Esta es una reflexión aleatoria de una persona cercana.

 

Es imposible tener a alguien inteligente y digno en política, por la siguiente relación de ideas:

-Considero inteligente a alguien independiente y con ideas propias.

-Para entrar en política, es necesario pertenecer a un partido.

-Los partidos tienen un paquete de ideas con las que se ha de estar de acuerdo en su totalidad.

-Si alguien está de acuerdo en todo, seguramente se ha dejado influir fácilmente y no es demasiado inteligente, como para tener sus propias ideas.

-Si no lo está y lo dice, le echan.

-Si no lo está y no lo dice, debe renunciar a sus principios. No es una persona demasiado digna.

Opinen.

3 Comentarios
  1. Adrián Valbuena Izquierdo 3 años

    Ja! Muy bien expuesto, respondo con otro dilema:

    Si lo que planteas es así, para los que piden tu voto en interminables campañas, entonces, ¿qué nos dice esto, del acto de ponerlo en una urna?

  2. Pablo Moral Pérez 3 años

    Gajes de la partitocracia, por desgracia. A mí, este planteamiento me lleva a otro más allá:

    ¿De verdad se puede hablar de democracia si cualquier iniciativa ciudadana se tiene que canalizar en las instituciones a través de esta estructura partidista? ¿Y si una propuesta popular no encaja con los intereses de ningún partido, en qué queda? (recordemos que nuestro marco legal permite llevar al congreso de los diputados una propuesta de ley si se recogen suficientes firmas, pero esto sólo sirve para que se debata en pleno, en última instancia depende de los partidos)

    ¿Qué clase de poder para el pueblo significa este sistema?

    ¿A quién representa nuestro sistema, a la ciudadanía o a los partidos?

    Y vale que siempre se puede montar un partido nuevo para representar un perfil ideológico desatendido, pero esta fórmula tiene una limitación obvia. Ya estamos viendo el problema de gobernabilidad que plantea la entrada de un par de grupos nuevos, imagínate si la cosa prolifera y salen muchos más… Y ello por no hablar del mayor problema que trae la partitocracia: la polarización

  3. Carlos Martínez García 3 años

    ¡Exactamente! La verdad es que me veo reflejado en tu opinión, @luismi; aunque, como con todo, podríamos hablar de algunos matices: supongo que, en ocasiones, podríamos encontrar a personas que, si bien han tenido que renunciar a parte de sus verdaderas ideas —y, por consiguiente, a su verdadero carácter—, pueden conservar, dentro del pequeño «hueco» que se le permite, cierta movilidad. ¿Seguiría siendo esta persona indigna?

    Vamos, que lo que me gustaría plantear es hasta qué límite concreto se puede hablar de dignidad o de inteligencia —yo considero este último concepto bastante más abstracto e innato—. La dignidad, ¿se establece con un 50% de conservación de tus ideales, por ejemplo, aun renunciando al otro 50%? ¿O, por contra, la dignidad solo conoce la totalidad en un individuo, el 100% del mantenimiento de sus ideales?

    Es un debate escarpado. ¡Buena reflexión!

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