¿Cuál es vuestra cosa perdida?

¿Os habéis parado a pensar, alguna vez, cómo percibe la realidad un niño? O algo quizás más «sencillo»: ¿recordáis cómo lo hacíais vosotros? Seguramente, os resulte un tanto complicado hacer memoria de aquellos años y responder así estas cuestiones. Bien es cierto que no pretendo obtener una única respuesta; pues, evidentemente, cada uno de nosotros somos diferentes y, por lo tanto, así lo serán —y lo habrán sido— nuestras vivencias, experiencias y percepciones. Sin embargo, os puedo prometer que la esencia es la misma. Los niños ven el mundo con asombro, curiosidad, misterio, fascinación, verdad e ilusión —ya dedicaré unas líneas a este asunto en otro artículo—.

Pese a ello, con el paso de los años y la inevitable llegada de la madurez (entiéndase esta como la acumulación de los años y no como la progresión de estadios psicológicos), los seres humanos vamos perdiendo gran parte de aquellos maravillosos filtros—al menos, así me lo parecen a mí— por los que vamos conociendo la realidad. Los motivos pueden ser múltiples: cambio de perspectivas, nuevas experiencias personales o la asunción de más responsabilidades entre muchos otros. Por una razón u otra, cada vez nos cuesta más mantener ese espíritu.

A continuación, os presento un cortometraje basado en un libro de Shaun Tan, The Lost Thing. Este breve vídeo, ganador de un Óscar en 2011, ofrece bastantes detalles en los que posar la atención y reflexionar. Mi lectura se orienta hacia esas primeras «miguitas» que he ido derramando en los párrafos anteriores; pero, que cada espectador extraiga sus propias conclusiones, sigan o no la línea que he trazado. Aquí añado el enlace al corto y, posteriormente, os presentaré algunas de las cuestiones que he ido anotando acerca de este.

The Lost Thing:

Al igual que ocurre con cualquier escrito, se puede hacer más de una interpretación de este visionado, y a colación de lo que he expuesto al comienzo de esta publicación, os voy a presentar mi modesta reflexión. Para ello, me gustaría abordar la temática atendiendo a los siguientes elementos: el mundo que se nos muestra en el cortometraje, los moradores de ese mundo, la Cosa Perdida y la ciudad a la que pertenece esta última.

Podría definir el mundo que nos presenta Tan como una realidad gris, triste y plana. Percibo un lugar inhóspito donde la creatividad y la imaginación, o bien están dormidas o han sido ejecutadas por los humanos que residen en él. Unos habitantes para la ciudad y no una ciudad para los habitantes; es así como considero que funciona: una urbe que trabaja eficientemente, pero que parece incapaz de disfrutar y vivir dentro de ese mundo. Atendiendo a esta situación, me pregunto: Entonces, ¿la ciudad ha de ser para los habitantes, o son estos los que han de ser para la ciudad? ¿Qué papel desempeñan los humanos en ese escenario?

Pues bien, los moradores de tal horrible marco son meros personajes secundarios. Seres alienados que han dejado de preguntarse, de asombrarse y lo que es peor: de ver. Son autómatas que siguen la misma dirección que el resto, día tras día, siendo esclavos de una rutina frenética dictada por el tiempo y la imposibilidad de salir de un guion ya establecido. Tras este montón de desazones, ¿qué motores activan sus vidas? ¿Qué sentido tiene formar parte de esa realidad?

La Cosa Perdida viene a ser ese ápice de color, esa experiencia transformadora que produce replanteamientos y cambios. Su peculiar aspecto la hace rara, diferente y original, cualidades que no casan bien dentro de la cúpula asfixiante en la que están inmersos los ciudadanos por no encajar dentro del molde predeterminado. Como se puede ver en el corto, ningún humano alienado percibe su presencia; en cambio, si lo hace el protagonista de la historia, quien desde entonces tiene más experiencias del estilo. ¿Por qué solo el protagonista ve a la simpática tetera gigante? ¿Qué le hace distinto de los demás si no deja de ser otro humano corriente?

Por último, quisiera resaltar el mundo al que pertenece la Cosa Perdida. Este se presenta como una utopía: un lugar lleno de luz, de color, de seres diferentes, de creatividad, imaginación y libertad. Sin embargo, es otra alternativa que está ahí; una realidad a la que se puede acceder si se sigue otro camino. Un camino personal que se puede alcanzar viendo a través de los ojos de un niño: asombrándose de aquello que está alrededor, cuestionando hasta lo más obvio y evidente, siendo curioso y dejando cabida a las instituciones y sentimientos.

A grandes rasgos, se podría hacer una analogía directa —salvaguardando las distancias— con la realidad en la que vivimos; y al igual que he ido cuestionando cada punto, podríamos trasladar dichas preguntas a nuestro día a día. Siendo así, ¿responderíais lo mismo? Con esto no quiero criticar a nuestra sociedad ni evaluar cuánto nos asemejamos (o no) a la historia de Tan. Sin embargo, me gustaría que este pequeño análisis sirva de recordatorio. Mi propósito no es más que haceros pensar y que seáis cada uno de vosotros los que os replanteéis qué papel estáis tomando dentro de la sociedad, cómo queréis vivir, qué veis y cuál o cuáles son vuestras cosas perdidas.

Dicho esto, y para finalizar este documento, os haré una última pregunta. El título del corto es The Lost Thing, nombre que alude a la extraña tetera gigante. Pese a ello, y viendo la situación que se ha presentado, realmente, ¿quién consideráis que es la Cosa Perdida?

Lucía Plaza Suárez

1 Comentario
  1. Carlos Martínez García 2 años

    Acabo de decidir escribir algo acerca de esta publicación, que, teniendo una presentación y redacción tan claras, además de unas conclusiones y reflexiones certeras, no me permite exponer demasiadas objeciones. Por lo tanto, de querer yo escribir en este pie de publicación, solo podría comentar algo acerca del corto; pero, en primer lugar: ¡muchas felicidades por esta publicación!

    Como ya comentas, es bastante palmaria la diferencia entre la representación de ambos mundos: el mundo «real» que habita el protagonista presenta un escenario de «autómatas» —así lo dices, con acierto— en que no parece haber cabida para la creatividad; ciertamente, el autor logra este aspecto en virtud de personajes «alienados» —también lo comentas—, normalmente ubicados en bloques de individuos que caminan igual y miran hacia delante constantemente. Además, el cronotopo está bastante conseguido: escalas de grises y sobrecarga del escenario (señales y demasiadas calles, cuyo propósito es el de enajenarnos). Todo ello contrasta sobremanera con el mundo utópico de esas cosas perdidas («un lugar lleno de luz, de color, de seres diferentes, de creatividad, imaginación y libertad», como bien dices); y creo que el carácter de libertad de este mundo se fragua merced a los colores (rosa, amarillo, etc.), pero sobre todo a raíz de la no sujeción de sus habitantes a movimientos concretos (véase que no se mueven en bloque, como los del mundo anterior, sino que presentan movilidad propia, no única o por bloques de personajes).

    Asimismo, considero un gran acierto por parte del director de este corto el haber representado este universo de creatividad con un ambiente fantástico: la fantasía es la única vía que, siempre ligada a la imaginación (que suele sojuzgar al puro raciocinio), nos habilita para sobrepasar los límites que la sociedad y la existencia real impone a nuestras vidas. La Cosa Perdida del protagonista es, ciertamente, un ente fantástico (lo cual no necesita más comentario); y eso es ventajoso, porque cada uno de nosotros se representa una idea concreta de esta Cosa Perdida. Lo que quiero decir es que, de haber representado el autor un ente real (no fantástico), nos habría limitado demasiado la imaginación; lo cual, tratándose de este tema, creo que sería bastante negativo.

    Por último, de lo mejor del artículo: «realmente, ¿quién consideráis que es la Cosa Perdida?». Pregunta bastante reflexiva. En este predicación, la palabra «perdida» significa «Que se ha salido de su ruta y no sabe llegar a su destino» (DLE); luego, si entendemos esta palabra semánticamente como lo hace la Academia, deberíamos concluir: quien se ha salido de su ruta es el protagonista, que ha abandonado sus verdaderos anhelos y su creatividad y, además, no sabe llegar a su destino, porque en esa sociedad alienada no hay ningún destino real. Por contra, la Cosa Perdida (que ahora creo que no debería llamarse así…), si bien se ha salido de su ruta (porque, más bien, nosotros mismos y la sociedad la han sacado de ella), sabe perfectamente llegar a su destino, en cuanto que en sí misma constituye un anhelo. El problema es que cualquier deseo, sin individuo que lo posea, queda como una mera abstracción…

    Con este rápido y poco perspicaz comentario —para un artículo tan reflexivo y bien expuesto— termino. Felicidades de nuevo.

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