo objetivo, siendo, o estando ligada esta, de algún modo a Dios.

Bien, ¿cuál era el problema de esto?

Pues que, en esa búsqueda de la verdad objetiva (aquella que es común a todos), y sobre todo, divina, surgieron al igual que hoy, conflictos para establecer teorías. En aquel entonces, siempre corría la sangre por determinar cuál Dios (o dioses), era el verdadero entre todos. Esto, ha sido la causa principal del choque de imperios, sumada, claro está a muchas otras económico-estratégicas.

Y aunque esto sea uno de los martillos de nuestra historia desde tiempos ancestrales, la mentalidad colectiva, ya comenzó a ver ciertos cambios importantes a partir de una gran revolución ideológica: el Renacimiento, con la cual alcanzamos el siguiente destino.

De nuevo, repetir que la etapa “antigua” de este esquema acaba con la aceptación de Dios, y la aceptación de la verdad objetiva.

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LA MODERNIDAD – De la manzana de Eva, a la de Sir Isaac Newton

El famosísimo físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés fue un cartesiano de libro (forma anterior al empirismo), y es considerado por muchos científicos la persona más brillante e inteligente de todos los tiempos. Descubrió que la luz blanca procedía de juntar todas las luces de colores juntas, estableció las leyes del movimiento que sentaron las bases de la física y dinámica clásicas. Su conexión y comprensión del universo se salía de toda normalidad; un día, un colega le preguntó por qué el movimiento de los planetas era elíptico, y no circular. Meses más tarde, Newton proporcionó la explicación.

Su compañero le preguntó entonces cómo había sido capaz de llegar a ella, ¿su respuesta?: para ello se había tenido que tomar la sutil molestia de inventar el cálculo diferencial e integral. Poco más tarde, cumplió 26 años.

Newton no solo trabajó en los campos científicos, sus intereses llegaron más allá. Estaba fascinado por misterios como la alquimia, o el estudio de la leyenda sobre la arquitectura mística del templo del Rey Salomón, el hermetismo y el esoterismo en general. En esta lista, por encima de todas sus obsesiones, estaba la de la verdad (ligada a Dios). Veamos uno de sus escritos:

«¿Tenemos alguna idea de cuál es la naturaleza de Dios? Sabemos de Él solamente a través de sus más sabios y excelentes designios, y sus causas finales; lo admiramos por sus perfecciones, pero lo reverenciamos y adoramos por cuenta de su potestad; pues lo adoramos como sus sirvientes, y un dios sin potestad providencia y causas finales no es más que el Destino y la Naturaleza. La necesidad metafísica ciega, que ciertamente es la misma siempre y en todo lugar, no podía producir la diversidad de las cosas. Toda esa diversidad de cosas naturales que vemos adaptadas a diferentes momentos y lugares no podrían originarse de nada más que las ideas y la voluntad de un Ser que necesariamente existe.

Por lo tanto, el estudiante aplicado de la ciencia, el serio buscador de la verdad, es conducido, como a través de los atrios del Templo sagrado, donde a cada paso nuevas maravillas aparecen ante los ojos, hasta que, a manera de una gracia final, llega ante el Santo de los Santos, y aprende que toda la ciencia y toda la verdad tiene su comienzo y fin en el conocimiento de Aquel cuya gloria declaran los cielos, y cuya obra muestra el firmamento.«

Utilizamos el ejemplo de Newton, porque representa muy bien la mentalidad que empezó a triunfar entre la sociedad, en ese texto se resume la visión de la modernidad: Dios y la verdad son lo mismo.

Desde finales del siglo XV, y a través de todas las revoluciones -siendo la francesa (1789), la más importante- tuvo lugar, una evolución de todo lo anterior: esa aceptación de las culturas occidentales hacia la existencia de la verdad objetiva, ya fuese pagana, cristiana, judía o islámica, sustentó la mayoría de teorías y corrientes ideológicas “modernas”, o de la modernidad, con las cuales formaremos el segundo apartado, o bloque, de este “mapa”. Estas siempre se sustentaron en la aceptación de que había algo cierto, verdadero, y ajeno al ser humano que debía ser descubierto. Las ciencias se fundaron para conocer  las leyes naturales, las propiedades químicas, matemáticas, y un largo etcétera; la base desde la que se partía era que había conocimiento ahí fuera esperando a ser revelado.

El objetivo estaba claro, y para ello era preciso el empleo de la lógica, la razón, y diversas filosofías que pudieran dar sentido a lo observable. Corrientes y modelos diseñados para encontrar la «sutileza divina» de lo verdadero florecieron por toda Europa; sistemas de pensamiento, que permitieran refinar la luz de la verdad, del denso y caótico bloque de datos que genera nuestro alrededor.

Bien, ¿cómo se llamaron esas corrientes ideológicas? ¿cuáles eran?

Pues no pueden faltar las principales como: el perspectivismo, criticismo, dogmatismo, pragmatismo (de las cuales puedes saber más aquí), y por mayor presencia, las dos más importantes…

RACIONALISMOEMPIRISMO

De todas las corrientes europeas, destacaron estas dos, la primera, se extendió principalmente en el continente, y la segunda, en el mundo anglosajón. Ambas defendían acérrimamente que la verdad era una, objetiva, e independiente, tanto si a alguien le parecía bien o no. Formaron, la que, dentro de las muchas que se han otorgado, personalmente, creo que es la mejor definición de la verdad:

Una descripción precisa de la realidad

A su vez, ambas eran entre sí muy parecidas, y su diferencia básicamente estaba en el cómo encontrar dicha verdad. Bajo ellas, se cultivó y continuó el ambiente intelectual; impulsaron la ciencia, estuvieron en el origen y posterior boom de los últimos 300 años, la industrialización, y el gran despegue de nuestra civilización hasta hoy. Fueron, en gran parte, el pilar del método científico, que llevó a los grandes descubrimientos, liberadores de la interminable miseria anterior. En pocas palabras: abrieron la caja de Pandora, y tras un arduo trabajo, dieron lugar a la explosión occidental que hoy conocemos.

Es importante mencionar, que, aunque lo hicieran la gran mayoría, no todas las teorías creían en una verdad absoluta: el Escepticismo, y sobre todo el Subjetivismo, y Relativismo, proveniente de los sufistas griegos, ya habían optado por otro enfoque, dejémoslo ahí por ahora.

Con tanto cambio positivo, parecía que empezábamos a tenerlo todo muy claro, ya que, con estas corrientes, podíamos responder preguntas relativamente difíciles sobre la naturaleza: el porqué de la lluvia, la erupción de un volcán o las enfermedades, a la par que nos hicieron capaces de descubrir de nuevas tecnologías, posibilitando todo el avance. Sin embargo, tras pasar un tiempo, el ambiente general cambió, aparecieron voces críticas y todo se estrelló en una colisión social, cuando no fueron capaces de responder a preguntas aún más complejas. Se habían creado sociedades tan inflexibles, dogmáticas, y cerradas de mente, que no se permitió el debate de muchos otros aspectos cruciales. A pesar de que esto fue malo, sin duda alguna, el verdadero problema, o detonación, apareció cuando como es lógico, se empezó a cuestionar algo muy importante para toda la estructura: Dios.

Y es que si las teorías antiguas, con la verdad objetiva, trajeron como consecuencia la lucha por los dioses, la modernidad, aunque aceptaba la verdad, empezó a preguntarse si realmente existía Dios, y si realmente existía una conexión necesaria entre ambos digamos, conceptos. A priori, podríamos pensar que esto no importaba demasiado, pero, como cierto filósofo alemán, explicó, y predijo de manera apocalíptica (en Ecce Homo, páginas 126-127), no sólo era relevante, sino que había sentado las bases de algo, que iba a catapultar el mayor conflicto de la historia. Los antiguos se anotaron un acierto, cuando la advertencia de que el conocimiento, libera a cambio de consecuencias, se materializó. Y no es para menos, pues prácticamente, todas las corrientes que aceptaban la verdad de una forma u otra, se habían desarrollado en ese concepto de la verdad divina. El error de la rigidez intelectual racionalista, provocó, para bien o para mal, el nacimiento de su gran némesis:

El Postmodernismo

 

Y aquí es momento de hacer un descanso, y explicar el título del artículo.

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Aunque esto es un resumen corto (sí, prometo que lo es), simple y compreso de los dos periodos anteriores, que no explica ninguno en profundidad, en él, es fácil entender, más o menos, cada uno de ellos. Ese, sin embargo, no es el caso con el postmodernismo, pues la corriente en sí, y ya no digamos las causas, son mucho más difíciles de resumir y redactar brevemente.

Menos fácil aún, es ilustrar todo esto, sin ejemplos de una combinación de: religión, filosofía, y una guerra total de ideologías, a la que, como es el caso, no se le preste demasiada atención pública. Tras buscar un tiempo y para mi sorpresa, la frustración de no encontrarlo desapareció en un instante, cuando me crucé una carátula del videojuego Assasin’s Creed, olvidada desde el instituto.

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Para los/as que la desconozcan, esta saga de aventuras, que ha dado lugar a varios videojuegos, libros, y una película, nos lleva, por un recorrido a lo largo de la historia. Y a la vez que hace esto, se fusiona con la ficción, de una guerra milenaria secreta, entre dos enemigos: los Asesinos y los Templarios. (Que sí fueron enemigos en la vida real)

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La brillantez del juego, está en su ficción, que se entremezcla con la historia real, vendiéndose como una nueva, y verdadera explicación de los acontecimientos más famosos de cada siglo. Por si esto no fuera una buena metáfora para lo explicado en este artículo, el credo de los Asesinos, directamente ofrece un paralelismo, prácticamente literal, con el de los postmodernistas. Dice así:

      «Nada es verdad, todo está permitido»

El conflicto por la verdad, compone el núcleo de esta fantasía, ya que en ella, ambos bandos, se enfrentan en una carrera desesperada, por encontrar antes de que el otro lo haga, un artefacto llamado “La Manzana”. (En un similar, pero muy diferente enfoque al mencionado en este artículo)

Resultado de imagen de nothing is true everything is permitted wallpaper Según explica el protagonista, Ezio Auditore, maestro Assasin, para ellos, este credo no es una doctrina, ni justifica el mal, sino que, en sus palabras: “nada es verdad, es una observación sobre la naturaleza de la realidad” y, al estar todo permitido, “nosotros tenemos el control, somos los arquitectos”, con su consecuente responsabilidad. Lo cual, viene llegando a ser casi lo mismo que diría cualquier postmodernista o nihilista. (No aspirante a criminal, claro)

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Tras esto, volvemos al mundo real y a nuestra historia:

POSTMODERNISMO

Los fallos de la Modernidad, habían llevado al nacimiento, de un movimiento radicalmente opuesto, que dijo que, no solo la verdad no venía de Dios, sino que tampoco había información objetiva cierta.

El conocimiento colectivo se dió cuenta de que estábamos ante un enorme impasse; en nuestro avance del entendimiento natural, llegamos a una situación en la que cuanto más profundizábamos en los versículos de la verdad, más evidente se hacía que nos habíamos saltado el primero, aquel en el que se determina qué es la verdad en primer lugar.

Tras esto, nos vimos forzados a dar un paso atrás para responder a la pregunta. Si bien esto pudo parecer sencillo, dado el avanzado estado de los estudios, la realidad fue muy distinta. Con la nueva pregunta apareció un nuevo bando, otro enfoque, y la colisión del enfrentamiento ascendió como no lo había hecho antes.

 

Nada es verdad, es el primer pilar del Postmodernismo, y no con el sentido de que no exista la verdad, sino de que la verdad es subjetiva y relativa, depende del individuo y no hay una común. Más importante aún, es la visión de que lo único que determina la verdad, lo correcto, el bien y el mal a nivel social, es una cosa y una nada más: el poder.

Esto llevó, a que poco a poco, la verdad, descripción de la realidad, y por ende, la realidad misma, dejaran de ser algo externo, y se volvieran, a nuestros ojos, algo de nuestro alcance, algo en nuestras manos.

De ahí en adelante, cualquier afirmación (en especial si es cultural), que se considere cierta, ya sea nueva, o reflexionada durante siglos, se convierte en un mero constructo social, ingeniado e impuesto por aquel que tenga o tuviera el poder. Nada es verdad, implica, que defender una verdad, dado que esta se asume como “un punto de vista”, es hacerlo a costa de alguien, a costa de oprimir y de no tener en cuenta los ofensibles sentimientos individuales.

Aún estoy esperando a encontrarme a alguien que defienda esta idea, de que nada es cierto objetivamente, que pueda explicar por qué esa pequeña afirmación sí tiene que serlo, cuando nada lo es, según su lógica. Pero no nos quedemos ahí, vayamos a lo que esta teoría trajo:

Si nada es verdad… la religión y los mitos ancestrales (como aproximaciones de la verdad) simplemente tenían que morir y desaparecer.

Y esto lo explicaron a la perfección los primeros precursores “postmodernistas” (que realmente no lo eran, dado que este término se acuñó mucho después de su muerte) cuando escribieron sobre el papel, esas ideas “postmodernistas” originales, que ya flotaban en el aire:

Según Friedrich Nietzsche  y Søren Kierkegaard, entre otros, estas ideas habían venido para disolver todas las bases anteriores, junto con la religión, incluyendo su código moral, ese marco común antes aceptado.

Dios ha muerto, y nosotros lo hemos matado”

Explicaba un preocupado Nietzsche, intuyendo lo que iba a pasar, a lo que Fyodor Dostoevsky añadió, como si conociera el nombre de este artículo:

“Y si Dios está muerto, todo está permitido

Así, a partir de ese momento, enfrentada al racionalismo, comenzó la escalada postmodernista. Pronto, allá a donde se fuese, tanto a nivel de calle, como en universidades, parlamentos y clubs sociales de más prestigio, ambos bandos comenzaron a reclutar a sus adeptos. El mayor cambio, bajo la nueva mentalidad, dictaba a ojos de la sociedad que la moral, la determinaba el poder. Era, por tanto, un acto revolucionario cuestionar la verdad, así como lo sigue siendo a día de hoy.

En poco tiempo, el temor de Nietzsche se hizo realidad, pues, los problemas de los ciudadanos, sumados al colapso de los códigos morales, al abandono de la verdad, y a los avances tecnológicos que continuaban llegando, provocaron el caos y caldo de cultivo perfectos, para sentar las bases del mayor periodo bélico en la historia. Si bien tuvieron lugar “fogonazos” relevantes, que constataron eventos famosos, todo estalló a comienzos del siglo XX.

La partida estaba en marcha, el bando que llamaremos “racionalista” se armó con su aliada más cercana, la ciencia; y el postmodernista, con otra aún más peligrosa, hija de la inestabilidad social: la Revolución. Y es que, si la historia y la sociología creyeron saber, en algún momento, lo que era una revuelta social tras la francesa de 1789, los acontecimientos desencadenados en la Rusia de los zares, iban a demostrar lo equivocados que estaban.

¿Cómo?

Pues, primero, con el auge explosivo y posterior arrase de los totalitarismos, consumado en el éxito del socialismo (Nacional Socialista, y soviético – marxista), bajo los cuales perdieron la vida millones de seres humanos. Por si fuera poco, como cabía esperar, la lucha por la hegemonía no tardó en llegar, y toda ella estuvo acompañada por una nueva modalidad bélica: la industrial. No en una, sino en dos, Guerras Mundiales, el mundo contempló los mayores horrores jamás orquestados por la mente humana, a niveles nunca antes posibles. Pero es que, la locura no acabó aquí, pues como resultado de esto, años después llegaríamos a la Guerra Fría, otro conflicto ideológico, en el cual, durante la crisis de los misiles en Cuba, la humanidad estuvo a punto de desaparecer totalmente de la faz de la Tierra. Queridos lectores:

Qué es la verdad, simplemente, una de las preguntas, si no la más, letal de la historia.

Y ahora, que ya conocemos, o eso creemos, lo que sucedió después, y para cerrar este esquema, sólo nos falta responder dos dudas:

> ¿Qué pasó con la guerra entre Racionalismo y Postmodernismo? ¿Quién ganó?

> Vale, y, tantos años después, en 2019, ¿qué importa esto?

Respecto a la primera, como quizás se pueda intuir, el largo conflicto, está lejos de haber terminado, y, de hecho, no ha parado de resurgir en los últimos años. Por supuesto, el choque no se produce sobre el núcleo de las ideas básicas de cada bando, sino, en sus posteriores derivados, sobre todo políticos.

El racionalismo, muy tocado, ha formado dos grupos:

Dentro de los que aceptan la verdad objetiva, situadas normalmente en las ciencias naturales, y en un amplio espectro de ideologías políticas, se agrupan, dos facciones:  los ateos y los creyentes. Y de ahí las mil diversificaciones, pues podemos encontramos, por un lado, a científicos ateos, azote de la religión tipo Richard Dawkins, como a políticos practicantes, Donald Trump, Nigel Farange (Brexit) o Santiago Abascal, en otro. Ahora que conocemos, y somos conscientes de todo lo anterior, podemos darnos cuenta, para nuestra sorpresa, de que actualmente el baluarte ideológico de los tres, no es otro que ese famoso «sentido común«. Parándonos un segundo a pensar en lo que quiere decir esta expresión, utilizando el recién adquirido enfoque, no es difícil deducir, que este término en realidad no es más que un eufemismo mediático, de… efectivamente,  la verdad objetiva racionalista. 

Recientemente en una entrevista, los argumentos  defendidos por Javier Ortega Smith (secretario general de Vox) fueron reprochados por ser «los de una minoría». Esta acción acometida desde la perspectiva de la entrevistadora Ana Rosa Quintana, inferían que si no eran defendidos por la mayoría, era porque debían ser falsos.

El marco de diálogo era perfecto, la hábil entrevistadora había creado un contexto en el que los argumentos habían sido atacados desde dentro, por el lado empirista (anglosajón). Algo así como: «si la verdad la definen lo que ven los sentidos, y la mayor parte de los perceptores no perciben lo que usted dice, es que sus argumentos no son ciertos.»

Esto es sumamente interesante, ya que Ana Rosa da un giro al tablero, matizando una actitud ligeramente empirista-racional, y postmodernista por parte del señor Smith. Un duro golpe, ya que invalida su defensa desde su propio bando. No obstante, éste rápidamente volteó de nuevo el marco de la discusión, consolidando definitivamente su perfil racionalista y conservador de la Europa continental mediante la siguiente respuesta:

«Usted ha manifestado algo que no es verdad, y es que nosotros estamos en minoría. Mire, aun si eso fuera verdad, le recuerdo que históricamente los movimientos que defendían las sufragistas estaban en minoría. Los movimientos que luchaban contra la esclavitud, estaban en minoría.»

Aquí, Smith consigue ver el cambio y devuelve el contexto a su estado original, destacando claramente su desacuerdo con el empirismo (racionalismo anglosajón) de las islas, y apoyando  la razón continental. «La cuestión no es quien vea qué, cuántos lo vean, o como lo vean, la verdad es independiente» pensaría. Una vez ha hecho esto, asesta su golpe final:

«La verdad, no depende del número de medios de comunicación, ni del número de contertulios; la verdad, o es verdad o es mentira.»

«El número de votos, señora, tampoco legitima la verdad*, porque le recordaré que Adolf Hitler -ese criminal genocida- ganó las elecciones de Alemania por mayoría. No son los votos, es si se tiene razón o no.»

*(Obsérvese cómo se demuestra su perfil racional-religioso; la verdad es externa a la percepción, y está directamente asociada con lo divino, lo moralmente correcto, el bien)

De un modo implacable, devuelve la conversación a su curso previo, Ana Rosa es la postmodernista, y para el entrevistado racionalista, lo que dicte el poder de la mayoría, no determina su veracidad. Con una precisión quirúrjica, devuelve el misil a su emisaria. Lo que comenzó como un golpe al racionalismo desde dentro, se convierte en un contragolpe al postmodernismo desde su relativismo.

Volviendo a nuestro análisis, aunque lógicamente reciban mucha mayor atención estos personajes políticos, ser racionalista no equivale a ser de ninguna ideología política de por sí, aunque sus principios, suelen facilitar que los conservadores graviten generalmente hacia ello. (Al estar amparados en ambas facciones el compendio de Dios, tradición y valores, como los hechos objetivos contrastables, la ciencia etc)

Y sobre quién ganó, pues, hoy, si hablamos en número de personas, fue el postmodernismo, principalmente. Fácil prueba de ello es preguntar a tus conocidos si piensan que la verdad existe fuera de su mente. (Un experimento interesante)

Todo esto, a pesar de que, tras la II Guerra Mundial y el colapso de la Unión Soviética, pareció por un momento derrotado. Fue, sumándose a las mencionadas causas, el trabajo de ciertos intelectuales (sobre todo franceses), el que consiguió que resurgiera. Y no sólo eso, sino que, desde su curiosa alianza con algunas ideologías políticas, desde los años 90, ha logrado tomar por completo las universidades y las ciencias sociales (no sorprende ahora la retórica común). Aquí encontramos a políticos como Pablo Iglesias (Dr. en Ciencias Políticas, exprofesor), Juan Carlos Monedero (expolítico, profesor), Barack Obama o Justin Trudeau, por nombrar algunos famosos.

Pero, de nuevo, y aunque la izquierda suele optar por ello, ser postmodernista tampoco equivale, en absoluto, a formar parte de ella. Prueba de ello, es que, bajo esta categoría encontramos anarquistas radicalmente opuestos a cualquier estado, y totalitarios comunistas.

¿Y hoy? ¿Dónde golpean los efectos de esta guerra ideológica?

Lamentablemente, este artículo tiene espacio para poco más, pero para no dejar al lector/a demasiado intrigado/a, mencionaremos algunos hilos de los que poder tirar.

 A todo el mundo le sorprendió en 2016, ver los telediarios en un fondo rojo “republicano”, retransmitiendo la victoria de Donald Trump. Pues bien, esto fue por fortuna o por desgracia, resultado directo del creciente marxismo cultural estadounidense (padre de la corrección política, justicia social, y demás movimientos amparados bajo el actual paraguas postmodernista); la cual, en varios casos extremos, cae en paradojas autocontradictorias al promulgar aplicaciones de la libertad de pensamiento (verdad relativa) con una mano, y aplicar la férrea censura de la corrección con la otra. Donald Trump, consciente de esto, y del enfado ante la clase política, apostó el éxito de su campaña, en un volátil golpe contrarrevolucionario, de cara no solo al bando demócrata, sino también al de su propio partido, en el que causó un escándalo y controversia, paralelos a los que generó puertas afuera. De manera similar, propuestas tan aparentemente opuestas, como el Brexit, y los pronombres de género inclusivos, se remontan al debate del relativismo (cultural y moral). Por descontado, esta no es más que una entre las muchas causas, y no obstante, es la piedra angular sobre la que se cimientan estas situaciones.

Así quedan expuestos, tres de los ejemplos más polémicos y debatidos, en los que ambos bandos se bombardean, dentro de los cientos que existen. Cuanto más se profundiza en ellos, más difícil es decidir quién tiene razón de manera clara.

Habiendo dicho esto, creo que realizar un análisis conociendo las raíces, es algo que da mucho juego, ya que permite a cada persona formular nuevas conclusiones propias, difíciles de ser planteadas, dentro del más limitado juego de palabras empleado por los medios de comunicación. Estudiar la actualidad, desde la perspectiva propuesta en esta publicación, es algo así, como descender un nivel hacia los orígenes, en los que es fácil atar muchos cabos, con los que poder volver a subir, armados con una imagen más clara y precisa sobre lo que realmente se está hablando. Dispongo de varios casos que considero bastante ilustradores, y que quizá algún día, si así es solicitado, publicaré con gusto.

Para terminar esta publicación, sólo me queda decir que lo aquí expuesto, no es más que el principio. A lo largo de este contenido, sólo hemos visto, y de refilón, el impacto político de la pregunta, pero nos hemos dejado algo, que de hecho, creo es lo mejor: aquellas respuestas sobre la verdad, que pueden cambiar la vida de una persona, literalmente.

Paremos a pensar en algo, volvamos a los hackers.

Hemos visto que la verdad, es una descripción de la realidad, por lo que, tanto si eres postmodernista, y crees, que esa descripción es subjetiva, dependiente y limitada a nuestro poder (nada es verdad, todo está permitido) ; como si eres del “bando racionalista” y piensas que ésta, sea por Dios o azar, es superior al ser humano, la verdad es siempre información, que a través del lenguaje, lo describe todo.

El lenguaje de programación, por su parte, es capaz de describirle información a una pantalla con altavoces, información como, por ejemplo, la de un videojuego; haciendo así, que esta se reproduzca en ella.

Pero …

¿Qué pasa si nosotros aceptamos como verdad, la descripción de algo?

Pues que, a nivel general, como si de un comando se tratase, podemos afectar y editar la realidad de la sociedad, y ya no digamos la individual. Desde luego, un punto para los postmodernistas.

¿Y aquellas cosas de la naturaleza, que no hemos creado nosotros?

Quizás, puede ser, que, hasta cierto grado también podamos cambiarlas, pero está claro que muchos elementos de nuestra cultura tienen una gran función y utilidad, por lo que no todo es “un mero constructo social” sin coherencia alguna; no olvidemos, que el respeto por la vida de todo ser humano parte de la moral. Así pues, punto para los racionalistas. Empate, quizás.

Ahora, si expandiésemos la metáfora hacker, podríamos llegar a una analogía impactante:

de que la verdad es algo así como código,

en el que está escrito “el programa” del universo, y la realidad.

Podemos describirla con palabras, matemáticas, sonidos, y cualquier otra forma en las que la realidad se manifiesta.

Dentro y fuera de la metáfora,

tanto si es la realidad, la que genera la verdad,

como si es nuestra verdad, la que genera la realidad…

o alguien ha escrito ese código, o nosotros, a través del conocimiento, somos los programadores, “los hackers”.

Incluso es posible, quién sabe… que las dos.

Si la respuesta fuera fácil, no habría una guerra por ella.

Y, ¿qué más decir?

Muchas gracias, y bienvenid@, espero que la inversión de tu tiempo, haya cumplido con lo esperado, ya que, con esto, llegamos al final de esta publicación.

¿O no?

¿Nada es verdad, todo está permitido?       

Por  Adrián Valbuena Izquierdo

3 Comentarios
  1. Pablo Moral Pérez 1 año

    Genial este artículo Adrián. Se generan tantos puntos de interés que es imposible tocarlos todos en un único comentario. Yo, personalmente, me quedo con una pregunta para que le des un par de vueltas: qué papel juegan los prejuicios en todo esto.

    Probablemente un postmodernista se apresure a decir que es un constructo social y achacárselos al bando racionalista, pero no es menos cierto que, a) muchos de los mismos se generan atendiendo a características psicológicas puramente personales, que dependen de nuestra experiencia vital, no de nuestras relaciones sociales simplemente, b) los prejuicios determinan nuestra forma de percibir la realidad, a nivel interno, y por ende lo que entendemos por verdad. Esto suena a postmodernista más bien, la verdad, ese relativismo psicosocial que proponen. Es un concepto híbrido de ambas corrientes.

    Esto me lleva a 2 paradojas:
    – La verdad igual existe en la naturaleza, pero por lo que a nosotros nos concierne, siguiendo la metáfora del hacker, podemos alterar la misma. ¿Verdaderamente es la verdad tal cosa, o depende de los prejuicios de quien tenga el poder de «programar» la realidad?
    – Los prejuicios son algo natural en las personas, son un mecanismo de defensa. Si nuestro cerebro tuviera que juzgar al 100% todo aquello que vivimos, petaría. ¿No hay, por tanto, siempre, en la verdad humana, un sesgo hacia lo que se tiene por seguro? Como apuntaban los antiguos, es el papel de la divinidad determinar la verdad. ¿Está el ser humano capacitado para ejercer esta divinidad, aunque suponga abandonar la seguridad que su condición mortal le requiere?

    En suma, lo que quiero plantear, es que igual se está haciendo la pregunta equivocada. Igual, en vez de plantear qué es la verdad, la cuestión debería ser antes si es algo que esté a nuestro alcance.

  2. Autor
    Adrián Valbuena Izquierdo 8 meses

    Estimado Pablo, respondo a tu comentario:

    Para ambos bandos, los prejuicios serían la «previsualización» de lo que nuestro cerebro percibe como la realidad. Por un lado, recopilamos información desde que nacemos, y formulamos su representación mentalmente; la razón por la que esto es de utilidad y extrema necesidad, es porque, como bien señalas, no podemos asimilar toda la información que percibimos a la vez, por esto nuestro sistema se encarga de:

    1. Obviar aquello que no estima como relevante.
    2. Tener «plantillas» precargadas a la hora de leer lo que perciben nuestros sentidos, con el fin de hacer zoom en los detalles importantes en cada situación sin colapsar.

    El coste de esto, es encontrarnos ante algo que no hayamos visto antes, y que nuestra mente se equivoque creyendo que sí, haciendo que no entendamos la realidad.

    Aquí se produce la separación de las dos filosofías sobre la verdad; una acepta la superioridad, ya sea de Dios o del azar, mientras que la otra se rebela ante ello, y proclama que la realidad es enteramente nuestra, y no existe ahí fuera. Por lo tanto, para los postmodernistas, cualquier prejuicio, no es una «plantilla previamente descubierta de la verdad», sino una herramienta autoritaria del poder para vendernos y encarcelarnos en su visión personal.

    Los racionalistas, en especial los creyentes, indicarían que el ser humano es inferior a Dios o a la infinita complejidad de la realidad, por lo que jugar a ser Dios, creyendo entenderla, y tomar acciones en consecuencia, es un grave error fruto de la arrogancia. Por lo tanto, optan por un enfoque de descubrimiento cauto, y respeto ante ella.

    Un enfoque que señalo al final, es que no necesariamente tenemos que elegir entre una de los dos. ¿Quién puede decirte a ti si te gusta alguien o no? Es un campo mayoritariamente tuyo… ¿puede un gobierno tiránico saber los intereses de millones de personas diferentes? ¿Es capaz de alcanzar ese conocimiento?
    Por otro lado, ¿se puede negar que beber cianuro es malo para tu salud? ¿Importa lo más mínimo tu opinión?

    Es posible que la realidad nos haya puesto en una situación mucho más delicada…una en la que hay muchas cosas en las que tenemos que decidir, y en la que a al mismo tiempo hay cosas en las que no podemos abrir nuestras boquitas ni dictar nuestras brillantes sentencias humanas, sino entender y conocer la verdad para poder tomar buenas decisiones en lo que nos concierne. Acatar la realidad, para jugar con nuestra parte, en pocas palabras.

    De esta lógica aparece el primer destello de la filosofía libertaria, respetar la realidad del conjunto, y editar la nuestra propia…

    ¡Un saludo!

  3. Elena 6 meses

    Gracias por la información. Gran aporte de esta web. Reciba un cordial saludo!

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