Un repaso a la evolución de las ideas es muy iluminador para entender sus defectos 

 

Un estudio de la historia de la opinión es un paso preliminar necesario a la emancipación de la mente”. John Maynard Keynes, The End of Laissez Faire (1926)

Mucho se nos ha enseñado durante nuestros estudios en economía, y a través de los libros de texto. Y, tal como ovejas, tendemos a seguir la corriente sin preguntas. Pero igual, sólo igual, alguna vez te has preguntado de donde proceden dichas ideas. En cualquier caso, el docente omitió esa parte, y tu curiosidad no tuvo mayor recorrido, siendo el aprobar la asignatura tu preocupación inmediata.

Pero, de nuevo, igual eres una persona perspicaz. Igual, al estudiar, te has preguntado cómo se supone que tal modelo se sostiene, si ello contradice tales otras realidades de las que eres consciente. Después, consultaste lo que hay tras este, y descubriste algunas asunciones absurdas. De todos modos, probablemente consideraste que podías vivir con ello. Me atrevería a decir, que el verdadero shock vino cuando tus amigos estaban discutiendo sobre ese IPhone nuevo que uno de ellos había adquirido recientemente, con los demás sosteniendo que era un timo, que su valor no se correspondía a su elevado precio. Y en ese preciso momento probablemente alguien se dirigió a ti para que resolvieras la disputa, ya que al fin y al cabo tú eres el economista, deberías ser capaz de definir lo que es el valor y cuantificarlo. Debe haber sido todo un mazazo darte cuenta de que no podías delimitar semejante pilar en tu campo.

Ese en este punto que aquellas palabras de tu profesor hacen click de nuevo en ese cerebro tuyo: “La economía es la ciencia que estudia…”. Madre mía. ¿Ciencia, dijo? Según tengo entendido, una ciencia es algo sobre lo que de hecho sabemos, por lo que podemos explicar y predecir los fenómenos relacionados con esta. ¿Entonces, porqué los informes económicos evaluando el impacto de las políticas están escritos en lenguaje hipotético? ¿Por qué siempre andan utilizando podría, o debería, o esperamos que, o similares? Pero los científicos no deberían tener miedo de hacer afirmaciones, porque de hecho tienen certeza sobre las mismas. Al examinar más de cerca, pronto uno se percata de que no sabemos tanto como comúnmente se cree sobre economía. Es más, queda un largo camino para ponerse al día con otras ciencias formales.

Sin embargo, ¿a qué es debida tanta insistencia con tratarla como si lo fuera? Ya hace rato que se empezó a estudiarla formalmente. Uno pensaría que a estas alturas tendría una base más sólida. Por tanto, es decepcionante ver que no es el caso. Es en este instante que empiezas a plantearte cuál es el sentido de lo que estás estudiando. Empiezas a cuestionarlo. Sabes que tiene que haber algo más, puedes apreciar tu objeto de estudio diariamente y discernir patrones y reglas que parecen mantenerse. Ahora consideras la posibilidad de que aquello que se te ha enseñado está podrido desde el núcleo. Quieres aprender sobre ello, sin embargo. Es por lo que elegiste este campo de estudio. Debe haber otro modo. Pero te das cuenta de que no puede ser tan fácil, dada la cantidad de gente claramente inteligente que ha errado.

Entonces, deduces que deben haber errado desde el mismo comienzo, solamente porque tendían a seguir con lo que economistas previos ya habían establecido. Pese a su astucia, estaban operando sobre una base errónea de primeras. Así, concluyes que para evitar caer en los mismos fallos, debes identificar estos, y para ello necesitas rastrearlos hasta sus orígenes.

Si has seguido un proceso de algún modo similar al que acabo de describir, enhorabuena, has encontrado lo que buscabas. Aquí entro yo. En las anteriores líneas, he expuesto el motivo por el que estoy aquí hoy comenzando esta nueva serie de post, por qué he decidido volver atrás para examinar la evolución de las ideas económicas. Es la razón de ser de esta serie de reflexiones que voy a abordar.

Como decía Keynes, una revisión de la evolución de las ideas puede ser esclarecedora. El contexto en que germinaron podría revelar que nuestra concepción de las mismas no es la pretendida en un inicio. De tal manera, podemos aprender su propósito, Y, creedme, dicho conocimiento cambia las reglas del juego.

Al igual que (supongo) tú, yo también sufrí una decepción con la universidad. He decidido probar algo nuevo, en vez de seguir la corriente, alcanzar la orilla y andar mi propia ruta. Y excelente profesor me dijo una vez: “La historia no es uniforme, cada cual tiene su versión particular. Una cosa es lo que ocurrió realmente, y otra lo que se nos cuenta desde la perspectiva del relator”. Ese es justamente el propósito de esta serie, en vez de seguir la historia que se nos viene contando hasta el mismo punto muerto de siempre, pensé que usaría la máquina del tiempo que es la literatura, y sería testigo en persona de lo que se dijo exactamente, en qué contexto y con qué motivante. De esta manera, a lo mejor logro construir mi propia versión de la historia de la economía.

Una, espero, libre de los errores del pasado. En esto consiste esta serie de reflexiones, un análisis crítico de la historia de la economía, revelando sus defectos, y esbozando la dirección que debería haber tomado en cambio. Mi deseo es que para el final nos hallemos más cerca de lo que la economía debería ser.

Durante este viaje, los nombres más notorios en la historia de la economía aparecerán recurrentemente: Smith, Ricardo, Marx, Quesnay, Cantillon, Samuelson, Keynes, Marshall, Hayek, Jevons, Mengers, Wald, Malthus, Solow, y muchos más. Incluso Aristóteles hará acto de presencia. Estos se manifestarán mientras se abordan los grandes temas de la economía: las teorías del valor, distribución, crecimiento, y ciclos. Por el camino, expondré los problemas fundamentales de la economía, tales como ciencias formales vs sociales, magnitudes, microeconomía vs macroeconomía, los modelos económicos, o qué tipo de eventos debería estudiar la economía. Incluso habrá algunas entradas especiales dedicadas a economistas particulares, como nuestro amigo Marx (su propio pensamiento, no las interpretaciones) o Tomás de Aquino y el papel del cristianismo. Para culminar por lo alto, mis conclusiones sobre lo que realmente es la economía y cómo debería estudiarse se expondrán a través de un excitante debate que por ahora mantendré como una sorpresa.

La serie va a estar estructurada en entradas breves, de entre 500 y 1500 palabras, publicadas con cierta frecuencia hasta su final. Tampoco será una serie muy larga.

Por último, pero no menos importante, toda contribución y debate en la sección de comentarios es más que bienvenida, y estaré activamente leyendo y contestando. Dada la idea de que “cada cual tiene su propia versión de la historia”, podría ser extremadamente excitante tener algún tipo de comunidad intelectual que durante el camino vaya compartiendo sus perspectivas sobre las ideas principales que saquen en claro, de modo que se genere en paralelo una versión mutada de la historia que se va a ir contando. Tal como lo veo, puede ser una experiencia mucho más enriquecedora para todos nosotros. Mucho más.

En fin, por hoy es suficiente. Espero haber despertado tu interés, y verte pronto en la entrada I para el comienzo del viaje. Un fuerte abrazo.

 

AUTOR: Pablo Moral Pérez

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